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"Lejos de Cassandra": Cartas de Jane Austen a su hermana



Lejos de Cassandra. Jane Austen

Traducción y edición a cargo de Anabel Palacios

Editorial Altamarea, marzo de 2021

Las escasas cartas que se conservan de Jane Austen (unas ciento sesenta de un total de más de tres mil) están todas publicadas. Hay una edición completa en castellano y varias en inglés. También está "Cartas de Chawton", de la editorial Alba Clásica, que ha realizado una selección a cargo de Kathryn Sutherland, profesora de Bibliografía y Crítica Textual de la Universidad de Oxford, mientras que la traducción es de Marta Salís


El libro de Altamarea está organizado en varias secciones: La Nota a la presente edición, firmada por Anabel Palacios, también encargada de la traducción; una Cronología esencial, donde se recogen las fechas más destacadas en relación con la vida de Jane Austen; las Personas citadas en las cartas, en las que están la familia Austen, la familia Lloyd, la familia Lefroy, la familia Leigh y la familia Bridges; las quince cartas dirigidas a Cassandra y escritas por Jane Austen. 

Las primeras seis cartas las escribe Jane en Steventon, la rectoría de Hampshire en la que vivió sus primeros veintiséis años de vida. Esas seis cartas van a distintos lugares en los que Cassandra Austen pasa temporadas: Kintbury, Rowling, Godmersham y Bath. Godmersham es la casa solariega de los Knight, los primos ricos que adoptaron a Edward, uno de los hermanos de Jane. Hay tres cartas escritas en Londres, donde Jane Austen pasó algún tiempo, sobre todo para cuidar de la edición de sus libros. Las cartas escritas en Londres se fechan en 1811, 1813 y 1814, años en los que la publicación es un hecho. Otra carta sale de Southampton, que era un lugar que los Austen frecuentaban en algunos veranos. Hay dos cartas que parten de Chawton, la primera, de 1813, se dirige a Steventon, porque su hermano James vivía allí con su familia y Cassandra estaba con ellos de temporada. La segunda carta de Chawton va hasta Cheltenham. Por último, la carta número quince contiene las últimas voluntades de Jane Austen, y es de abril de 1817. Allí deja claro que sus posesiones son todas para su hermana Cassandra, excepto dos legados en metálico, uno de ellos para su hermano Henry, se supone que en agradecimiento por sus gestiones en relación con sus libros, ya que, incluso, incluía adelantos monetarios por su parte. Las cartas nos muestran el itinerario geográfico de la familia mejor que cualquier otra cosa. 


Austen dedicó su vida a la familia, hasta tal punto que la escritura fue para ella una forma de entretener a los suyos, y sus cartas podrían considerarse una pequeña extensión familiar de su obra.

(Texto incluido en la Nota a la presente edición) 

Discrepo notablemente de esta idea, expresada por Anabel Palacios en el libro, según la cual Jane Austen no era sino una aficionada a la escritura, que escribía para entretener a su familia. Esto no coincide para nada con algunas evidencias que pueden encontrarse en las biografías y estudios sobre ella y también emanan del análisis de su obra. La forma en que revisaba, mejoraba y ampliaba los libros, el interés por publicar, la calidad de sus novelas, la vocación temprana por la escritura, su empeño en mantener su propio estilo y no dejarse llevar por recomendaciones...Todo esto, de forma resumida, contradice ampliamente la opinión de Palacios. Es verdad que tenemos esa impresión si leemos la biografía de su sobrino James Edward Austen-Leigh, que pretendió hacernos creer que era una damisela inocente y alejada del mundanal ruido y que no tenía nada que ver con ningún empeño literario. Una falsedad dicha con el ánimo de que la figura de su tía no estuviera expuesta a la inclemencia de la crítica literaria. Así aparece en "Recuerdos de Jane Austen" que la Editorial Alba publicó en 2012, también con la traducción de Marta Salís y en la que el autor se queja tener que escribir una especie de biografía de su tía siendo que los documentos que podían ayudar se destruyeron.  

Las cartas aquí recogidas van, cronológicamente, desde 1796 a 1817. Algunas cartas se escriben en dos días seguidos y se fechan ambos fragmentos. Está claro que escribir cartas era la forma de estar comunicadas cuando las hermanas estaban lejos, de visita con algún pariente o amigo, para contarse las noticias que surgían. Es cierto que las cartas se solían leer en voz alta delante de la familia pero también debió ocurrir que entre las hermanas hubiera una complicidad que permitiera leer entre líneas e incluso reservarse fragmentos solo para ellas. Dado que se destruyeron más de dos mil quinientas cartas de la escritora, lo más seguro es que se haya perdido una valiosa información. Esa excesiva prudencia, ese afán de preservación de la intimidad (que hoy suena tan raro cuando todo se publicita) es lo que nos ha negado un mayor y mejor conocimiento de la vida de Jane Austen, lo que no deja de ser una desgracia para el mundo de la literatura. ¡Cuánto contenido, cuánto saber habría en esas miles de cartas!

Presentar las cartas, como hace Altamarea, "a palo seco" hace que la edición sea demasiado sucinta, poco explicativa y tenga escaso sabor, habida cuenta de que las cartas ya han sido publicadas. Deberían haber sido tratadas con mayor esmero, pues de todas ellas se pueden extraer consecuencias y datos, que no basta aclarar, tan someramente, con algunas notas a pie de páginas, pocas, cortas y demasiado sucintas. Para las lectoras de Jane Austen el libro sabe a muy poco y, más bien, es una ocasión perdida. No parece tener sentido molestarse en hacer una edición para tan poco contenido. Sin contar con esa portada, casi de novela negra, que no invita nada a acercarse al libro. Cualquier texto que contenga las cosas de Austen son bien recibidos por sus lectores y, por eso mismo, causa cierta tristeza el que no se haya hecho mejor. 

Resulta muy interesante el que Jane Austen aluda a "Orgullo y prejuicio", recién publicada cuando escribe una de las cartas, como su "hijito". Está claro el papel fundamental que la escritura tenía en su vida y lo que cuidaba sus libros. Así lo dice ella misma, hablando de revisiones que han dejado la novela más corta y, por tanto, más asequible a la lectura. También habla, con grandes elogios, de Elizabeth (Elizabeth Bennet, la heroína de la novela), expresando su satisfacción por cómo es y pensando que es imposible que le cayera mal a alguien. Afirma, por otra parte, que su siguiente libro va a ser muy distinto, así como el trabajo que estaba realizando en esos momentos. 

Un asunto que se refleja en estas cartas es el enamoramiento que tuvo de Tom Lefroy, el joven irlandés que estudiaba Derecho y que se alojó un tiempo en casa de una amiga de la familia Austen. Hay muchos detalles de cómo se portaba con él (incluso indecorosamente, explica) y, aunque el tono es de broma, como ella hace siempre, parece claro que le parecía una persona adecuada para entablar un compromiso y que las circunstancias de la vida (ambos eran pobres y no podían permitirse una boda así) lo impidieron. La sensatez de Jane hizo posible que no hubiera un drama por este alejamiento entre ambos que, por otra parte, propiciaron las familias para evitar males mayores. Porque un mal matrimonio era una desgracia para todos y Austen lo sabía y lo cuenta en "Mansfield Park" con el caso de la madre de Fanny Price. 

El estilo de las cartas es ligero, pero también encantador, lleno de detalles interesantes, de subrayados y cursivas, de pequeños secretos, de cotilleos de unos y de otros, de menciones a personas y a situaciones, algunas más interesantes que otras pero todas necesarias para dibujar este friso de la vida cotidiana que eran, además de las cartas, sus propios libros. Estampas que todavía tienen la vigencia suficiente como para enamorar cada día a miles de lectores. 


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