Después de la cena, todos los vecinos han salido a la calle, o casi todos. En casa de Manolita están abiertas las puertas, se han retirado los muebles del pequeño salón y alguien toca la pandereta sin descanso. Cante, cante y cante. Cante flamenco, villancicos, alegrías de Cádiz, trabalenguas... Todo el que pasa por la calle echa un vistazo, qué ambiente, vaya animación... Mi padre se disfraza con una bata vieja, se pone en la cabeza un pañuelo y se mete en la fiesta después de tomarse una copita de Fino Quinta. Mi madre se ríe, se ríe, con su bendita risa de siempre. Los niños corremos de un lado a otro, los adolescentes ya tienen vergüenza porque ese chico o chica que les gusta también da una vuelta por allí. Toda la calle hierve, la casa de Manolita, tan pequeña, es el centro de la calle, el centro de la fiesta. Es Nochebuena, ha nacido el Niño y en el cielo se alquilan balcones. Ese cielo en el que están ahora Manolita y mi padre. Y esa risa de mi madre que vuela en el olvido.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...
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