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Mujeres escépticas

 


Algunas cosas en una ventana indiscreta...

Leer "El cine según Hitchcock" no cambió mi opinión sobre el director inglés sino sobre Truffaut, el autor del libro. Me hizo apreciar más a los tipos de la "nouvelle vague" porque no actuaron como fatuos críticos ensoberbecidos sino como cinéfilos. La crítica americana desprecia el suspense y eso se ve con toda claridad en la escasez de premios con que Hitchcock fue bendecido a lo largo de su carrera. "Nunca me dieron un Oscar", le dice a Truffaut. El año 1955 se entregaron los premios de la Academia y también los Bafta, a todos los cuales estaba nominada esta película y su director. La ristra de premios se los llevó "La ley del silencio", de Elia Kazan, estrenada ese mismo año de 1954. Ni siquiera Edith Head, la encargada del vestuario de Grace Kelly, se llevó el Oscar por esta película. 

Los nominados de ese año a cualquiera de las modalidades podían ser ganadores y llenar sus estanterías de estatuillas, tal era el nivel que se alcanzó. Estaban "Ha nacido una estrella", "Sabrina", "La angustia de vivir", "Siete novias para siete hermanos", "El motín del Caine", "La condesa descalza", "Sinuhé, el egipcio", además de "La ley del silencio" y "La ventana indiscreta". La nominación del Oscar al mejor guión a John Michael Hayes, que tomó el relato de Cornell Woolrich e hizo una maravillosa historia con recovecos comparables al laberinto de ventanas y puertas del decorado, acabó también de vacío. Además, también fue nominada, sin éxito, al mejor sonido y a la mejor fotografía a color. Este apabullante número de buenas películas es una constante en la década de los 50, probablemente el período más fértil de toda la historia del cine americano, es decir, del cine. En este contexto, Hitchcock hacía sus películas, el público iba a verlas en masa, y la crítica lo ignoraba o lo consideraba de segunda fila.  

Un drama portuario de redención sindicalista contra una extraña película de amor y suspense. El amor en "La ley del silencio" es compasión y es redención. Aquí es aventura y reto. Con el paso del tiempo, yo, que soy una fiel seguidora del cine de Kazan en general y de Marlon Brando en particular, hallo mucha más diversión en esta ventana y la considero una película más llena de virtudes cinematográficas. Hay más cine y menos moraleja. 

En realidad, la historia de "La ventana indiscreta" es bastante perversa. Y, a poco que te fijes, puedes darte cuenta de ello. Hay un asesinato, sí, pero este solo es una excusa para que Lisa Freemont logre enamorar, al menos de momento, a L. B. Jefferies, el fotógrafo de la pierna escayolada reticente a casarse con alguien tan perfecto, y para que Stella, la enfermera del seguro que da sermones y masajes a Jeff, se convenza de que, enfrente, ha ocurrido "algo". Es una historia de miradas y de amor. Y termina con varias dosis empalagosas de ese amor: los recién casados "que no paran". La bailarina que recibe, por fin, a su novio militar, bajito y nada atractivo. La señorita "corazón solitario" que se empareja con el pianista mujeriego. El matrimonio del perrito que logra tener otro perro para sustituir al que estrangularon. Y Lisa que parece que ha ganado la partida a Jeff, aunque yo creo que por poco tiempo tiempo. Harper's Bazaar pesa mucho a la hora de elegir lecturas para una siesta. 

La perversidad se manifiesta en que, llegado un momento, nos molesta tanta intromisión en la vida del presunto asesino. Llegamos a pensar: "está el hombre tan tranquilo, descuartizando a su esposa en total intimidad, y llega un tipo aburrido y con prismáticos que viene a joderle el invento". Casi da pena que el malo se presente en casa del cotilla y le pregunte "¿Qué quiere de mí?" O, lo que es lo mismo, "haz el favor de dejarme en paz, puto voyeur".

La gloria de la historia parte de la disposición del espacio, del decorado. Fue un trabajo ímprobo conseguir colocar todo aquello en el plató número 18 de la Paramount, y los carpinteros y pintores hicieron un esfuerzo espléndido que da lugar a ese patio abigarrado, rodeado de ventanas, en el que incluso el espectador se siente incómodo continuamente. 

Reseña en fotos 

Grace Kelly hizo tres películas con Hitchcock, La ventana indiscreta, Crimen perfecto y Atrapa a una ladrón. En las tres dejó patente su belleza y su elegancia, probablemente no superada todavía en la historia del cine. La forma de lucir los vestidos, su encanto. 
He aquí a los tres protagonistas del film. James Stewart era, junto a Cary Grant, el actor favorito de Hitchcock y este reconocía su versatilidad y su vulnerabilidad, por lo que le confió papeles en los que siempre parece un inocente metido en un berenjenal. En este caso, entre dos mujeres que quieren convencerlo de lo mismo. 
El famoso cameo que siempre hace en sus películas Hitchcock lo sitúa esta vez en el apartamento del músico, incorregible mujeriego que siempre está de fiesta y no logra encontrar el amor. 

Lo mejor y lo peor

Lo mejor son los experimentos visuales que hace Hitchcock y que convierten la película en una continua sorpresa. Y los vestidos de Grace Kelly. Para François Truffaut "La ventana indiscreta" y "Encadenados" son las mejores películas del director inglés. 

Lo peor es, como decía el propio director, la música, que no llega a cuajar en una verdadera melodía que la represente. Estuvo indagando y mandó componer incluso una banda sonora original completamente, pero esto se le escapó, quizá porque su músico de siempre no estaba con él. La música da saltos, da tirones y no termina de enganchar. 

La ficha técnica 

Rear Window, título original. En España La ventana indiscreta. Rodada en 1954. Se estrenó en EEUU en agosto de ese año y en España el 3 de octubre de 1955. Dura 110 minutos y fue rodada en Technicolor, con la fotografía de Robert Burks, el fotógrafo habitual del director. La música es de Franz Wazman. Se basa en una historia corta del novelista Cornell Woolrich, titulada "It Had To Be Murder", con un guión a cargo de John Michael Hayes. Parece que la novela corta se basaba, a su vez, en dos asesinatos reales que ocurrieron en los años 1910 y 1924. Se rodó en el plató 18 de la Paramount Pictures, donde se construyó la manzana de casas y el patio en un espacio de 33 metros de ancho, 63 de largo y 10 de altura. Desde el punto de vista constructivo era un reto, pues se reprodujeron un número considerable de apartamentos, 8 de los cuales estaban completamente equipados, incluso con agua y luz. Todo ese dispendio constructivo costó unos cien mil dólares, del total de ochocientos mil que supuso el coste total del film. 

El reparto incluye a James Stewart en el papel principal, el fotoperiodista accidentado, J. B. Jefferies. Su novia, Lisa Freemont, es Grace Kelly, una de las rubias favoritas del director. En el papel de la eficaz y suspicaz enfermera está una secundaria de lujo, Thelma Ritter, que pone el punto de humor a la película y a la trama, lo mismo que hace el detective amigo de Jeff, que interpreta Wendell Corey, elegante y muy guapo. El malo es Raymond Burr, que alcanzaría una enorme fama años después haciendo de abogado en silla de ruedas en la serie de TV, Ironside. Él es Lars Thorwald, el vecino de enfrente que asesina, casi a la vista de todos, a su gruñona esposa para largarse con una amiguita. 

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