jueves, 25 de octubre de 2018

Austen versus Brontë


       Leí "Cumbres Borrascosas", la única novela de Emily Brontë cuando era una niña. Recuerdo la impresión que me causó. Allá, en la azul claridad de mi azotea, el paraíso de las lecturas, de los recitados en voz alta y, sobre todo, de los sueños hechos con héroes de libros y películas. La novela retrata certeramente una agobiante atmósfera en la que se confunden realidad y fantasía. Los personajes son intensos y transmiten emociones al límite. Tengo en la memoria la visión de los páramos y de las extrañas relaciones entre aquellas personas. Catherine, Heathcliff, Hareton, nombres que no se olvidan con el paso del tiempo. Las adaptaciones cinematográficas no han logrado captar ese aire fatal, esa premonición de que nada tiene remedio y de que todo lo malo es posible.

      En cambio, "Jane Eyre", la novela que escribió Charlotte Brontë nunca me gustó. Los sufrimientos y la vida de una institutriz que lo pasa francamente mal no me conmovieron ni tengo sensaciones asociadas a su lectura. De Charlotte ha quedado la espléndida biografía que hizo de ella Elizabeth Gaskell, algo que no todos los escritores poseen. El caso de Anne Brontë es muy diferente. La he leído recientemente y no esperaba encontrarme con algo así. Ciertas prevenciones me habían impedido acercarme a ella, temiéndome otra sobredosis de espíritus y de romanticismo exagerado. Pero "La inquilina de Wildfell Hall" es un libro espléndido, muy adelantado a su tiempo, en el que la historia tiene un peso específico que te atrapa y que revela una mentalidad muy bien formada y llena de aristas interesantes. 


Desconozco la razón por la que mi confesado austenismo parece tener que ir unido a una pasión por las Brontë que no siento. Eso suele pensar la gente que me habla de libros. Me llama la atención, eso sí, la vida de esas muchachas casi enclaustradas en una familia y un entorno opresivos, con esa tendencia manifiesta a la infelicidad, y esa endogamia tan acusada, pero nada más. No recito sus frases, ni tengo en la cabeza a sus personajes ni me han ayudado en las noches frías. Todo lo contrario que Jane Austen, cuya literatura, siendo anterior, es para mí más avanzada en sus planteamientos, más llena de encanto, de viveza, de ingenio y de naturalidad que la de ellas. Cuya vida, aparentemente sencilla, tiene la tibieza de lo cotidiano, sin necesidad de alharacas ni de fantasmales huidas. Más cercana, más nuestra, más exacta. 

(Pinturas de Sir Lawrence Alma-Tadema, 1836-1912)

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