jueves, 4 de febrero de 2016

"La última modelo" de Franck Maubert

Son solamente 105 páginas. Un libro pequeñito, que resulta cálido y fácil de manejar. Su autor es Franck Maubert, nacido en 1955 y autor de varias novelas y libros consagrados a la pintura. Algunos de esos libros son "Le Paris de Lautrec" y "Maeght, la passion de l´art vivant". La portada interior de Acantilado, que es la editorial que ha sacado esta edición, nos avisa de que han publicado ya, en 2012, "El olor a sangre humana no se me quita de los ojos. Conversaciones con Francis Bacon". El mundo del arte visto desde dentro o, al menos, con otra mirada. Esa mirada que resulta imprescindible para no quedarse en la mera contemplación de la obra, en la biografía sucinta o en la descripción técnica de los cuadros. 

Este libro acerca a los públicos la figura de la amante de un artista particularmente distinto. Alberto Giacometti, de quien me quedé suspendida cuando lo estudiaba en la Facultad. El Giacometti de las figuras alargadas, expresionistas, cargadas de sueños incumplidos. El Giacometti genial. 

Nacido en Stampa, Suiza en 1901, fue a la vez escultor y pintor.   También su padre, Giovanni,  pintaba aunque era de adscripción impresionista. Giacometti estudió la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra, antes de trasladarse a París para seguir los cursos de escultura de E. A. Bourdelle en la Academia de Grand Chaumière. En París conoció los ambientes de la vanguardia de forma muy directa. Allí estaban los cubistas, por un lado y los surrealistas, por otro. De este grupo formó parte algunos años, los que van de 1930 a 1935. 

Sin embargo, en un momento dado decidió seguir otros rumbos artísticos y, tras recalar en la figuración trazó una forma singular y característica de trabajar la figura humana. Es desde 1940 cuando crea las esculturas que resultan más conocidas de las que realizó. Esas figuras alargadas, de apariencia nerviosa, delgadísimas, ásperas, a tamaño natural, solas o en grupo, pero siempre únicas en su concepción. Giacometti representa el hombre solo, enfrentado a un aislamiento tanto mayor por cuanto se produce incluso cuando aparece en grupo. Para hacer sus figuras tanto en escultura como en pintura, utilizó modelos cercanos, su propia familia, sus amantes. 

La última de esas amantes fue Caroline, una joven prostituta, a la que Giacometti conoció en 1958. El interés del artista por esa joven lo arrebató absolutamente. Aunque mantuvo su relación con su esposa, no pudo evitar verse bajo el influjo de esta mujer de veinte años que él consideraba una diosa. Lo que hace Maubert en este libro es hablar desde el punto de vista de ella, de Caroline, que cuenta su experiencia, con todas las aristas posibles. 

En una de las fotografías en blanco y negro lleva un conjunto claro y un collar de piedras oscuras. Un moño alto le deja el cuello a la vista y le da un aspecto muy femenino. En otra fotografía lleva un abrigo de cuello con solapas que se abre desde los hombros. Cuando aparece de perfil, se puede ver la nariz ligeramente resignada, el arco de las cejas y, siempre, ese no sé qué de extravío en la mirada. Una raya de maquillaje no consigue disimularlo. Están el uno junto al otro. Alberto tiene la espalda curvada, su eterno aire de perro apaleado, la cara fruncida por las noches sin sueño. Tengo la impresión de estar oyéndolos. Hablan en voz baja, susurran, intercambian palabras tiernas. No sé si Alberto reía alguna vez...

"La última modelo" de Franck Maubert. Editorial Acantilado. Traducción de Juan Díaz de Atauri. 

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