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"Vana respuesta" de Rosamond Lehmann

Esta es la primera novela que escribió Rosamond Lehmann (1901-1990), de quien aparecen en este blog las reseñas de dos de sus obras publicadas en castellano: "A la intemperie" de 2017, publicada también por la editorial Errata naturae, e "Invitación al baile" , de 2015. La temática referida a la juventud, a la relación con las madres, al despertar de las emociones, ya aparece en estas dos obras anteriores. Pero en el caso de "Vana respuesta" al ser su primera obra, es aquí donde comienzan a representarse esas inquietudes. Judith Earle es la protagonista de la novela y con ella un grupo de amigos, pertenecientes a la familia Fyfe, que están dentro y fuera de su vida alternativamente. La historia asciende desde el inicio de su encuentro, siendo niños hasta que la vida continúa y los acontecimientos se van produciendo, dando lugar a historias que se entrecruzan y que generan relaciones de amor, odio, engaño y envidia. La infancia, la adolescencia, l...

Carta a un hombre que no debió morir

(Gregory Peck fotografiado por Nina Leen en 1947)  Esa noche no me asustaron los fuegos artificiales, no escondí mi cabeza debajo de la almohada. Tampoco me dio miedo la tormenta de meses después. No perdí los nervios en el barco, ni en el avión, ni en ninguna circunstancia. En todos los momentos complicados se oía la balsa serena de tu voz diciendo: Respira. Así que respiré y al final de esa respiración siempre estabas tú. El hombre bueno, el tipo cabal, el enterrador de la zozobra, la terminación del miedo. La única persona que me conocía tal y como soy, a pesar de que no leíste nunca a Jane Austen, a pesar de que no leíste nunca lo que yo escribía. He conocido a muchos hombres. A algunos de ellos los quise. Otros me quisieron. Nadie me quiso como tú. En todas las circunstancias y eso no era fácil. Sabes, sabías, que soy quisquillosa, irascible, miedosa, susceptible. Sabes, sabías, que necesito llevar la razón en algunas cosas. Que conmigo es difícil discutir. Que me enfa...

"Agosto es un mes diabólico" y "Noche" de Edna O´Brien

Este es un librito de unas trescientas páginas que contiene dos historias escritas por Edna O´Brien con un denominador común: el erotismo. No deja de ser extraordinario que una persona con la educación estricta que recibió en su Irlanda natal sea capaz de expresar de una manera tan certera, tan abundante de detalles, tan potente y vívida, la relación erótica entre los hombres y las mujeres. Podría una preguntarse cómo es esto posible y habría que recurrir a una respuesta ya conocida: la Verdad, por un lado; la Imaginación, por otro, conforman una estructura capaz de reflejarlo todo si se tiene talento para ello. La vida de Edna O´Brien tuvo tanto de represión como de libertad y esa conjunción de elementos juega a su favor. A eso se une la capacidad de recrear emociones, sentimientos, deseos, pasiones y situaciones concretas que debe a su indudable y poderoso talento literario. Por eso en toda su obra las escenas eróticas tienen, a la vez, delicadeza y estremecimiento. Es muy d...

"Manhattan Medley" de Edna O´Brien

(Edna O´Brien fotografiada en 1964 por Sandra Lousada) Para Louella, Maria Pilar y Carmela Una ciudad, un encuentro, una aventura. Dos personas, hombre y mujer. Unos instantes, un abrazo. Un adiós o un comienzo, esto no se puede dilucidar en el breve espacio de un cuento. He aquí el breve resumen de lo que significa "Manhattan Medley" en el libro de relatos "Objeto de amor". Apenas veinte páginas que logran resumir mucho de lo que Edna O’Brien sentía y expresaba con respecto a las relaciones entre los seres humanos y la continua lucha que esto conlleva. Desconocemos casi todo de él, su nombre, su edad, su ocupación. Solo sabemos que alguien celebraba una fiesta en su honor, que está casado y que huyó de la fiesta en compañía de "ella", la narradora, quien quiera que sea. Así comienza esta aventura amorosa, en plena ciudad, un lugar mucho más adecuado, según escribe, que un bosque, el mar o la arena. El hallazgo del hombre la perturba y tamb...

Una mujer sola

Comenzó un nuevo año y se preguntó qué cambiaría para ella. Si seguirían existiendo esas lagunas de silencio por las tardes. Si al levantarse por la mañana se preguntaría por qué. Si el sonido del teléfono sería una excepción a la regla. Si cada hora, cada segundo, constituirían una continuación irrazonable del paso del tiempo. Tembló de pensar que todo se escribiría de la misma forma, las mismas soledades, el mismo lento transcurrir de los sueños, la desaparición de la esperanza. Y se miró en el espejo para tratar de dilucidar algún secreto, alguna oculta pregunta. Nada de eso le devolvió su imagen. Fueron otras mujeres, en un suave murmullo de opiniones, las que, desde los libros o desde el ordenador, desde las redes o desde la vida, le abrieron una ventana que explicaba algunas cosas. Era una mujer sola. Lo que se entiende en esta sociedad por sola. Una mujer que no tenía pareja. Peor, que la había perdido después de que sus días fueran compartidos. Que conocía gente pero q...

La frágil realidad de sus mentiras

(Fotografía: Nina Leen, 1955) Suena la música y se apaga el teléfono. No hay nada que pueda traerte ese sonido, ninguna ilusión, ninguna buena noticia, ningún estremecimiento. La canción se eleva por encima del aire y cubre la habitación como si fuera una cúpula, un lugar extraño, nacido para eso, para entenderse en los peores momentos y en los buenos instantes. Suena la música y no queda otra cosa que esperar, entender y sentir los latidos de las voces, inflamadas del misterio que atrae, desde siempre, a la gente que se ama. Falta el amor y el amor se aloja en cualquier sitio, fuera de tu alcance, fuera de ti misma, fuera de todo, tan lejos. No en un país exótico, no a miles de kilómetros, a solo diez minutos la inmensa realidad de sus mentiras. Así que deja ahora la música sonar, que la música guarda un secreto que nadie más conoce y no olvides que, ante todo, si te has vuelto a engañar no ha sido cosa tuya. Es que, seguramente, hay cosas imposibles que te nublan la vista y l...

"La carne" de Rosa Montero

Soledad es de esas mujeres cuyo destino es amar. Y si no tienen amores parece que les falta algo. Entonces los buscan desesperadamente. Sufren, es cierto, pero parece que ese sufrimiento les sirve más que el vacío o que la ausencia. Cuando Mario la abandona (en realidad nunca lo tuvo, así que no puede hablarse de abandono sino del adiós a una aventura) ella decide buscarse a un chico de compañía para que ese hueco lo llene alguien, a ser posible guapo y a ser posible tierno. Lo primero está asegurado. Aunque cueste dinero.  Adam es el gigoló que la agencia enviará a Soledad y que será su pareja de algún modo el tiempo que dura la novela. Que no sabemos si es mucho o si es poco, porque la cronología se interrumpe por otras voces que aparecen en el libro. Esas voces tienen que ver con el trabajo de Soledad, una comisaria de exposiciones que enfila lo que ella considera el último tramo laboral de su vida. Soledad está preparando un gran evento en la Biblioteca Nacional sobre e...