Henriette Browne
Albert Edelfelt
Durante los años de la pandemia me dediqué a repasar, reescribir y revisar libros que tenía ya prácticamente acabados y que no había tenido ni tiempo ni ocasión de publicar. Recurrí después al conocido sistema de enviar los textos a editoriales y tengo un repertorio gigantesco de respuestas y actitudes que bien podrían engrosar un libro que sería hasta sabroso. Los hay que te piden que compres no sé cuántos libros de entrada; otros, que lo disfrazan pero llega a ser lo mismo; los más nunca te contestan; algunos tienen un mensaje que envían a todos, una cosa estándar. Pero hay dos casos llamativos por su propia naturaleza. Una editorial me aceptó y ponderó un manuscrito que le había gustado mucho al editor. Me tuvo entretenida unos cuantos meses, cambió el editor, llegó otro que se extrañó de que no se hubiera publicado ya el libro, porque les encantaba, blablabla, no se llegó a firmar el contrato, aunque el segundo editor volvió a extrañarse, silencio, silencio, hasta aquí. No era ninguna editorial random sino una con cierto prestigio minoritario. Otra editorial me atendió de maravilla, con un editor educado y que fue sincero desde el principio, ya que le interesaba el libro pero tenía que encajarlo en su programación. Al final no ha podido ser, la editorial cierra ya. Pero el tipo era cortés, hablaba las cosas como eran y no hubo engaño alguno. Dos ejemplos, dos realidades. Hay más.
Comentarios