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Casarse por amor


(Elizabeth Bennet y María Lucas contemplan la llegada a la casa de los señores Collins del faetón en el que viajan la señorita De Bourgh y su institutriz)

Jane es la más “hermosa y dulce” de las hermanas Bennet. Por eso mismo a ella le corresponde la obligación de asegurar el sustento de la familia a través de un casamiento ventajoso. La propiedad familiar está vinculada a la rama masculina y, dado que los señores Bennet “solo” han tenido hijas, pasará a manos de un primo lejano, a la sazón clérigo, el señor Collins. 

Pero Jane quiere “casarse por amor”. Así lo confiesa a su hermana más querida, Elizabeth, en esas horas de intimidad a la luz de las velas que ellas comparten antes de acostarse. Mientras cepillan sus largos cabellos desgranan esas confidencias que a nadie más contarán. De igual forma que el pelo vuela despojado de la prisión del recogido que habitualmente usan en público, así ellas dan rienda suelta a sus sueños, en los que, aun siendo muchachas pobres, esperan el milagro de encontrar a un marido, a ser posible, rico, guapo y sensato. 


(Kitty, Lydia, Jane y Elizabeth Bennet)

Las características del hombre ideal se dejan ver en esta conversación entre las dos hermanas, hablando de Bingley, al que acaban de conocer:

-“Es exactamente lo que debe ser un joven-dijo-:razonable, con buen humor, animado; ¡no he visto nunca modales tan perfectos! ¡Tanta soltura y una buena educación impecable!

-Y además es muy bien parecido-replicó Elizabeth-, que es algo que un joven debe igualmente procurar; si es que está a su alcance. Cabe decir, por lo tanto, que es un joven muy completo.”


(Elizabeth Bennet con su mirada puramente ingeniosa y su sonrisa pícara)

No deja de resultar una excentricidad, casi un escándalo, en esos años finales del siglo XVIII en los que se escribe el libro (Orgullo y Prejuicio como habéis adivinado) el deseo de no convertirse en tristes matronas aprisionadas por la costumbre, más madres que esposas; más esposas que mujeres. Y una modernidad, una seña de individualización emocional que no debería pasar desapercibida. Estas chicas son, por ello, inconformistas, rebeldes casi. Y lo son en aquello que está en su mano: la elección del marido. 

La postura de las cinco hermanas puede constituir en sí misma todo un tratado de la manera en que la mujer Austen observa su propio destino e intenta intervenir en él. Jane, la mayor, quiere un matrimonio por amor. Elizabeth representa el equilibrio pues, aunque los sentimientos son para ella un reclamo importante, sabe también que la economía, cuando es insuficiente, lastra todos los afectos y acaba con los más sólidos. Por su parte, Mary no quiere casarse y esto, una mujer aferrada a sus libros y alejada de las emociones y vaivenes de la juventud, no deja de ser otro rasgo modernísimo. Kitty y Lydia, las más jóvenes, ansían únicamente tener a su lado a un “casaca roja” que las colme de aventuras y las acompañen a cuantos más bailes mejor. Pero ya sabemos que Lydia dará un paso adelante y se fugará con Whickam, un tipo sin escrúpulos con el que acabará casándose en un matrimonio que terminará siendo el prototipo de lo que no debería ser una unión. 


(La boda de Jane Bennet y el señor Bingley, por amor y con dinero)

Es así como Orgullo y Prejuicio se aparece ante nuestros ojos de lectores del siglo XXI como una novela moderna. La actitud de Jane y de Elizabeth es signo inequívoco de la importancia que las mujeres daban y damos a la vida sentimental (el centro de nuestra trama vital, el que impulsa o entorpece el desarrollo personal e, incluso, profesional), pero es también una prueba fehaciente de que las mujeres Austen reclaman poseer un criterio propio y abogan por el derecho a defenderlo, aunque sea equivocado. 

Poder elegir, optar por el amor ante la conveniencia, no estar sujetas a convenciones arcaicas, decidir no casarse, son los elementos de este toque moderno que la novela presenta. Una actitud pionera que no todos los lectores de Jane Austen son capaces de apreciar pero que representa un elemento más de los muchos matices que su obra contiene. 


Orgullo y Prejuicio. Jane Austen. Edición de Alianza Editorial. Traducción de José Luis López Muñoz. Cuarta reimpresión, 2012. 

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