domingo, 10 de marzo de 2019

Una morena y una rubia


Las armas de mujer no son, en el caso de Melanie Griffith, Tess en la película, ni sus peinados ni sus imposibles estilismos. Todos, tipo choni ochentera. Nada de glam ni de camp. Un horror. El pelo amarillo cardado, las hombreras descomunales, los calcetines sobre las medias de rejilla, los maquillajes teatrales…todo un recital de mal gusto propio de quien no sabe usar los cubiertos de pescado aunque tiene sobrada ambición para conseguir comer con las manos sin que a nadie le importe. 

Ese papel que persigue a la actriz (salvo, quizá, en “Two Much”), de paleta ingenua con encanto y desparpajo, pero ajena al protocolo, aparece en todo su esplendor. Y se enfrenta nada menos que a una Sigourney Weaver, Catherine Parker, que, despojada de cualquier atisbo metalizado (o extraterrestre) luce con garbo modelitos de firma y lencería fina, incluso con la pata quebrada. Porque el quid de la película, su aquel, está en la guerra de ingenios entre mujeres y el motivo principal en la ambición. La ambición masculina escrita con armas de mujer y expresada en el atrevimiento con el que la espabilada Melanie se lanza a ocupar el despacho de su jefa, a usar su ropa y a vivir su agenda, una vez comprobado que la jefa es una elementa de cuidado que va a aprovecharse de sus ideas impunemente. 

En un acto mitad ambición, mitad venganza, Tess le birla a Catherine hasta el novio, aunque sin querer. Y tampoco es que Harrison Ford, Jack, necesitara un empujón para zafarse de la ejecutiva, habida cuenta de que es de esos hombres que hablan de sus ¿parejas? en lugar de hacerlo de sus “parejas”. Un embrollo. 


Las víctimas del ascensor social que catapulta a la rubia Tess hasta el piso 40 del rascacielos de industrias Trask (los pisos inferiores se consideran chusma), son sus amigos y, sobre todo, su novio, Mich, ese muchacho rubio con toda la cara del exmarido de Kim Basinger, un tal Alex Baldwin, de los hermanos Baldwin, ya saben. Harto de esperar a que ella suelte el maletín y se baje de los tacones no tiene otra ocurrencia que liarse con la pizpireta Dorreen, una chica dulce, nada problemática, deseosa de casarse  que lo admira hasta el extremo de considerarlo el héroe de sus sueños en barco de madera. 

Ya se sabe que, para las mujeres de antes y de ahora, romper el techo de cristal puede significar quedarse a la intemperie. Pero ¿a quién le importa eso si a cambio puedes llevar a cabo fusiones, adquisiciones y toda esa enorme parafernalia de negocios que distinguen a los de las limusinas de los que cruzan el puente a pie? 

Armas de mujer. Mike Nichols. 1988. Sinopsis: Tess McGuire es una secretaria de origen humilde que tiene la ambición de ocupar un puesto ejecutivo en el mundo de los negocios. Cuando su jefa Catherine Parker se parte una pierna esquiando ve claro que es su oportunidad para poder llevar a cabo un negocio que puede catapultarla. Su socio en todo ello será Jack Trainer, medio novio de Catherine. 

Algunos detalles de interés:
La acción principal transcurre en Manhattan, la meca de los negocios, el lugar en el que, en los ochenta, estaban deseando dar el pelotazo los yuppies y toda su corte. 
La canción Let The River Run, sonó con fuerza en todos los medios y es el elemento identificador de la película a estas alturas. 
Entre los secundarios, algunos gloriosos, como Joan Cusack, en el papel de Cynthia, la amiga de Tess que, además, trabaja con ella. Maquillaje para no olvidar y una actriz llena de vis cómica. Aparecería otra vez en un reparto con Griffith en “Two Much”, la película de 1995, dirigida por Fernando Trueba, en la que interpretaba a Gloria, la secretaria de Art-Antonio Banderas. 
Olympia Dukakis aparece aquí como directora de personal y Alec Baldwin como Mick Dugan, el novio de Tess, al que esta deja y que termina con Doreen DiMucci, representada por la actriz Elizabeht Whitcraft. 
Mike Nichols es un director muy solvente e inspirado, que ha dirigido algunas películas míticas como “¿Quién teme a Virginia Woolf?” en 1966, con el tándem Elizabeth Taylor-Richard Burton, o “El graduado”, de 1967. 

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