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Cómo sobrevivir a un matrimonio aburrido

 


Este post podría llamarse también "Las triquiñuelas de Charlotte Lucas" porque a ella y a sus manejos va dedicado. Elizabeth Bennet se llevó un buen disgusto cuando su íntima amiga y vecina le comunicó que iba a casarse con el señor Collins, precisamente el señor Collins ridículo y untuoso que Elizabeth había rechazado. El señor Collins, por cierto, que va a heredar la mansión de Longbourn,  las tierras y todo lo que ellas conllevan, cuando fallezca el señor Bennet. De modo que Charlotte Lucas, la amiga, será la señora de todo en un momento dado. Gracias a Jane Austen no vemos ese momento y, además, antes ya se han situado bien en la esfera social y matrimonial, que viene a ser lo mismo, nada menos que nos hijas Bennet, pues Elizabeth se casará con Darcy y Jane, la mayor, hará lo propio con Bingley, que tiene la mitad de renta que Darcy pero que es un partido muy adecuado. Dos hijas bien casadas, de cinco, es una buena cosa, y puede hacer olvidar un poco, no demasiado, que la quinta de las niñas metió la pata al escaparse con el canalla simpático y lanzar así a toda la familia al oprobio de la murmuración. 

Pero volvamos a Charlotte. Tiene veintisiete años, casi siete más que Elizabeth y no está para perder el tiempo en tonterías. Es una buena chica, sensata, centrada y nada romántica. Más bien tiene claro que en la balanza de la vida prefiere tener su casa, su marido y su renta y no depender de padres o hermanos. Hay que entenderla, por tanto. Hay que comprender que decida aprovechar la oportunidad para casarse con alguien tan molesto, aunque no malvado, y de un trato tan poco atractivo, como el clérigo primo de las Bennet que aparece por allí en busca de esposa por consejo de lady Catherine de Bourgh, la señora a la que debe su beneficio y también casi su vida. Charlotte sabe cómo es el tal Collins y no se hace ilusiones de que cambie pero está decidida a minimizar los riesgos de ese matrimonio tan ramplón y con tan pocas expectativas románticas. 

Las triquiñuelas que Charlotte pone en práctica para ello se cuentan con todo detalle en la novela y, desde luego, en la mejor versión de la misma que podemos ver en la pantalla, que no es otra por supuesto que la de la BBC de 1995. Allí estaba Lucy Scott, actriz inglesa nacida en 1966, haciendo el papel de Charlotte. Con la amable compasión que lanza Austen a sus personajes más complicados o más errados, envuelve la decisión de Charlotte con un toque de humor y también con mucha comprensión, poniendo de nuevo sobre la mesa la gran tristeza que a las mujeres sin dote y sin boda las cubría cuando la vida iba avanzando y se convertían en cargas para los otros. Charlotte toma una valiente decisión y prioriza un bienestar sencillo y seguro antes que esperar a un príncipe azul que nunca llegará. Jane Austen muestra de este modo que no todo son heroínas en sus novelas y que la heroicidad a veces está reñida con la supervivencia. 

Pero claro está que el ingenio aparece y por eso Charlotte, con ocasión de la visita que le hace Elizabeth a su casa le comenta como de pasada que ha cedido la mejor habitación de la casa a su fastidioso marido, de manera que él permanezca allí, al acecho de los que pasan por el camino principal, todo el tiempo posible. Que, además lo anima continuamente para que cuide su jardín y pase tiempo al aire libre, además de, por supuesto, para que visite a su benefactora en Rosings todos los días del año. Así, con la sencilla fórmula de quitárselo de encima, Charlotte confía en que su matrimonio resista el paso del tiempo y ella, además, separa vivir en esa soledad ansiada que reivindica. Creo que Charlotte es inteligente y su interés solo se basa en que hay que vivir de algún modo y mejor que sea del mejor modo. Una clase práctica que Austen nos regala en este "Orgullo y prejuicio", que releemos siempre con tantísimo placer. 


(Lucy Scott como Charlotte Lucas, BBC serie, 1995)

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