domingo, 22 de abril de 2018

"La señora Reinhardt" de Edna O´Brien


!Qué esplendorosa mujer esta señora Reinhardt del cuento de Edna O´Brien
!Qué carácter, qué visión, qué reacciones, qué retrato de una mujer en un dilema!

   Las fotografías de Nina Leen bien podrían representar a esta mujer que, enterada de que su marido, Harold Reinhardt, se ha enamorado de una joven, Rita, y pretende acabar con su matrimonio, se marcha a Bretaña para encontrar un poco de paz. El relato de su estancia en Bretaña es vertiginoso y, al tiempo, capaz de detenerse en pequeños detalles, como la insaciable lucha de las langostas de un acuario por imponerse. Como en todos los libros de Edna O´Brien hay dos elementos que luchan por convertirse en el centro de la narración: la naturaleza y todas sus manifestaciones más sensuales y el género humano, la mujer, en este caso, pero también los tres hombres que, del algún modo, la acompañan. 

El señor Reinhardt, marchante de arte, ha visto en la joven pintora una forma de huir de la rutina y del paso de los días. Quizá no quiere verse en el espejo de la madurez, en la antesala de la vejez. Por su parte, el joven americano que se aprovecha de la vulnerabilidad de ella no es sino un arquetipo de algunos hombres que viven únicamente de las mujeres débiles. Y, por último, Monsieur, el dueño del hotel, es el tipo caballeroso y tierno que, en la distancia, admira a esa mujer, a la que apenas conoce. 

   Un pequeño hotelito enclavado en la Bretaña francesa será el escenario en el que la señora Reinhardt pretenda ir olvidando el dolor que el anuncio de su marido le ha producido. Tiene así una curiosa forma de exorcizarlo. Va descubriendo que, cada día, es menor el tiempo que le dedica en sus pensamientos y que hay algunos minutos, pocos todavía, en que no lo recuerda, en que su mirada no está localizada en ese recuerdo doloroso. Se siente quizá fea, desde luego abandonada aunque, como todas las mujeres de O´Brien, trata de ser justa con el hombre y por eso reconoce sus errores aunque sea para sí misma. En realidad, es implacable con su actuación, siente que hay una enorme parte de responsabilidad en lo que ha ocurrido. Ese dejarse llevar por el día a día, ese olvidar los pequeños detalles que forman el alimento del amor, ese hijo que ya está lejos y no constituye ninguna argamasa, esa nostalgia de una hija que no ha nacido nunca...

   En medio de esta situación saltará el desaprensivo que, primero la conquista y luego la trata mal, como si ella fuera un trofeo al que no se da importancia. En esa actitud despótica hay mucho de la manipulación de los hombres malos, de los canallas. El desprecio hacia los libros que lee (D. H. Lawrence, esa bazofia que, según él, dejó de leer a los doce años), el coqueteo con la camarera delante de ella, la mala educación. La señora Reinhardt que ha sido capaz de abandonar su casa ante el desamor de su marido no se siente con fuerzas, sin embargo, para levantarse de la silla y dejar de lado a este impresentable que no significa nada y que abiertamente la maltrata. 

   Pero hay algo que hará saltar sus convicciones, que la hará recordar lo que es y lo que ha sido (una niña única criada llena de mimos, con una religión que la conforta y unos padres amantes), y ese algo es la desaparición del collar de familia que ella se ha traído consigo como forma de que su marido siga estando presente. Si no me sigue a mí, al menos que piense que tengo este collar en mis manos. Es la pérdida del collar y de lo que significa el elemento que, en el relato, representa la pérdida, la huida de lo conocido y la puerta abierta a la incertidumbre. Nunca ha tenido que defenderse sola, dice en un momento dado. 

   El final es sensato. Los finales de Edna O´Brien no pretenden lanzar fuegos artificiales ni tampoco sembrar falsas esperanzas. No generan sino la convicción de que eso es lo que hay, incluso la idea de que la vida no es tan mala como nos parece en ocasiones. Y que, como el souflée, todo lo que se eleva artificialmente acaba asentándose en la realidad. No estamos para tirar cohetes, parece decir, pero la felicidad está más en la aceptación de lo que somos que en la búsqueda de una mentira disfrazada de ensueño.



La señora Reinhardt es uno de los cuentos que forman parte del volumen "Objeto de amor" escrito por Edna O´Brien y publicado en castellano por la editorial Lumen en 2018, con traducción del inglés de Regina López Muñoz. 

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