domingo, 22 de mayo de 2016

"Diarios" de Iñaki Uriarte

Una de esas extrañas perlas que se encuentran a veces en las redes sociales, en forma de amigo, me puso en el camino de Iñaki Uriarte y sus Diarios. La forma en la que una descubre los libros es harto compleja. Tienen tantas maneras de aparecerse que podría escribirse un opúsculo sobre eso, un texto breve y entrañable en la que se contara de qué manera llega a tu vida un libro o un autor. Es casi tan emocionante que relatar el encuentro con esa persona especial a la que quieres sin remedio. A la causa entera de tu perdición. 

Pero, sigamos. Mi amigo me contó sus impresiones y yo compré los libros, los leí y los coloqué en esa zona cercana en la que están los textos a los que de vez en cuando acudes. Son libros nunca terminados, referencias, motivos. 

Ahora, repasando Internet, he visto que ha salido el tercer volumen y yo me he quedado atrás a la hora de comprarlo, seguramente porque mi amigo, el recomendador, se ha enamorado y no frecuenta nuestra salita de estar del Twitter sino que dedica todo su tiempo a gozar del amor. A veces pienso en las conversaciones que tuvimos en el pasado y una pequeña punzada de nostalgia me asalta. Pero, al fin, él es feliz y eso es lo que importa. 

La solapa de la portada del primero de los Diarios, el que abarca desde 1999 hasta 2003, publicado como todos por la editorial Pepitas de Calabaza (que afirma de si misma ser una editorial "con menos proyección que un cinexin") lleva una simple referencia sobre el autor: "Iñaki Uriarte nació en Nueva York (1946), es de San Sebastián y vive en Bilbao". Y se acabó ahí la cosa. Y en la solapa de la contraportada van unas cuántas opiniones de ilustres críticos y escritores acerca de la obra en cuestión: Enrique Vila-Matas dice que es "un diario formidable". Antonio Muñoz-Molina afirma que nos hallamos ante "un ejemplo de naturalidad y agudeza". Andrés Trapiello también ha opinado: "Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien leyendo un diario". Y así otros. 

Con el pretexto de hablar de sí mismo, habla de casi todo. Esto es así en todos los casos, naturalmente. Pero Uriarte engancha los temas con la naturalidad del que no tiene que convencer a nadie. No se trata de dar buena impresión, esa plaga que nos azota a casi todos. Ese querer ser mejor de lo que eres para que te quieran más de lo que te quieren. No. Parece haber decidido que es un irremediable, alguien que no tiene mayor importancia que cualquiera de nosotros. 

Habla, por ejemplo, de la felicidad. "La felicidad parece un objeto débil, insípido, pero cuando llega le da sabor a todo. Algún día no lejano se inventarán una especie de termómetros de felicidad. La gente se los pondrá casi todos los días y sabrá cómo anda de ella. Si va mal, se tomará alguna pastilla o decidirá hacer algo que sepa por experiencia que le pone contento"

Habla, también, de la lectura. "Leer hoy ya no tiene ningún prestigio. Los jóvenes no suponen que en los libros exista algo que pueda servirles o ser bueno para ellos. Nunca ha leído nadie mucho. Pero ahora la lectura ya no está ni siquiera valorada. Antes teníamos un cierto sentido de culpa si no leíamos. Ahora no"

Habla, creedme, de la playa: "Hay pocos espacios públicos donde se perciba tanto bienestar como en una playa. En la playa hay mucha felicidad, y sin una gota de alcohol. Y en ningún sitio se admitiría tanta gente durmiendo, medio desnuda, dándose cremas en posturas que en otra parte se considerarían obscenas. La playa es un gran espacio erótico. Es una de las razones de que acuda tanta gente. Las playas desiertas tienen su encanto, pero las repletas, también. En realidad, creo que las playas desiertas están desiertas porque no hay chicas"

Habla de sí mismo: "Creo que soy una persona en general más buena que mala. Pero sin ningún esfuerzo ni mérito. Siempre he pensado que es mi natural. Sin embargo ¿no dicen que lo natural es ser malo? ¿No hablan de que el hombre es por naturaleza un lobo para el hombre, de que la vida natural no es más que una lucha despiadada por la supervivencia y la reproducción? ¿No aseguran que somos un conjunto de instintos agresivos y egoístas apenas cubiertos por un barniz de civilización? 

Y así todo. Da que pensar. 

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