(Foto: Damián escribe sueños con sus animales) El niño, este niño, otro niño, todos los niños, extiende por el suelo sus pequeños tesoros. Estampas de seres extraños, de la legión oscura, de batallas inconfesables; animales mitológicos, inocentes, antiguos, reales; trocitos de papel de colores que semejan montañas, ríos, valles y salvajes desembocaduras; tribus domésticas y otras más estrafalarias. Y dinosaurios. Los dinosaurios tienen nombres que el niño aprenderá a pronunciar como si fuera en otro idioma y que nunca se irán de su memoria y que lo mantendrán embelesado, dueño de una visión que nadie más conoce, que nadie entiende. El niño, este niño, otro niño, todos los niños, ha escrito en su cabeza una tremenda historia. Un relato en el que aparecen los buenos y los malos, en el que brilla alguna incertidumbre, en el que las palabras se conjugan para formar un tapiz de emociones inabarcables. Es el autor de algo que lo conducirá, desde el suelo de la habitación ...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León