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Ventanas

Villegas las pintó a medio vestir, desde ese interior dorado de un dormitorio. Las telas se confunden. Los colores empolvados parecen predecir la moda de años después. Las sillas, único mobiliario, son el único testigo de las miradas que recorren el exterior interrogantes. ¿Qué piensan esas mujeres que así se asoman al mundo, a la calle, quizá? Las mujeres de Villegas tienen la mirada estática, pero el movimiento de sus manos con el abanico y el batir de las alas de los trajes anuncian un volcán interior. Algo está pasando allí afuera. Algo que no podemos adivinar, salvo por la inquieta expresión de los ojos. Puede que se haya desvelado un secreto. O que una certeza dudosa se confirme. En todo caso, ellas, las mujeres de Villegas, atisban la realidad desde el corto espacio de una ventana abierta, de un balcón que no es la vida, toda la vida, pero que la muestra a la medida de lo que ellas desean.  La mujer de Carl Holsoe no mira al exterior, sino hacia dentro. La ventan...

El pajarito de los Reyes (Magos)

Los niños de la casa sabían de cierto que, llegando primeros de diciembre, a un mes vista del cinco de enero, se irían cerrando misteriosamente los cajones y las puertas del gran ropero que estaba en la alcoba de los padres. Un día se cerraba un cajón, otro día otro, más tarde una de las puertas del altillo, y así, sucesivamente, todo el armario quedaría clausurado, imposible de traspasar y de acceder al interior. Si, en alguna ocasión, los niños atisbaban que la madre trasteaba por allí, se organizaban vigilancias para intentar descubrir algo del contenido. Se escuchaban los ruidos con suma atención y hasta se elaboraban trucos para lograr el objetivo: conocer qué había dentro de ese gigantesco mueble oscuro que ocupaba una pared entera de la habitación.  A la niña esa habitación le parecía un paraíso. En la cómoda, que tenía tres cajones alargados, unas patas torneadas y un cristal sobre la superficie, se podían hallar toda clase de artilugios, cajitas, un cepillo del pel...

"Departamento de especulaciones" de Jenny Offill

Aparece este año de 2016 el tercer libro escrito por Jenny Offill, "Departamento de especulaciones" con una traducción de Eduardo Jordá que suponemos impecable, dada la categoría del traductor. Libros del Asteroide nos acerca la segunda obra de esta escritora nacida en Massachussets en 1968. Su primera novela es Last Things, de 1999, de manera que se ha tomado su tiempo para lanzar la segunda, que se publicó en inglés en 2014.  Esta segunda obra fue saludada con interés y con fervor por un importante sector de la crítica y así fue finalista del premio Pen Faulkner y del premio Folio y aplaudida como uno de los libros del año por publicaciones como The New York Times, The New Yorker o The Boston Globe. ¿Cuál es el argumento de la novela? El amor, la maternidad y la traición conforman el telón de fondo. El arte, la vía de escape, la posible salvación ante la incertidumbre y la lucha por la vida.  Cuando se conocieron eran jóvenes y estaban llenos de esperanza. ...

"La guitarra azul" de John Banville

Ya está aquí el nuevo Banville, diríamos si los libros se pregonaran en un mercado de abastos. La nueva novela del irlandés de la doble cara, del doble gesto, de la doble literatura. Es Banville y no Black el que saluda el año con un nuevo título, así que no vamos a esperar asesinatos, ni autopsias, ni investigaciones pormenorizadas. Salvo si es el sentimiento el que hay que investigar. Y es mejor así. "Órdenes sagradas" fue una obra fallida. Demasiada impostura. Demasiado encorsetamiento en un personaje que ya está acabando su ciclo, si es que no lo ha acabado ya. Puede que el propio escritor lo sepa y por eso ahora retoma su faceta generalista y se presenta con esta novela en la que, quizá, hay un reflejo de sí mismo mucho mayor del que suponíamos.  Oliver Orme es pintor y está en horas bajas. Las musas lo han abandonado. Hay cierto hastío en su pintura y eso se nota de inmediato. Un artista sabe cuando se agota la fuente de la que bebe. Los críticos también. En el...

Viento del sur

(El viento sur. Darío de Regoyos y Valdés) Sopla con fuerza el viento del sur en la ventana. La lluvia cae intermitente pero desabrida. No es una lluvia mansa, una lluvia fina, una lluvia presurosa y borgiana. No. Más bien tiembla y se convierte en olas, en este lugar sin playa y sin mar, sin océano desde el que avistar el futuro. La plaza entera se estremece con ese oleaje aparente y la tormenta está a punto de convertirse en una realidad que me hará desear estar fuera de su alcance. Todavía suenan petardos, el eco de la fiesta que aún no ha terminado. Pero son esporádicos y lejanos, parece que fue ayer, pero hace tanto tiempo de ese año despedido a fuerza de ilusiones y deseos furtivos... El viento sur azota los trajes de Elinor y Marianne mientras caminan abrazadas por la ladera de esa montaña verde, allá en el Devonshire, la otra punta del mundo, pero tan cerca, tan íntimamente unida a este momento, el libro, la película, el sonido esplendoroso del pianoforte, el sentim...

"El animal moribundo" de Philip Roth

Una novela penetrante y abrasiva. Así la describe uno de los críticos que con ocasión de su publicación en castellano habló de esta obra de 2001, una obra que conserva el mismo personaje que aparecía en dos anteriores: "The Breast" , de 1972 y "Profesor of Desire" de 1977.   Ese personaje principal es David Kepesh que en "El animal moribundo" tiene casi setenta años y relata, a modo retrospectivo, uno de los episodios de su vida ocurrido en torno a los sesenta. Pero, en realidad, lo que cuenta no es un momento exacto sino su propio ideario, los postulados por los que se ha regido desde la revolución del sesenta y ocho a la que abrazó y de la que no se ha desprendido.  Kepesh es un reputado crítico y catedrático de universidad. Es, también, un hombre atormentado por el sexo. Mantiene aventuras epidérmicas con sus ex-alumnas con el fin de olvidarse de lo que le quita el sueño: la muerte. Y, antes de eso, la vejez. Es, pues, un viejo que se ac...

"Emma" de Jane Austen

Siento una rara emoción al escribir este post. No en vano "Emma" me ha acompañado durante un año entero. Un año en el que han ocurrido muchas cosas, la mayoría de ellas buenas. He ido conociendo a Emma al mismo tiempo que me he ido reconociendo a mí misma. Los defectos de Emma son muy parecidos a los míos: su impaciencia, sus enfados, su susceptibilidad, su inseguridad ante la única persona que puede interesarle de verdad, su apego a la vida, su curiosidad incesante, su ironía (que la lleva a toparse con situaciones problemáticas, como a mí me suele pasar también). Claro que Emma es un personaje literario, una chica de veintiún años y yo no soy ni lo uno ni lo otro, pero creedme si os digo que me siento más cercana a ella que a la Bovary o a la Karenina o a Ana Ozores, con tanto drama encima, con tan poquísimo sentido del humor y tantísima tragedia. Ufff. Prefiero mil veces a Emma y sus meteduras de pata. Y su corazón limpio. Y su descubrimiento del amor en ese señor K...