viernes, 10 de noviembre de 2017

"La librería" de Isabel Coixet y Penelope Fitzgerald. Pasión por los libros


Florence Green y yo tenemos dos cosas en común: la viudedad y la pasión por los libros. Lo primero es solo una circunstancia. En realidad, ser viuda es no ser nada. Somos esposas que han perdido a sus maridos, como dice Pilar del Río, cuando habla de José Saramago. Lo de los libros, mejor, lo de la lectura, es un vicio que se inocula cuando eres muy pequeña y que no te suelta nunca. Sin embargo, entonces no te das cuenta de lo que eso significa. Solo entiendes que los libros están en todos los momentos de tu vida y no se van, ni se esconden, ni mienten. Son leales, firmes, seguros, llenos de emoción y libres. 



Isabel Coixet, también amante de los libros, quedó prendada, como yo misma, con La librería que escribió la gran, grandísima y poco conocida en España, Penelope Fitzgerald (1916-2000). El libro cuenta, igual que la película, la historia de Florence Green, que pierde a su marido en la guerra y se muda a un pequeño pueblo de la costa inglesa con la intención de montar una librería. En Old House, un inmueble viejo, húmedo y abandonado, Florence quiere hacer el milagro del encuentro entre amantes de la literatura. Y casi lo consigue. Su ayudante en ese empeño es la pequeña Christina, la niña mediana de una familia de muchos hijos que, a cambio de doce chelines y medio a la semana, se ocupa de limpiar el polvo de las estanterías, colocar las postales y ordenar los libros. 

El pueblo hace honor a ese aserto que afirma que en los pueblos se concentra la mayor maldad, mucho más que en una gran ciudad. La gente del pueblo está atenta a los chismes, cosa inofensiva, pero entre ellos hay mala gente. El retrato de los malos está peor conseguido en la película que el de los buenos. Quizá porque son estereotipados y la falta de emociones positivas hace que los rechacemos. Pasemos por alto, entonces, a los malos, al diletante Milo, tan traidor, a quien su novia Kattie llega a abandonar, suponemos que porque está harto de un hombre del que "no se sabe si guarda una gran vida interior o absolutamente nada". 


Sin embargo, en medio de esa suciedad que decide impedir que la librería prospere, que los libros existan en el pueblo, que la gente lea y que se venda "Lolita" de Nabokov, el escándalo del momento, hay dos seres puros y nobles. Bill Nighy interpreta a uno de ellos. El hombre elegante, callado, solitario, cuya química con Florence se ve interrumpida dramáticamente. Y Christina, la niña, a la que ya he mencionado y que cerrará el círculo, pues ella es la narradora de la historia. 

Esta película habla del amor a los libros. De cómo ellos te compensan, te salvan y te llevan en volandas a un lugar que nadie más conoce, salvo otros seres como tú, que entienden tu lenguaje y comprenden tus lágrimas. 


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