Hay un aire burgués y señorial que se respira a través del manto de jacarandás que rodean la plaza. El Cádiz americano, su mayor perfil, se observa detrás de las ramas y de las fuentes. Agua clara y sombrillas. Edificios azules, malvas, ocres y blancos, todo el caserío dispuesto para acompañar esa amable conjunción de momentos que se guardan en ese rincón de la memoria indisoluble, incompatible con el paso del tiempo. Eran años de libros, eran voces jóvenes, eran vestidos cosidos en la máquina de coser de la casa, eran ojos azules, eran muchachos que perseguían la vida. ¿Recuerdas las eternas noches al calor de los besos? ¿Tienes noticia aún de aquellas rosas? ¿Has escrito sonidos como si fueran ecos? ¿Qué clase de mirada era la suya? Hay un aire de ciudad cuajada de pleamares, como si tantos años no tuvieran recuerdo.
/Título: Graham Greene (Una especie de vida, 1971). Fotografía, cortesía de Purificación García Díaz/
Comentarios