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"Secreta luz" de Victoria León. Poesía.

"Secreta luz" tiene treinta poemas, treinta heridas. Miguel Hernández llegó con tres, recuérdalo, la del amor, la de la muerte, la de la vida. Victoria León ha escrito treinta poemas y, de uno de ellos, En la secreta luz, ha tomado el título del libro, hermoso libro, hermosísimo título, poemas hermosos. 

Es muy difícil leer poesía. Más aún, escribir de poesía. Un verso equivale a cinco páginas en prosa. Lees un verso y tienes que releerlo y luego hablarlo, luego cantarlo y después recobrarlo de nuevo. Así que no te engañes porque haya, sólo, treinta poemas aquí, y de corta extensión la mayoría. Necesitarás multiplicar por cinco y eso serán ciento cincuenta páginas, una novela por lo menos. 

Leer poesía requiere entrenamiento y que no suene nada mientras lo haces. Si a lo lejos se oye una guitarra (la del vecino que ensaya para sus clases del conservatorio) equivocarás el tono y el poema puede irse de ritmo y convertirse en otra cosa. No puedes decirle al vecino que se calle así que habrás de encontrar el momento propicio, la estancia silenciosa, el tiempo solemne. Un verso equivale a cinco páginas.

El libro se inicia con una temblorosa declaración de intenciones. Los dos primeros poemas son firme prueba de ello: Qué es la poesía, qué es vivir. Vivir es vértigo, tormenta, abismo. La poesía es materia incandescente, es desesperanza, son cenizas. He aquí un comienzo sin engaños. Lo que viene después será la historia justa para convencer o convencernos.

Repite la palabra "vacío" tantas veces que podría haberlas contado, aunque eso supusiera añadir más números a la lectura. Treinta poemas, un montón de vacíos. Lo dirige a alguien que es, a la vez, una sombra, una ausencia, una entelequia, una inexistencia. No está el interlocutor por ningún lado y los versos se transforman en preguntas. Algunos poemas son preguntas enteramente. Como Retrospectiva apócrifa, con una pregunta constante, repetida, machacona, una pregunta extensa que, a juzgar por lo que sigue, no tiene respuesta. Hay un hilo conductor en toda la escritura y por eso sabemos que todas las preguntas se dirigen al aire, quedan en el vacío. El vacío, la palabra. 

En Despedida: "Este cansancio, ¿no termina nunca?" De nuevo hay que inquirir para solventar una duda que permanece. Arrastras el cansancio por todo el libro y la pequeña, espesa, escasa luz solo aparecerá de soslayo y no siempre. Todo lo contrario, te apabulla la solemnidad de la imposible respuesta: Envejecen también nuestras heridas. Cierto. Algunas seguridades no son complacientes sino que ahondan en la sima. "Y ya nunca volvemos de tanto desamparo".

Desde el vacío se llega a la soledad. "Me enfrenté sola al bosque oscuro y sus atroces monstruos". De ahí a la duda. La duda es un componente esencial de la poesía, porque lo es de la vida, porque lo es de la muerte y estas son las dos aristas que están en el fondo del poema, cuya esencia es el amor, correspondido o no. "Y seguí andando por si te encontraba". El amor es un camino, una fórmula para andar de algún modo, sin perderse y sin perder lo que lo sustenta. La dificultad de que ese camino contenga las direcciones adecuadas, las esquirlas oportunas. El alimento, la recompensa.

No desaparecen las preguntas pero estas se tornan más desesperadas, más llenas de dolor, porque la vida cuesta y el tiempo va pasando sin que haya más respuestas que un bumerán de preguntas ansiadas: "¿A dónde ir con tanta soledad/ cuando nos huya todo lo que amamos?" La parte por el todo. Ese todo convertido en la nada. Del vacío se llega a la soledad. De la soledad al desamparo. Del desamparo al silencio. El silencio es "el vacío que deja la ternura /en quien renuncia a ella para siempre". De ahí al reconocimiento de la ausencia. De la ausencia a la nada. Nada es, al final, el resultado. De ausencia sin remedio habla La mitad del alma. Ese recorrido por el mundo total sin que podamos entender su sentido porque todo lo que vemos habría tenido que ser visto en compañía. Ese verlo hacia dentro, hacia nosotros, le quita el sentido a la belleza, cambia sus proporciones y convierte la exploración en llanto. Pero no hay lágrimas en estos versos así que deben haberse escondido en algún sitio. O quizá tienen aire de palabra: "No recuerdo el amor, ni cómo era/ sentirme protegida en unos brazos". 

Para que no te olvides de quien soy te hago una promesa. Te lo prometo todo y me lo prometo a mí misma, que es la mejor manera de cumplirla sin que nada ni nadie pueda convertirse en muralla, en roca, muro o desecho. Es aquí, En la secreta luz, donde esa promesa se sustancia para que sirva de propósito y de guía. Con ella por delante, continúo, dice el verso. Aunque siguen las dudas: "¿Por qué da esta tristeza tanto frío?" El frío como manifestación física del dolor. El dolor físico como muestra del dolor interior, de la punzada en el corazón que agota el cuerpo, de la desesperanza hecha camisa, de la huella del tiempo irremediable. "No soy más que el espejo en que te buscas/ cuando sientes nostalgia de quien fuiste". 

(Los libros te persiguen, te buscan y aparecen siempre en el momento oportuno. Que aparezca un libro de poemas es un peligro. Porque no puedes esconderte en ningún argumento. Porque no puedes ocultarte como haces siempre en ese toque de humor casi tierno que practicas. Aparecen los versos y estás ya perdida. Deambulas pero sabes que, al fin y al cabo, tienes que terminar viendo delante lo que quieres tener siempre escondido. Los libros de poesía son peligrosos. Este es uno de ellos. Si lo lees, que sepas que habrá cosas que no querrás saber, aunque las sepas) 

Secreta luz. Victoria León. IX Premio de Poesía Iberoamericana Hermanos Machado. 2019. Publicado por la Fundación José Manuel Lara en su colección Vandalia. Dedicatoria: "A mis padres". Citas iniciales de G. A. Bécquer y R. L. Stevenson. 

Comentarios

Caty León ha dicho que…
Cierto. Es un hermoso libro que trae tanta zozobra como luces.

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