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"Tormenta en Cape May" de Chip Cheek

Chip Cheek es un desconocido y esta es su primera novela. Los protagonistas son Henry y Effie, una pareja muy joven que acaba de casarse y que decide, en su viaje de novios, pasar unos días en la vieja casa familiar de la chica, allá por Cape May, junto al mar, un mar otoñal, de gaviotas varadas, de tormentas y de lugares vacíos.  Los sitios de veraneo son inhóspitos cuando acaba la temporada. Resultan tristes y patéticos. La humedad se cuela por las puertas sin que haya forma de luchar contra ella y el suelo está pegajoso, como si el sol hubiera decidido hacer huelga hasta la próxima temporada. Los sitios de veraneo de playa están hechos para una temperatura tórrida, para vestidos de tirantes, bañadores atrevidos y paseos descalzos. Pero la pareja llega cuando apenas queda nadie y tiene que construirse una luna de miel con lo que hay, algún colmado, algún bar, poca cosa.  Y Clara Strauss. En una de las casas de la calle de al lado, una casa grande, con piscina, j...

Daphne du Maurier: siempre nos quedará Manderley

  La fama de "Rebecca" ha oscurecido un tanto la de la escritora que la creó, Daphne du Maurier , una londinense de 1907 que murió en Fowey, Cornualles, el 19 de abril de 1989. Pocas escritoras han dado tanta gloria al cine con sus historias. Hasta en cuatro ocasiones sus libros fueron el argumento de importantes películas, tres de ellas por el maestro Hitchcock. Los pájaros, La posada Jamaica, Rebecca, son esas tres. Y luego está La prima Rachel , de 1952 y dirigida por  Henry Koster. Aquí los protagonistas son Richard Burton y Olivia de Havilland, curiosamente la hermana mal avenida de la protagonista de  Rebecca , Joan Fontaine. Hay otra versión más reciente de La prima Rachel  dirigida por Roger Michell y con Rachel Weisz en el papel central. Tan inquietante como todas las obras de esta escritora.  Daphne era la mediana de las tres hijas de un matrimonio formado por un actor y una actriz. Toda su familia está llena de antecedentes artísticos, por lo q...

"Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca"

Con un criterio estricto la época victoriana ocupa los años del reinado de Victoria I , que subió al trono con 18 años en 1837 y murió en 1901, después de reinar durante más de 63 años. Sin embargo, algunos historiadores sitúan el comienzo de este importante período histórico unos años antes, al principio de los años 30 del siglo XIX, por la serie de cambios que ya se iban anunciando.  Victoria I llegó al reinado de carambola y nunca el azar fue más fructífero. Tuvieron que morir varios tíos, su padre y su abuelo, el rey Jorge III , para que ella se coronara como monarca del Reino Unido y, en 1877, emperatriz de la India. Su madre era una princesa alemana de la casa Sajonia y su matrimonio con un primo de la misma dinastía dio lugar al comienzo de los Sajonia en el trono británico, ya que ella fue la última Hannover en reinar. Tuvo 9 hijos y 42 nietos, la mayoría de los cuales emparentaron con casas reinantes europeas, haciendo una política de alianzas que perdura aún en m...

Los caballeros las prefieren rubias: Joyce también

Cuando  Anita Loos  (1889-1981) le llevó al reputado director de publicaciones  H. L. Mencken  (te recomiendo la lectura de su  "Vete a la mierda" ), el original de su libro  "Los caballeros las prefieren rubias",  este le dio un buen consejo:  Nena, te estás riendo del sexo y eso es algo que nunca se ha hecho en Estados Unidos. Te aconsejo que lo envíes a Harper´s Bazaar, donde se perderá entre los anuncios y no molestará  a nadie".  La disciplinada  Anita  así lo hizo. Y he aquí que, una vez publicado por entregas en la citada revista, ocurrió un hecho insólito: los hombres empezaron a leerlo. Entre esos hombres estaba, según se cuenta en todas las crónicas, un señor llamado  James Joyce .  ¿Les suena, verdad? De modo que no hubo más remedio que reconocerle el éxito y publicarlo en forma de libro. Tres años después vio la luz la segunda parte  "Pero se casan con las morenas"  y el asunto llegó a...

"Los años ligeros" de Elizabeth Jane Howard

(Elizabeth Jane Howard) Los años ligeros es uno de esos libros que no esperas encontrar. Tras él, está su autora, de la que tampoco sabías nada. Una agradable sorpresa en todo caso. Así, tras leerlo, buceas en la biografía de una escritora que murió hace muy poco y que, sin embargo, no recuerdas haber visto en los anaqueles de las librerías. La búsqueda te hace consultar páginas en inglés, porque no encontrarás citas en castellano de la autora. Así, entras en la peripecia vital de Howard y ella te hace entender algunas cosas.  El 2 de enero de 2014, cuando estaba a punto de cumplir noventa y un años, pues había nacido en 1923 en Londres , muere en Suffolk, en la casa junto al río a la que se trasladó en 1990, Elizabeth Jane Howard . El diario The Independent publica al día siguiente una crónica, firmada por Nicola Beauman, en la que traza un retrato de la escritora. "Podría haber sido excepcional", si hubiera tenido, dice la periodista "mejor suerte co...

Lo que nunca existió

 /Foto: Patrick Demarchelier/ Lo difícil no es inventarte una historia sino escribir una historia basada en hechos reales. Los hechos reales casi nunca son bonitos, la mayoría de las veces tienen una parte de sordidez y nueve de agua, de levísimo interés, de aburrimiento pleno. A nadie le interesa leer cosas rutinarias y pararse en un escaparate cotidiano que no presenta nada de extraordinario ni de sublime. La vida real siempre te desengaña, siempre te hace caer en la decepción. Esperas más de casi todo y de casi todos. Por eso la gente que inventa historias tira la casa por la ventana. No es raro que a los niños les guste tanto la fantasía y que sean capaces de creerse que hay gentecilla tan pequeña como Pulgarcito y que el sastrecillo valiente se cargó él solo a siete gigantes, que quizá fueran moscas, pero, como es fantasía, uno puede convertirlo en lo que le dé la gana. Pensándolo bien, inventar compensa. Y no tienes atadura alguna a fechas ni a datos. Si no coinciden, es lo n...

El hombre que quería ser cantaor

Desde hace mucho tiempo me vengo encontrando con Ignacio Sánchez Mejías . Acercarse al flamenco sin llegar a su figura es difícil, por no decir imposible. Porque es una de esas personalidades que están a la vera del arte, en ese territorio que ocupan los que han sentido el flamenco hasta el fondo, los que son hondos sin que podamos atribuirle ocupación flamenca alguna. El flamenco concita rechazos y unanimidades. El rechazo suele producirse entre aquellos que no lo conocen, que se dejan llevar por ideas preconcebidas o que no han profundizado en su esencia. Es imposible acceder a ella y no amar este arte. Entre las unanimidades un gran número de personas destacadas en campos diversos que llegan al flamenco arribando desde puertos difíciles y se quedan ahí, anclados, ya para siempre, en sus orillas.  No sé por qué llegó a mis manos una edición de los Artículos periodísticos de Ignacio Sánchez Mejías, buceando en alguna librería, seguramente con ocasión de uno de mis paseo...

Elogio de lo cotidiano

  Untitled (St. Simons Island, Georgia) , 1978. William Eggleston. Fotografía.  A veces el mundo es una jungla. Un espacio amenazante que te arrasa. Una vociferante alegoría de fracasos y miedos. Una charca sin ranas, cuajada de mosquitos. La huella de un feroz elefante que quiere convertir la noche en trizas. Es entonces cuando tu casa, tu pequeño e íntimo espacio, el hueco que has logrado hacerte siquiera sea en un árbol, lo tuyo, se convierte en un salvoconducto. Estoy aquí y quiero que me olvidéis, de igual forma que yo me olvido de vosotros. Cierra las puertas a noticias verdaderas y falsas, a la incesante algarabía de los inconformistas, al hueco  cruel de los malvados, al aire socarrón de los intrépidos, a la parloteante sensación de que nada se cubre de esperanza. Espera en el silencio, abre un libro, contempla una imagen de alguien a quien hayas amado, recorre con tinta azul una hoja de cuaderno, vuelve a ver una película de esas que acaban con un largo beso....

Vestidos para Jane

  Jane le escribe a su hermana Cassandra una de esas misivas habituales que las hermanas se intercambiaban. Ambas solían estar mucho tiempo separadas, repartidas por casas de familiares, cada una cubriendo una guardia de parturienta, de madre o de sobrinos. La vida de una solterona está llena de desagradables obligaciones. En la fecha de la carta se está preparando el cambio de residencia de Steventon a Bath. Jane era previsora, en el mes de enero ya pensaba en la ropa de verano.  "Quiero dos vestidos nuevos de colores para el verano". Uno tendría que ser "un sencillo vestido marrón de muselina de batista para las mañanas" y el otro de la impresión de algo muy especial "de un hermoso color amarillo con rayas blancas". En realidad, Jane le encarga a Cassandra solo el marrón, del que le pide dos (el otro es para su madre) "ambos bien largos y de un marrón oscuro". Al final va a tener razón Keira Knightley cuando en el "Orgullo y prejuicio...

Militares en tiempo de paz

 Persuasión , cuyo título original fue The Elliots , fue escrito entre 1816 y 1817. En marzo de este último año ya estaba listo para ser publicado. Un mes antes, en febrero, había recibido del editor Murray el importe de las ganancias de Emma , descontadas las pérdidas de Mansfield Park . Ascendían exactamente a 38 libras y 18 chelines. Eso le hizo decir a la autora: "Las mujeres solteras tienen una espantosa proclividad a ser pobres".  Persuasión es una de sus obras menos conocidas, pero contiene hallazgos admirables. En primer lugar, el propio perfil de la heroína, no una jovencita, sino una mujer hecha y derecha que, además, ha perdido el tren de la felicidad ocho años antes y lucha por volver a encontrarlo. Anne Elliot es, junto a Marianne Dashwood, la única mujer "romántica" que aparece en las novelas de Austen. Ambas aman la poesía, ambas disfrutan con la naturaleza a la que consideran el centro del mundo y las dos tienen sus miras puestas en un amor imposi...

Jane Austen y Warren Hastings

 En "Las mujeres en Austen" (Rialp, 2023, prólogo de David Cerdá) cuento la historia de la tía Philadelphia Austen, la hermana del señor Austen y tía de Jane. Después de una infancia llena de vicisitudes y problemas, gracias a la ayuda de uno de sus tíos que era abogado, Philadelphia, a la que llamaban en familia Phila, se puso a trabajar con quince años en una sombrería del Covent Garden, una zona de mala fama en la época. Uno de los clientes del despacho de abogados de su tío, el señor Tysoe Saul Hancock, se enamoró de ella y, después de casarse, se fueron a vivir a la India, algo que era muy común en la época en las personas que querían hacer fortuna.  El gobernador general de Bengala, el señor Warren Hastings, era muy amigo de la familia Austen. Precisamente cuando George Austen se fue a vivir tras su matrimonio a la rectoría de Deane, primer destino que regentó, junto con su esposa Cassandra Leigh, les acompañaba el pequeño George, un niño de ocho años hijo de Hastings. ...

La biblioteca del señor Darcy

  La  National Art Library  se encuentra en el primer piso del  Victoria & Albert Museum de Londres La rectoría de Steventon, donde nació Jane Austen el 16 de diciembre de 1775, tenía una hermosa biblioteca, nada ostentosa pero que contenía libros de gran valor literario, clásicos, obras en latín y griego, poesía, sermones y filosofía. El padre de Jane permitía el libre acceso de sus hijos e hijas a la estancia y, por consiguiente, la lectura de libros estuvo en la base de la formación de la escritora. Ella se consideraba una lectora voraz y siempre se quejaba de que no leía tanto como quería, por sus obligaciones como hija y porque padecía una afección ocular recurrente que la dejaba semanas sin poder hacerlo. No se ha profundizado en esta afección pero debía ser una especie de conjuntivitis que aparecía y desaparecía.  La lectura de libros aparece en las obras de Austen con frecuencia. Darcy considera imprescindible entre los adornos de una mujer el que se...

El señor Collins nunca lee novelas

  /Fotogramas que muestran al señor Collins de la serie de la BBC de 1995, arriba, el actor David Bamber, y al de la película de 2005, Tom Hollander, abajo/ Hay un momento en la visita que hace el señor Collins a Longbourn por primera vez, en que el señor Bennet ya no sabe qué hacer con él. Literalmente está harto de aguantar sus exageraciones y su cháchara así que lo conduce a la sala de las señoras para que las distraiga con la lectura. Así se lo dice, lea algo a las damas para entretenerlas. De la biblioteca del señor Bennet se ha contado que era la pieza más preciada de la casa para el anfitrión pero en aquella noche alguna de las chicas le acercó un libro de la biblioteca circulante a la que estaban suscritas y entonces recibió el rechazo de Collins: yo nunca leo novelas. En su lugar tomó uno de los sermones de Fordyce y deleitó, es un decir, a las muchachas con ellos. Los libros de sermones estaban en boga y se consideraba de buen tono leerlos, por mucho que la gente se aburr...

Los nombres de Jane

 La importancia que tiene en Jane Austen la elección de los nombres propios de sus personajes ha sido ya someramente señalada en algunos comentarios sobre su obra. Como en tantas otras cosas, Austen se separó de la costumbre que existía en la literatura de su época y que consistía en dar a los protagonistas nombres absolutamente llamativos y poco usuales, para usar otros sencillos, comunes y populares. Catherine, Anne, Elizabeth, por ejemplo, que eran los nombres que más se repetían en las niñas de la época Regencia, aparecen en tres de las protagonistas de sus obras y también están otros como Mary, Jane o, en los hombres, Charles, Thomas o John. El uso de los nombres propios no es baladí en su caso. Se trata de ser natural, de acercarse a la vida cotidiana de la gente de la clase media rural que retrata en sus obras. Y, sobre todo, de alejarse de esos nombres cursis y romanticones que estaban de moda antes de ella y que aparecen en la literatura que la precede. Todo un símbolo de ...