La posguerra europea, los años que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial, fueron de desarraigo, dolor y lucha. La lucha no era entre los contendientes que años antes habían desangrado su suelo, sino entre las personas y ellas mismas, porque la vuelta de los que se habían marchado y deambulado por el mundo, el reencuentro entre familias, el retorno a una vida cotidiana mermada por el desastre, fue una prueba de fuego para todos. Los años cincuenta en Europa darían para muchas novelas, pero los que podían haberlas escrito habían muerto o callado. Las naciones más castigadas por el nazismo, por ejemplo, la vergüenza inherente a los países que habían contemporizado con Hitler y sus prácticas, el cansancio que producen años de sufrimiento, pérdida de vidas y la difícil, dura y llena de carencias de la existencia en ese tiempo, constituyen un telón de fondo que pocas veces se expresan con la suficiente rotundidad.
La autora de este libro, que permaneció perdido junto con sus otras cuatro novelas durante muchos años, era una persona eminente, una inteligente mujer que dominaba varios idiomas, tenía títulos universitarios, conocía bien la vida académica y a ella se dedicó, guardando sus vivencias más íntimas en el cajón de los manuscritos abandonados. Por eso el nombre de Elisabeth de Waal es nuevo para nosotros y seguiría siéndolo si su nieto no hubiera empeñado esfuerzos en que esta novela se publicara.
El escenario de la historia es su Viena natal, donde había nacido en 1899 en el seno de una familia de aristócratas. Por eso tuvo una formación excelente, que la llevó a participar en empeños académicos de altura y a relacionarse con pensadores, filósofos, economistas y termino convirtiéndola en doctora. La Viena que retrata De Waal es la ciudad destruida de después de la guerra, por donde deambulan, como fantasmas, la gente que vuelve a pisarla después de haber estado desperdigada por todo el mundo, huyendo del horror y de la muerte cierta. Aristócratas arruinados, vividores y oportunistas, bellas mujeres sin esperanza ni recursos, antiguos artistas ya olvidados, todos ellos se encuentran en este paisaje desolado para intentar reconstruir sus vidas.
¿Qué hay de autobiografía en ese regreso? Sabemos por su nieto que ella volvió a Viena después de la guerra, para ayudar a su familia y para intentar recomponer lo que les habían quitado. Todo ese esfuerzo se refleja en el libro. Como también hay notas en su biografía que nos hablan de su amor por la literatura, por la poesía en concreto, los libros que leía, la correspondencia que tuvo con poetas y hombres de ciencia. Una vida apasionante.
El regreso de los exiliados
Elisabeth de Waal
Prólogo de Edmundo de Waal
Traducción de Celia Filipetto
Editorial Libros del Asteroide
Primera edición 2026
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