domingo, 7 de enero de 2018

Un té fuerte sin limón. "El caso de Betty Kane" de Josephine Tey


(Portada de El caso de Betty Kane, publicado en castellano por Hoja de Lata)

Estoy entusiasmada con este libro. Me ha cogido por sorpresa. Es una de esas compras que haces sin saber muy bien por qué. O sí, el diseño de la portada, el título, el hecho de que sea de una editorial desconocida hasta ahora para mí. El caso es que he acertado y mi olfato lector no se ha equivocado tampoco esta vez. Estoy entusiasmada. 

Podríamos resumir la cosa diciendo: he aquí una educada excentricidad convertida en argumento y plasmada en personajes tan improbables como auténticos. 

El protagonista es Robert Blair, un abogado formal, ceremonioso, cuarentón, buena persona, anclado en una vida rutinaria, tanto a nivel profesional, en una firma "de toda la vida", como en su vida personal. Vive con su tía Lin y todo está perfectamente organizado, tanto las compras domésticas, como la tarta de manzana, como las cenas y la vida social. Juega al golf, charla con sus amigos, atiende a sus clientes, nada del otro mundo. A un hombre así hay que complicarle la vida con un caso legal enrevesado y pintoresco al mismo tiempo. Y eso hace Josephine Tey porque le pone por delante a las dos mujeres más exóticas y particulares que pueden hallarse en esas campiñas inglesas. Una madre y una hija, las Sharpe. La señora Sharpe es una anciana inteligente y tenaz. Marion Sharpe, la hija, es especialmente luminosa y tiene unos bonitos ojos grises. Parece una gitana con sus pañuelos de colores al cuello y su tez morena, recalca la autora. Ay, qué difícil debe ser resistirse a esta escéptica espontaneidad si uno es un tipo inglés convencional y falto de emociones. 


(Ilustración de una de las novelas protagonizadas por el inspector Alan Grant) 

Ambas mujeres son acusadas por una jovencita de secuestro y palizas. La jovencita es Betty Kane, omnipresente todo el relato y, al tiempo, en una zona oscura que no nos permite conocerla bien. Parece que su declaración es convincente pero pronto comienzan las dudas y, sobre todo, nadie que trate a las Sharpe podría creer algo así. La sociedad malpensante de Milford hará todo lo posible por incordiar a las supuestas secuestradoras pero no todo es tan sencillo. A pesar de la inestimable colaboración de la prensa amarilla (eso que es tan inglés) hay una contumacia en la lucha por descubrir la verdad que va a generar contradicciones, encontronazos, cristales rotos y muchos datos en danza hasta que sepamos qué ocurrió y por qué.


(Escena de la película de 1951 sobre el libro)

Los personajes protagonistas del libro son enternecedores pero no se quedan atrás los secundarios: ese primo Nevil, que es poeta y va a casarse con Rosemary, capaz de dar pábulo a las habladurías más tontas, según su prometido. Esa Cristina, la empleada de hogar de la casa de Blair, que se dedica a cambiar de fe y de iglesia cada cierto tiempo. La propia tía Lin. Los empleados del garaje. Los empleados de los cafés y de los hoteles. Los miembros del bufete. Kevin Mcdermott es un prestigioso abogado londinense que estudió con Robert y que le dará su sagaz opinión del asunto. En Milford hay otro abogado, Ben Carley, muy distinto al estilo del bufete Blair, que también tendrá algo que decir. La autoridad policial, es decir, el inspector Grant de Scotland Yard y el inspector de la policía local Hallam. Todos aparecen retratados con fiabilidad, con una visión a la vez objetiva y llena de pequeñas trampas sentimentales. Un retrato excepcional. 


(Josephine Tey en 1914, con sus hermanas Jean y Etta. Ella es la del centro)

El libro transcurre sin sobresaltos artificiales pero con la tensión debida a una historia policíaca. Estas escritoras inglesas que son capaces de convertir la vida cotidiana en un misterio palpable son extraordinarias. Detenerse en detalles sutiles o sencillos no quiere decir que se abandone el gran asunto, no quiere decir que se desvaríe o se merodee, al contrario, es contribuir al gran retablo de personajes y hechos que, al final, encajará de forma única y te dará el relato completo, absoluto, esclarecedor. Genial Josephine Tey, de quien antes no había leído nada pero de la que me confieso desde ahora una lectora total. 

Este es el segundo libro que la editorial Hoja de Lata publica de ella. El primero fue La señorita Pym dispone, que se publicó en 2015 y que tuvo, según la propia editorial, una "excelente acogida". Lo creo a pies juntillas. 

Josephine Tey era escocesa. Nació en la localidad de Inverness en 1896 y fue profesora de Educación Física hasta que se decidió a dedicarse a la escritura, en 1926. Su verdadero nombre era Elizabeth McKintosh. Creó el personaje de Allan Grant, inspector de Scotland Yard y protagonista de varias de sus novelas. También escribió teatro y biografías. The Franchise Affaire es el título original de El caso de Betty Kane y se publicó en 1948, siendo llevada al cine en 1951 en la película del mismo título con guión y dirección de Lawrence Huntintong y con las interpretaciones de Michael Denison y Dulcie Gray. 


(Imagen de la película de 1951)

En 1988 se realizó una serie de TV de seis capítulos, con igual título que el libro original y con Patrick Malahide en el papel de Robert Blair y Joanna McCallum en el de Marion Sharpe. 

El caso de Betty Kane de Josephine Tey. Editorial Hoja de Lata. Colección Sensibles a las Letras. Primera edición junio del 2017. Segunda edición septiembre del 2017. Traducción de Pablo González-Nuevo. 
Título original: The Franchise Affaire

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