jueves, 22 de abril de 2010

Cuadernos rojos, azules, grises, verdes, anaranjados...


Estás en cualquier sitio. Has ido de viaje, visitas a unos primos, das vueltas por tu casa pretendiendo hacer algo... Estás en cualquier sitio y llevas puesta cualquier ropa, calzas cualquier zapato, no te arreglas el pelo, no te pintas los labios, no te conoce nadie. Estás muy solo...o sola. Hablamos de cualquier ciudad del mundo, o de tu ciudad en días de descanso, o del sitio de la playa o del campo, o de la casa de tus padres, o de la habitación de un amigo si eres un joven que vas de visita, o de una plazoleta, de un parque, de un internado, en un curso de inglés, quién sabe, en cualquier sitio.

Has hecho el equipaje y no te has olvidado. Lo has guardado y allí aparecerá, en esas horas bajas en las que te preguntas por qué he venido, con lo tranquilito que estaba en casa, qué haré en estas horas bajas, en estas horas vacías de contenido. O lo abres a la vuelta de ese paseo en barco, cuando tu cabeza está llena de nuevos paisajes, incluso de volcanes con lava que arrojan ceniza e impiden viajar. Lo abres después de encontrarte con esa persona, esa tarde tan importante, cuando, enmedio de la feria, has mirado unos ojos y esos ojos te han devuelto la mirada.

El cuaderno. Ese cuaderno escolar a rayas, cuadros o liso. El cuaderno de pastas de colores, duras o blandas. El cuaderno con un bonito diseño o el cuaderno simple y barato del supermercado. El cuaderno que te acompaña siempre porque, a veces, en cualquier sitio, puede surgir la llama, puede saltar la pista, puedes llenarlo de palabras y, ellas sí, te acompañan.

¿Recordáis que os conté que alguien había estudiado los 73 cuadernos que Agatha Christie había dejado escritos? ¿Recordáis ese libro que os cité, que alguien, ese mismo alguien, ha escrito después de estudiar los 73 cuadernos? Pues estoy leyendo el resultado misterioso de esas misteriosas averiguaciones y lo primero que he visto es que ella también, como yo y como otras muchas personas, tenía siempre a mano un cuaderno (esto es un decir, tenía "por ahí", un cuaderno) en el que lo iba anotando todo: las tramas de las novelas, los desenlaces, los personajes que aparecerían pero también la lista de la compra, la lista de los enseres que había que arreglar en la casa, la lista de los viajes, la lista (como mi famosa lista) de "las cosas por hacer".

Así que, vosotros todos los que también tenéis un cuaderno siempre a mano o "por ahí", los que guardáis esos cuadernos escolares y los váis llenando de casi todo, los que los apiláis en un armario o los colocáis en orden en una estantería, vosotros todos estáis haciendo lo mismo que hace la gran señora del crimen, Dame Agatha, Agatha Christie, y, quién lo sabe, algún día vuestros cuadernos pueden dar pistas sobre vosotros y podrán conoceros mejor por ellos y vuestros hijos o nietos entenderán, después de analizar tamaño jeroglífico, de qué iba la cosa con sus padres.

En cuanto al libro de los cuadernos secretos, aún es pronto para decirlo pero hay tela que cortar.

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