¿Por qué "Emma" es una obra coral?
A Jane Austen le gustaba escribir sobre pequeñas comunidades, enclaves rurales en los que viven unas pocas familias, pueblos imaginarios con mansiones solariegas, una rectoría, vecinos y una bonita extensión de naturaleza. Pero no es a describir el paisaje a lo que se dedica en sus obras sino a mostrarnos cómo es esa gente, de qué y cómo vive, qué piensa, qué sueña, qué virtudes y defectos son los que tienen, cómo se relacionan. Sus novelas son tanto tratados de la buena vecindad como muestrarios de lo que las familias son o pueden llegar a ser. Quizá por eso las vemos actuales, porque la naturaleza humana, no solo es la misma en todas partes, como diría Miss Marple, sino en todos los tiempos. Hay un trasfondo esencial que no cambia y que permanece inmutable a través de los siglos. Y ella parece que tocó esas fibras de una manera única. Por eso la seguimos leyendo con interés, no solo con respeto.
"Emma", publicada en diciembre de 1815, en ese tiempo en el que la autora era verdaderamente feliz porque sus novelas estaban teniendo aceptación y porque vivía en una casa que le gustaba y en la que pensaba quedarse para siempre, es una novela coral. Teniendo una protagonista muy original y destacada, la presencia de la comunidad se siente en cada instante y las decisiones de todos los personajes vienen a influir grandemente en el desarrollo de la trama. Austen concibió a Highbury como un pueblo en el que la vida no se detenía. Y en ese pueblo había de todo, mucho más de lo que había aparecido en otras de sus novelas. Para entender el sentido de esa coralidad hay que pararse en los personajes y en las instituciones del pueblo.
Tenemos un colegio, un internado sencillo, donde se sirve comida sana, se hace ejercicio y las alumnas se relacionan entre ellas con normalidad. Una de esas alumnas, Harriet Smith, no tiene padres conocidos y la autora narra el hecho con toda naturalidad, por lo que Emma Woodhouse no tiene otra opción que aceptarlo también. No hay discriminación al respecto y a Harriet se la aprecia por su belleza, su sencillez y su ingenuidad. Por sus cualidades. La directora del colegio, la señora Goddard, es una buena conversadora, una mujer sensata y le gusta la vida social, por eso acude a casa de los Woodhouse con frecuencia, para jugar a los naipes y tomar una buena comida. Si contemplamos el internado y lo comparamos con los horrores brontianos en cuanto a la educación, la diferencia es obvia. Jane Austen estuvo poco tiempo en el colegio y no parece que sacara mucho en claro de ellos, pero tampoco amargura ni calamidades, a juzgar por sus ideas sobre ello.
Hay también una rectoría con una buena casa, un clérigo joven y en edad de casarse, lo que asegura romance de algún modo. El joven es independiente, no se menciona su familia y tiene cualidades para convertirse en una fuerza viva del pueblo, como así es. Por eso quizá calcula mal las posibilidades de casarse bien y es rechazado por la misma Emma. Sin embargo, yo creo que ese rechazo de ningún modo tiene que ver con que ella considere a un clérigo poca cosa (recordemos que Elinor Dashwood acaba casándose con Edward Ferrars, dedicado a la iglesia alegremente) sino por el carácter fatuo, casi ridículo, engreído y trepa del señor Elton, el clérigo de Highbury. Es el carácter lo que incide en la negativa a su propuesta y no su situación social ni su condición de origen.
En Highbury hay antiguos militares que han terminado ya su vida activa (la guerra acabó en 1815 precisamente) y están viviendo allí en dignas mansiones, como sucede con el señor Weston, cuya historia personal daría para una novela en sí misma, con una familia política que lo rechaza, con una esposa muerta muy joven, con un hijo que crían otros, que cambia su apellido (Frank Churchill) y que vuelve al cabo de los años asumiendo un engaño y, por fin, con una boda, que abre la novela, con la joven, atractiva, inteligente y mañosa institutriz de las niñas Woodhouse, la querida señorita Taylor, después de su boda señora Weston. También Edward Austen, el hermano de Jane, cambió su apellido por el de Knight, debido a que fue adoptado por unos primos ricos. Lejos de ser un problema para la familia, esto proporcionó a todos bienestar y posibilidades económicas. Sin embargo, nunca sabremos qué distancia se marcó para siempre entre la rama Austen y la rama Knight.
A través de Frank Churchill y de su romance con Jane Fairfax (esto es un sonoro spoiler), llegaremos a otra familia importante en el argumento: las Bates. La señora Bates y la señorita Bates tienen una sobrina, Jane Fairfax, que se quedó huérfana y que se ha criado con un compañero de armas de su padre, algo que era corriente en la época. Así vivió con todas las comodidades que las Bates no podían proporcionarle, en una buena casa y como si fuera otra hija del matrimonio. Pero, no nos engañemos, ese "como si" solo dura un tiempo. Llegado el momento, que es el que se retrata en la acción de la novela, Jane debe buscarse la vida porque no dispone de dinero ni de otras posibilidades. Estaba destinada, por tanto, a ser institutriz, algo que no le gustaba nada, como a cualquier chica sensata. Jane Austen hará todo lo posible porque no tenga que serlo, ya veréis. La señorita Bates es un personaje importante, el punto de humor que adoba la novela en las escenas en que interviene, la inocencia histriónica, la forma en que las situaciones se deslizan por la pendiente de la comedia. Pero es también una buena persona, generosa aunque no posee nada, y agradecida, con lo difícil que es agradecer lo que los demás te ofrecen. Conozco a gente generosa pero a muy poca gente agradecida de verdad, sin servilismos, con sencillez y verdad.
Austen coloca aquí también a una familia de granjeros, con su papel en el desarrollo de la historia, pues uno de ellos se casará con Harriet (otro pedazo de spoiler), los Martin. Es la primera vez que alguien no perteneciente a su clase social, la gentry, tiene sitio en sus novelas. Además, el señor Martin es un hombre honesto, trabajador, inteligente y que resulta un matrimonio conveniente para Harriet, lo que indica una ausencia de clasismo por parte de la autora. En este sentido hay una lucha de opiniones entre Emma y el señor Knightley quien, a pesar de todo, aprecia al joven por sus cualidades.
Los Woodhouse y los Knightley están unidos por lazos de matrimonio. La hermana mayor, Isabella, está casada desde el principio de la novela con el hermano menor, John, y tienen varios hijos. Viven en Londres con el desagrado del señor Woodhouse cuya hipocondría lo lleva a rechazar la contaminación de la ciudad. Isabella es paciente y de mente sencilla, tanto que no se da muchas veces cuenta de las bromas y la ironía de su marido. Quiere muchísimo a su padre y lo mismo sucede con Emma en este sentido. George Knightley, el señor Knightley, es el contrapunto masculino de Emma, el hombre del que ella se enamora porque no podía ser de otra forma. Y es la historia central del libro, la que mueve y agita las demás. Lo dicho, "Emma" es una novela coral.


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