jueves, 14 de marzo de 2019

Acosadoras


(Donna Mills es la chica buena en "Escalofrío en la noche")

Inquietante. Este es el mejor adjetivo que puede usarse para calificar esta película, “Escalofrío en la noche” 1971, dirigida e interpretada por Clint Eastwood. El contraste entre el aparentemente voluble y divertido locutor de radio y la acosadora que convierte su vida en un infierno abre posibilidades dramáticas que están muy bien aprovechadas. Jessica Walter es Evelyn, la mujer que toma una copa en un pub en el que conoce a Dave Garland (Clint Eastwood). Una historia vieja y repetida que, en cada caso, muestra tintes diferentes. Evelyn va evolucionando a lo largo del relato como si fuera una cebolla a la que se le cayeran sus sucesivas capas. De admiradora, a mujer sensual para una noche, a insistente, a acosadora, a asesina. La transformación dura lo que dura el metraje y va cambiando también la tranquila y apacible vida de Dave, que solo tenía las dudas propias de quien no sabe si comprometerse o no con una chica que le gusta y a la que este flirteo convertido en hostigamiento pone incluso en peligro. 

Todo tiene su origen en un malentendido y en la incertidumbre que supone abrir tu casa y tu vida, aunque sea por una noche, con alguien a quien, en realidad, no conoces de nada. Lo mismo hizo en Atracción Fatal (1987) el ejecutivo Dan Gallagher, que aprovechará un fin de semana fuera de la ciudad de su mujer y su hijita para liarse la manta a la cabeza con una misteriosa mujer, Alex, que resulta ser, igual que Evelyn, una psicópata desequilibrada. Dado que la película de Eastwood es de 1971 y la de Adrian Lyne de 1987 está claro quién bebió de qué fuentes y está claro también que si el tema sigue atrayendo a los espectadores es porque resulta real como la vida misma. No sé si hay una moraleja en todo esto. Una advertencia de que las relaciones esporádicas con desconocidas trastornan la vida y no se puede uno imaginar hasta qué punto, pero la advertencia encaja aquí como un guante de seda en una mano encantadora. 


(Glenn Close en "Atracción Fatal")

Las dos mujeres tienen en común un elemento físico que produce inquietud (de nuevo la palabra, viene al pelo): la sonrisa. Esa sonrisa de no romper un plato, esa forma de salirse con la suya, ese arrastrar a su conveniencia al tipo que ha caído en sus redes y que lo ha hecho porque no ha sabido resistirse a la facilidad de un encuentro fortuito y sin complicaciones. La diferencia entre Dave Garland y Dan Gallagher es que el primero ni siquiera se sentía preparado para comprometerse en una relación y andaba con tiras y aflojas con su novia, una chica monísima, rubia, con el pelo a la moda y muy hippie. 

Eastwood tiene aquí un aire de cazador cazado que es lo que más llama la atención de la película. Parece casi una cuestión de justicia el que este tipo rompecorazones, aunque solitario y poco confiado, termine encontrando en cualquiera de esas noches la horma de su zapato. Esto es así salvo porque al final nos damos cuenta de que Dave es un tipo más bien inofensivo y hasta sentimental y porque la línea entre la seducción, el acoso y la violencia es aquí demasiado fina, demasiado poco clara. Como a veces ocurre también en la vida real. Las obsesiones son enfermedades que ponen en peligro a las personas que las sufren y a las que son objeto de ellas. La psicología tendría mucho que decir aquí de alguien como Evelyn, tan parecida a Alex, desde luego, personas que no soportan el fracaso, que no perdonan el rechazo y que se niegan a verlo, convirtiendo lo real en ficticio, y lo ficticio en verdad absoluta. Esa distorsión de los hechos es lo que termina siendo fatalmente peligroso. 

A medio camino entre el thriller, el culebrón, el drama, el clima de la película transmite desasosiego y su estilo recto, sin florituras, llegó al público que la recibió con mucho agrado. 


(Clint Eastwood, actor principal y director de "Escalofrío en la noche")

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