lunes, 8 de febrero de 2016

Tiempo de silencios


(Retrato. Salvador Dalí)

Fue una niña callada y una adolescente silenciosa. Una joven expectante. Una mujer en sueños. Un día, algunas de las cosas que había estado guardando se mostraron al exterior. Alguien las recibió y pudo conocerlas. Eso era una excepción en una vida en la que la ausencia de palabras para explicar quien era había sido la norma. Pero, como ocurre a veces, ese caudal de confidencias, de sensaciones inciertas, de hechos, de nombres y de ritos, no conmovió el corazón de nadie, no fue capaz de mostrarse en su verdadera esencia. 

Así que la antigua niña que escribía la historia en su diario, la joven que coleccionó poemas, la mujer que recibió imperturbable y sin lágrimas el azote de la muerte, volvió a recoger los restos de sus pequeñas cosas y las guardó como antaño, en un lugar inaccesible para todos. El silencio volvió y ahí está, se queda. Silencio sin palabras y sin escritos. Un largo silencio para proteger lo que tanto había costado construir. Una vida, quizá.


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