La aristocracia del amor
No sabía cómo titular esta entrada. Y han saltado solas las dos palabras: amor y aristocracia. En todo caso, escribo de algo que no existe. O quizá sí. Quizá no se destruye nada que haya sido perfecto y verdadero. Cada mueble, cada flor, cada tapicería, conserva una historia, una historia que puede reproducirse y que puede crear sensaciones. La memoria funciona así, así se convierte en nostalgia y la nostalgia conduce siempre a la pena. Todo lo que echamos de menos nos duele. No solo lo amargo, también, y sobre todo, lo dichoso. Colocamos con nuestras manos todas las cosas y convertimos un envoltorio en una casa. Y la casa se hizo hogar con mil detalles y con mil momentos. De esos momentos muchos fueron terribles, quizá por eso se destruyó ese universo cuando todo acabó. Pero entonces, cuando había claridad, todo parecía nuevo, firme y casi perfecto. Aunque, ahora que lo pienso, todo el tiempo fue dolor y se incubó y se vivió el dolor y los espejos lo mostraron, y los muebl...