domingo, 7 de octubre de 2018

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida.

La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949. 

Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprender una mujer en aquel tiempo. La aparente frivolidad de sus opiniones y el tono ligero que da al libro hace que no aparezca en el listado de feministas recuperadas por la literatura actual. Pero, en realidad, la independencia económica que ella preconiza es uno de los pilares de la emancipación de la mujer. No obstante, el libro hay que contextualizarlo en el momento que se escribe, la década de los treinta del siglo pasado, con lo que puede resultarnos exótico el contenido y, sobre todo, la forma de tratarlo. Sin embargo, salvando todas esas distancias, el mensaje no deja de ser actual: una mujer no es menos porque esté sin pareja y puede ser feliz sin ellas. 


El libro tiene doce capítulos cuyos títulos avanzan elegantemente el contenido. Cada uno de ellos aborda una cuestión referida al status de mujer sola y a las ventajas que ofrece. Hay una mezcla de conceptos psicológicos, de ideas para el saber estar, de consejos para las más frustradas y de cuestionario del buen vivir. Empieza dirigiéndose a una mujer normal para convertirla en alguien que practica "la sofisticación solitaria" y termina siendo "más etiqueta para una mujer extraordinaria".

El inicio del libro avisa de su estilo: "Este libro no es una manifiesto a favor de vivir sola" La errata en "una" no es mía, es del libro, algo que me molesta muchísimo y que, supongo, molestará aún más a la editorial. Es como ponerse un vestido precioso y de marca con unos zapatos de mercadillo, horribles y estropeados. Fastidia el conjunto. Salvando esto, la autora continúa: "Cinco de cada diez personas que lo hacen no pueden remediarlo y al menos otras tres son irritantemente egoístas. Pero puede ocurrir que, en algún momento de tu vida, quizá entre matrimonios, vuelvas a vivir sola"

Seguimos: "Quizá lo hagas por elección. Muchas personas lo hacen más y más cada año. La mayoría de ellas lo ven como una suerte de fino gesto de modernidad, pero al llegar al segundo mes se arrepienten de haberlo hecho"

La lectura de estos fragmentos nos deja claro que el libro nunca se hubiera podido publicar en España en aquellos años y que va dirigido a una mujer concreta: la americana media, que ha decidido trabajar y se apunta al divorcio. Ese era el público de Vogue y es el público que adora los libros de Marjorie Hillis. Eso nos hace dudar un poco de sus intenciones, algo que todavía se hace más patente cuando leemos el libro. Porque quizá lo que pretende es enseñar a las mujeres que se puede vivir sola y disfrutar...siempre que ese estado no signifique falta de relaciones sociales, dejar de salir o prolongar la soledad mucho tiempo. Algo de trampa hay, por tanto, en el libro. Pero eso no significa que no sea encantadora la forma en que propone soluciones a esos pequeños contratiempos de la vida cotidiana de las mujeres solas. 

Vivir bien es la máxima que inspira su escritura y la forma de vida de la propia Hillis. Una buena vida es aquella en la que se puede elegir lo que se hace y cómo se hace. La independencia es aquí el seguro para liberarse, ese concepto de liberación que, desde que comenzó a abrirse paso, no ha terminado de sustanciarse, quizá porque sus posibilidades son infinitas. Lo bueno de la vida, para Hillis, es aprovecharla según lo que cada una (mujeres, que es a quienes se dirigen sus consejos) necesite o quiera. Mejor aún. La desaparición de las convenciones no se produce tanto por ruptura sino por desapego. Estar segura de sí misma y desear lo que nos conviene es otro de los objetivos. Sin elección no hay libertad, viene a decirnos.

Resulta muy interesante observar que la cualidad más apreciada por Hillis y la que hace que sus "mujeres" vivan más o menos felices es la inteligencia. Es una inteligencia muy práctica, que te hace entender cuáles son tus posibilidades, cómo debes usarlas y que te inclina a elegir bien las amistades, la ropa, la casa y la propia vida en general. Para contarnos cómo todo eso es posible ella usa el método del caso. Así, nos presenta casos de diferentes señoritas, a las que nombra con una letra, por eso de conservar su anonimato.

"Veinte años atrás, la señorita R, era una joven desgarbada que vivía en un pequeño pueblo del sureste y que leía revistas de moda a escondidas. Cuando su familia se retiraba para recibir un bien merecido descanso, podía vérsela sosteniendo una página de la revista con una mano, mientras tapaba con el cobertor del diván la línea que describía la imagen de la página. En cierto momento decidió no sólo ser inteligente, sino en qué tipo de mujer inteligente quería convertirse"

Aquí reside exactamente la clave de esa felicidad que las mujeres Hillis pueden alcanzar y consiguen si aplican su cabeza y sus recursos a tener claro el objetivo: vivir bien, ellas mismas, solas, con sus propios recursos y medias. Solas, que no aisladas. Solas, que no tristes. Solas, que no fuera de la sociedad. La importancia de la imagen como forma de presentación al mundo lleva consigo sacrificios y estos se reflejan en las historias de estas mujeres. Pero esos sacrificios se orientan disciplinadamente a un fin superior. Estar contentas con ellas mismas, ser adecuadas, felices en suma.



"Esta, la de la señorita J, es una historia triste de una mujer joven que se ve a sí misma como una mártir y que nunca ha notado que, por más atractivo que pueda resultarle actuar ese papel, es terriblemente aburrido para los demás"

No es este un comentario frívolo, sino la prueba inequívoca de una verdad. "Yo sé que ver y oír a un triste enfada/ cuando se viene y va de la alegría" escribe Miguel Hernández. Versos profundos y palabras ciertas. La tristeza, cuando se convierte en el traje que vistes, aburre hasta a las ovejas y no ayuda en nada al triste. No es chic ni simpática ni atractiva. Es una pesadez. De esta manera, Marjorie Hillis se aparta del canon de las heroínas románticas para entrar de lleno en la necesidad de la mujer moderna de sentirse bien consigo misma sin dependencias exteriores. Y no es poca cosa afirmar esto en los años treinta. Ni ahora, tengo que añadir.

El caso de la señorita W es especial. Después de trabajar durante años como granjera, a los sesenta y dos años se retiró del trabajo y comenzó a dedicarse a ella misma. "Toma el desayuno en la cama, tarde, ociosa y cómodamente. No permite que nada interrumpa sus citas semanales con el champú, un tratamiento para el pelo, un facial y una manicura. Pasa dos mañanas a la semana en el spa, donde se ejercita, se sienta en el gabinete de baño o se acuesta bajo la lámpara solar para su mayor alegría. Y en las noches en las que está verdaderamente cansada recibe un largo y relajante masaje. El invierno pasado, la señorita de W. fue a Palm Beach y se tostó bajo el sol. Este año planea volver a Palm Springs con el mismo objetivo...La señorita de W. está usando su tiempo con gracia"

Todo este cuidado personal se traslada al cuidado del entorno en que estas mujeres viven. La casa ha de ser un espacio "tan encantador, cómodo y chic como sea posible, y esto es mucho más´cierto para una mujer sola que para cualquier otra". El orden de prioridad es el inverso, primero lo chic, luego lo cómodo y luego lo encantador. "El desorden está ahora tan pasado de modo como la modestia"


Lo que el libro viene a resumir es la idea de que las cosas bonitas, agradables y amables están a disposición de todas y que acceder a ellas es más cuestión de gusto y de empeño que de dinero o de situación social. Sus consejos van en la línea de que las mujeres sin pareja entiendan que no son la mitad de nada y que se puede y se debe disfrutar de la vida a tope en cualquier situación. Disfrutar es, en este sentido, tener una casa agradable, apreciar el arte y la cultura, sentir la naturaleza como parte de la vida cotidiana, darse caprichos y cuidarse. El cuidado de la casa y de los objetos que la forman tiene la misión de hacer más agradable el estar en ella. El cuidado personal, ofrecer una imagen al mundo llena de detalles y esmero, pero, sobre todo, sentirse satisfecha con una misma. Aunque no lo parezca, los conceptos de Hillis, que pueden ser considerados incluso egoístas, son una revolución. 

"La señorita E tiene sesenta y pico y es una viuda con cinco hijos adultos y un pequeño ingreso. Todos sus hijos han invitado a la señorita E a vivir con ellos; sin embargo, ella reconoce la voz del deber en sus palabras y por eso no le ve ningún atractivo...Así que ha remodelado lo que alguna vez fue la cabaña del jardinero hasta convertirlo en su más satisfactoria creación, y la ha amueblado con lo que considera es la mejor parte de las posesiones adquiridas durante cuarenta años de matrimonio...Tiene un jardín en el que disfruta mucho y goza también con las visitas constantes de su familia y a amigos, y a su vez ella los frecuenta tan pocas veces que sus visitas son todo un acontecimiento"

Como vemos, no hay límite de edad para esta revolución cotidiana. La mujer, en cualquier momento de su vida, situación y edad, puede pararse y pensar qué es lo que quiere en realidad, cómo quiere vivir y en qué cosas puede emplear su tiempo para que le produzca el mayor placer. La señorita E lo hace sin tener que depender de otros. Este sentido de la independencia es uno de los mayores éxitos de las mujeres Hillis.


Nada de esto sería posible escribirlo sin un sentido del humor muy acusado. Como cuando habla de las camas. "Toda mujer debería desarrollar su propio ritual especial para ir a la cama y realizarlo religiosamente cada noche...En las noches, cuando estés en casa y no estés tan cansada, date a ti misma los demás cuidados personales que necesites. Esto es especialmente aconsejable si no quieres seguir yendo a la cama sola el resto de tu vida, pero aun si esa es tu intención, hazlo de todos modos"

Y, desde luego, "nada te levanta más la moral que ir a dormir perfumada con agua de colonia y vistiendo un delicioso camisón rosa satinado, bien cortado y con buena caída"

La mujer y los amoríos, la mujer y su fama, la mujer y sus vestidos, la mujer y sus maquillajes, todos los aspectos que, en aquellos años, se consideraba que formaban parte de la vida cotidiana femenina aparecen en el libro tratados desde el punto de vista irónico, a veces cínico, adorable en todo caso, de Marjorie Hillis. Aunque no lo parezca, algunas de las cosas que cuenta todavía nos sirven. Bastantes cosas, quizá. En todo caso, leerlo te parecerá tan divertido como exótico.

El placer de vivir sola. Marjorie Hillis. Traducción Florencia Molino. Los libros del lince, S. L. 
Primera edición septiembre de 2018. Ilustraciones de Cipé Pineles. 

Título original Live Alone And Like It, publicado por Marjorie Hillis en 1936. 



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