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"Crónica de un silencio" de Lidia Chukóvskaia

 


A veces tiene uno que vivir en primera persona las experiencias más duras para entender algunas cosas. No es ningún consuelo, desde luego, al contrario, revela la dureza de la vida, cómo te zarandea, te cambia la mentalidad y te convierte en alguien que no eres. O que no pensabas que eras. Sin embargo, esa vivencia te convierte en un observador privilegiado a la hora de transmitir determinados hechos relevantes y también, en una víctima de los mismos. Esa doble condición está en Lidia Chukóvskaia, de la que nos quedan algunos testimonios escritos de indudable interés. 

Lidia Chukóvskaia (San Petersburgo, 1907- Moscú, 1996) y su segundo marido, el físico teórico, Matvéi Bronstein, eran del Partido. Pertenecían a familias bien ubicadas dentro del engranaje y ellos también eran personas integradas, con unas trayectorias llenas de éxito y de reconocimiento. Ella era una escritora que abarcaba géneros muy diversos: poesía, memorias, crítica literaria y narrativa. Ambos creían que sus postulados y sus acciones estaban encaminados al bien común. Pensaron de buena fe que eso era una enorme verdad. Así, hasta que se dieron de bruces con una realidad incuestionable: Matvéi fue apresado y ejecutado en 1938, aunque la versión oficial decía que estaba deportado y sin derecho a comunicación. Lidia Chukóvskaia vertió su sufrimiento y su incredulidad de la forma en la que sabía hacerlo, a través de la escritura. Era hija de escritor y, ella misma, novelista, poeta, editora y crítica de libros. De manera que tenía que dejar constancia de aquello y lo hizo de forma que hoy podemos conocer, un poco mejor, este tiempo de máxima oscuridad y pocos datos. 


"Una ciudadana ejemplar" (título de su anterior libro publicado en la misma editorial) que había cumplido hasta entonces con la fidelidad debida a un régimen y a un estado de cosas. De buena fe, seguramente. En este primer libro vemos como la pérdida de la persona a la que más quería hizo que entrara en una espiral de la que surge esta novela, a mitad de camino entre la imaginación y la denuncia. Un documento que no parece serlo, porque se escribe con la frialdad suficiente como para que, ni siquiera, haya moraleja. También porque, cuando se escribió, en el duro invierno de los años 1939 y 1940, aún no se sabía qué ocurriría con todo aquello. La oscuridad no se había desvanecido. Y hubo que pasar cincuenta años para que el libro pudiera ser publicado en Rusia. La otra novela que escribió y que trata de la vida cotidiana en el estalinismo fue "Inmersión", también publicada por Errata Naturae. 

En "Crónica de un silencio", segundo libro que publica la editorial Errata Naturae de la escritora rusa, se habla del juicio que, en 1974, se le aplicó ante la Unión de Escritores, en la URSS, para ver si era una persona adecuada de ser publicada, de estar en las bibliotecas públicas y, en general, de ser aceptada en la sociedad. Una vez se concluyó que no era así, el rastro de Chukóvskaia fue borrado en todos los entornos culturales y literarios, incluso en la vida real. De modo que la condena fue inmediata. Tampoco había alusión a ella cuando se hablaba de la obra de su padre, el renombrado escritor para niños, traductor y crítico Kornéi Chukovski. El borrado de su rastro fue completo, el aislamiento social fue absoluto, el ostracismo fue total. Una versión de la caza de brujas de la que se habla poco y se escribe menos, quizá porque las luces de Hollywood no la han alumbrado. Pero existió y esto es un testimonio de aquello. 

Su principal pecado tuvo que ver con el ambiente cultural de su época, vigilado y constreñido a las consignas del régimen. Así escribió varias cartas en contra de la persecución de, entre otros, el joven Joseph Brodsky en la década de los sesenta, y de Solzhenitsyn y Sájarov en la de los setenta. Debido a este apoyo a los disidentes, Chukóvskaia perdió el derecho a publicar en la Unión Soviética. 


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