Ir al contenido principal

Pequeño homenaje a los libros




Os presento este texto, escrito por el profesor de Educación Física Rafael Vilches, a quien encantan los libros y la literatura en general. Para ilustrarlo, un precioso cuadro de Manuel Ángeles Ortiz (Jaén, 1895-París, 1984).

MI BIBLIOTECA, MI JARDÍN ZEN


Por fin me he decidido. Durante los próximos días estaré de reformas en casa. Pues sí, tras ir aplazando la decisión por un motivo o por otro, por fin he decidido hacer una reforma a fondo de mi buhardilla, de mi “cueva”, de mi “sancta sanctórum”, del lugar más acogedor de mi acogedora casa. Será una reforma integral: pondré parket en el suelo, daré color a las hasta ahora blancas paredes, y sustituiré las desvencijadas y combadas estanterías, que laboriosamente yo mismo fabriqué hace ya algunos años, por otras mucho más robustas, lo cual ayudará a que el sueco Ingvar Kamprad se haga un poco más rico a mi costa.

Como podréis imaginar, todo eso implica haber desalojado previamente la habitación de todo lo que allí se acumula: cientos de libros, revistas, apuntes de facultad, comics, fotos, recuerdos de viajes, memorias, programaciones, material de trabajo, etc… Se trata de un trabajo esforzado y para el que hay que armarse de mucha paciencia. En esas estábamos cuando no he podido evitar hacer un alto en el camino y ponerme a escribir una pequeña reflexión que me gustaría compartir con vosotros.

He de confesaros que Elizabeth, mi mujer, no encuentra justificación a la parsimonia y lentitud con la que estoy realizando el mencionado trabajo. Yo la engaño, y me excuso echando mano de mi debilitado hombro derecho y le explico que no puedo soportar el acarreo de un peso excesivo, lo que me obliga a realizar el desalojo con calma. Sin embargo, aún siendo verdad mis excusas, es otro el motivo que justifica mi tardanza. Desde que empecé a desalojar las innumerables estanterías que forran las paredes de la buhardilla, inevitablemente, he ido encontrándome (reencontrándome, más bien) con un sinfín de libros, comics, revistas, etc… que me incitaban a hacer una pausa en mi ardua labor para terminar descubriendo entre sus páginas retazos de mi vida. Son libros llenos de pequeños detalles que recuerdan vivamente mis idas y venidas. Poseen un significado que solo yo puedo comprender. Es mucho el valor sentimental que se esconde tras la cubierta de un determinado libro, de una dedicatoria, de aquella entrada de cine que utilicé como marcapáginas, de aquella inquietante novela de H.P. Lovecraft que tanto me gustó y que me acompañó en los interminables traslados en Metro mientras me dirigía a la Facultad, de esa colección completa de comics que encontré durante las mañanas dominicales del Rastro madrileño y que me costó cuatro perras… ¡¡menudo chollo, todavía me acuerdo!!!

Pues sí, como os estaréis imaginando, desalojar mi biblioteca se ha convertido en algo lento y parsimonioso. Hoy, sin ir más lejos, me he tropezado con un libro que me ha llevado, una vez más, a interrumpir el trabajo e iniciar esta pequeña reflexión. Se trata de la genial novela de Ray Bradbury, “Farenheit 451”, un clásico de la Ciencia Ficción y de la que, en una próxima ocasión, me gustaría hablar más detenidamente. Sin embargo, hoy la quiero mencionar porque al margen de provocar otro receso en mi dilatada mudanza, me ha hecho relacionar el recuerdo de la historia que Ray Bradbury nos cuenta en la novela con las vivencias que estoy experimentando mientras traslado mis libros. En uno de los capítulos más conmovedores de la novela se cuenta como la represiva brigada de bomberos acude al domicilio de una anciana, Mrs. Blake, acusada de almacenar grandes cantidades de libros, todos ellos prohibidos, y que deberán ser convertidos en pasto de las llamas a manos de esa inquietante y paradójica brigada de bomberos. Una vez acumulados todos los libros en una enorme pira, y a pesar de los requerimientos de los bomberos para que abandone su domicilio, la anciana decide permanecer en compañía de sus libros y autoinmolarse junto a ellos. Cuando leí la novela por vez primera, con apenas 18 años, me pareció que la decisión de la anciana era la única posible, su sacrificio tenía una lógica aplastante y era inevitable. Yo pensaba (hoy, sigo pensando igual) que una anciana solitaria, en los últimos años de su vida, recluida entre sus libros y sus recuerdos, con muy poco futuro por delante pero con mucho pasado a sus espaldas, no podía limitarse a ver impasible como ardían y se convertían en cenizas todas aquellas lecturas que le habían ido acompañando a lo largo de su larga vida. Su muerte era un bello homenaje a los libros, memoria del hombre, memoria de nuestro pasado, y envase perfecto para conservar las vivencias y los vestigios de nuestra vida.

Mientras depositaba la novela sobre otra pila de libros, preparada para ser trasladada de habitación, no pude evitar seguir reflexionando sobre el mundo de los libros. Recordé haber leído en algún lugar la acertadísima definición que un famoso coleccionista de libros alemán hacía de la palabra Bibliófilo: “es una persona capaz de descubrir que el libro no es un objeto, sino una intimidad, un propósito.” Escueta y genial definición.

El libro es un objeto tangible, que ocupa un espacio. Es un objeto que sabemos que existe y que está en algún lugar, que debemos buscar y encontrar. La información que contiene un libro nos pertenece mientras seamos sus poseedores, a diferencia de las nuevas tecnologías en las que la información es virtual. Y junto a la información que contiene, lleva prendidos de él marcas, señales, recuerdos, olores… Habrá quién discrepe y mantenga que lo realmente importante es el contenido. No seré yo quién discuta esa obviedad, pero dejadme al menos defender la tremenda importancia (mucho mayor que la que se le concede) que para mí posee el continente. Los bibliófilos conocen cada libro, lo recuerdan en su cabeza y a veces en un rinconcito de su alma. Conocen su ubicación exacta, aunque su biblioteca no esté “ordenada” según criterios técnicos. Don Julio Caro Baroja, también argumentó en esta línea, con una frase igualmente acertada: “los libros son el único objeto que conozco, que merezca ser motivo de culto”.

Previsiblemente, aún nos queden dos generaciones de compradores de libros antes de que el e-book o libro electrónico lo invada todo y convierta nuestras bibliotecas en algo tan aséptico como un quirófano. Yo, mientras tanto, al igual que hacen los vagabundos en las frías noches de invierno, envolviendo su cuerpo con papel de periódico para soportar mejor las bajas temperaturas, seguiré envolviendo las paredes de mi buhardilla, acicalada y con parket, con estanterías llenas de libros que me permitirán vivir estrechamente unido a la memoria que representan los libros que poseo.

Y tras este receso, voy a empezar a desmontar esa estantería llena de libros de viaje…..¡¡uff!! Hacía tiempo que no le echaba un vistazo a esta Guía de Dubrovnik, quizás me siente a hojearla y continúe con la mudanza mañana.

RAFAEL VILCHES

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

Editores y escritores: "Genius" de Michael Grandage.

Cuando el cine y la literatura se unen para dar lugar a un producto puede pasar cualquier cosa. Y de entrada nadie diría que la figura de un editor puede hacer surgir el entusiasmo que todo protagonista debe causar en el público. Si el editor es Max Perkins y el escritor es Thomas Wolfe, la cosa puede empezar a variar. Pero, si el editor es Colin Firth y el escritor Jude Law, entonces todo se puede transformar en una verdadera alegría para el cuerpo y los sentidos.  Me confieso colinfirthiana desde que este hombre altísimo y con mirada inteligente bordó el papel de Fitzwilliam Darcy en "Orgullo y Prejuicio" versión de la BBC de 1995. Nunca ha habido ni lo habrá un actor que se convierta en un personaje austeniano más verosímil. Tanto es así que miles de admiradoras lo siguen identificando con Darcy, el hombre enamorado de Elizabeth Bennet que todas hubiéramos querido conocer. Ves a Firth y te crees que estás viendo a Darcy. Pero, aún más, lees a Austen y observas el ...

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emp...

Mafalda, Quino y las horas más dulces

Estoy viendo que tienes pocos años. Estás en el jardín de aquella casa. Una ventana entreabierta muestra el cuarto de juegos de los niños. Todos están hablando, hay una algarabía que parece un rumor sordo sobre el que descansar los ojos y las manos. La rutina discurre plácidamente. Es verano y el calor se ha asentado en la hora posterior a la siesta. En el jardín, en una jaula pintada de rosa, con columpios y bebederos de metal dorado, está Carlitos , tan acostumbrado al ruido de los niños que ni se inmuta, ni se molesta, sabe que es el sonido de la vida cotidiana en la casa. Estás leyendo un libro. O mejor, una tira, un cómic, un libro con imágenes. En las imágenes hay otros niños y sus nombres y sus figuras ya te son familiares: Está Manolito, que tiene tanto trabajo para entender las cosas; Felipe, tannnn romántico; Susana, que quiere ser mamá a toda costa y cuanto antes; Libertad, que murmura discursos de mayores con palabras tan fuertes (democracia, derecho, revolución);...

"El impacto de lo viejo"

Puede parecernos que los tiempos han cambiado tanto que las manifestaciones artísticas son la cruz de aquellas que pueblan la historia del arte. Puede parecernos que los temas, los modelos, las técnicas, los formatos, han modificado de tal manera su esencia que nada de lo que ahora se trabaja en los talleres de los artistas tiene parangón con el pasado. Puede parecernos, incluso, que los lenguajes son diferentes, simplemente porque podemos echar mano del iPad, del móvil o de la televisión por cable. Fuera de Silicon Valley la vida continúa poco a poco, sin ese estruendoso girar de las horas que convierte los minutos en revoluciones constatables. El Big Data, las telecomunicaciones, la web 3.0., la hiperconectividad, los paraísos virtuales, las redes sociales, todo ello es el signo de los tiempos, la muestra clara de que los siglos generan contradicciones, iconos y un muestrario imposible de evitar en el que nuestra vida se muestra hasta en su mínima esencia.  Pero, si ahon...

Clásicos juveniles: Julio Verne adivina el futuro

Julio Verne , de quien comenzamos enlazando una Webquest realizada con motivo del primer centenario de su muerte, celebrado en 2005, es uno de los escritores más prolíficos, originales e interesantes de la historia de la Literatura universal. Incluso quiénes no hayan leído sus libros tienen referencias sobre su obra, sobre sus novelas, algunas de las cuales se anticiparon al desarrollo de la vida sobre el planeta. Los libros de Julio Verne  (Nantes, 1828-Amiens, 1905) son considerados como literatura juvenil de primera magnitud y muchos de ellos se usan en las aulas para incentivar la lectura y para que los alumnos se adentren en el tesoro de la palabra escrita. Sus comienzos como escritor fueron difíciles. La primera obra que le supuso reconocimiento y fama fue Cinco semanas en globo publicada en 1862. Sus siguientes obras en esta línea fueron Viaje al centro de la Tierra , De la Tierra a la Luna y La vuelta al mundo en ochenta días , una de las más apreciadas...

Historia de un narcisista: incapaz de amar

Tenía en una de las estanterías cerradas con llave un librito pequeño que siempre pensé que era una novelita de amor. Su título es engañoso "Incapaz de amar". Estaba por ahí y nunca le había hecho el menor caso. Eso ocurre a veces con los libros. Llegan a ti no sabes cómo y se quedan por la casa, vagando, a veces quietos, otras veces de un sitio a otro. En este caso ese librillo estaba en la segunda fila de un estante, de esos que contienen libros que te interesan poco y por eso los pones en un lugar recóndito.  Mi manía de quitarle el polvo hasta a los libros que están en cristaleras, todos prácticamente, me ha llevado a descubrirlo ayer tarde y fijaros que lo he leído de un tirón, porque no es una novelita al uso sino un casi ensayo sobre un caso real en el que una mujer inteligente, elegante, culta y bien situada se enamora nada más y nada menos que de un individuo narcisista. Creí que los narcisistas no existían, que eran una invención de la psicología freudiana, ...

Sobre la lectura

La cuestión de la lectura, cómo debe abordarse en los entornos escolares, qué sentido tiene la animación a la lectura, cómo se forman lectores, etc., es un tema que está presente, aunque no lo creamos, en múltiples discusiones científicas, que van de Niesztche a Barthes pasando por otros destacados filósofos, filólogos, historiadores o educadores. Es un aspecto de nuestro trabajo que tiene tanta importancia que quizá estemos obligados a pensar en él, de forma crítica y conociendo lo que han opinado y opinan del tema algunos expertos que pueden arrojar luz al debate. He aquí algunas de esas opiniones, que seguiré completando más adelante. Ojalá fuera posible trasladar esa discusión a nuestro propio hábitat escolar: LA más notable obra de nuestra literatura –porque en toda nuestra literatura no hay nada comparable– en el bachillerato nos la prohíben, es decir, nos la recomiendan; es lo mismo que prohibir, porque recomendar a uno como un deber lo que es una carcajada contra la adapt...

Daphne du Maurier: siempre nos quedará Manderley

  La fama de "Rebecca" ha oscurecido un tanto la de la escritora que la creó, Daphne du Maurier , una londinense de 1907 que murió en Fowey, Cornualles, el 19 de abril de 1989. Pocas escritoras han dado tanta gloria al cine con sus historias. Hasta en cuatro ocasiones sus libros fueron el argumento de importantes películas, tres de ellas por el maestro Hitchcock. Los pájaros, La posada Jamaica, Rebecca, son esas tres. Y luego está La prima Rachel , de 1952 y dirigida por  Henry Koster. Aquí los protagonistas son Richard Burton y Olivia de Havilland, curiosamente la hermana mal avenida de la protagonista de  Rebecca , Joan Fontaine. Hay otra versión más reciente de La prima Rachel  dirigida por Roger Michell y con Rachel Weisz en el papel central. Tan inquietante como todas las obras de esta escritora.  Daphne era la mediana de las tres hijas de un matrimonio formado por un actor y una actriz. Toda su familia está llena de antecedentes artísticos, por lo q...

Moda femenina en la época de Jane Austen

Jane Austen  vivió entre 1775 y 1817, el período histórico conocido como “época georgiana”. Se dio la circunstancia de que, entre 1811 y 1820, precisamente el período en el que  Austen publica sus novelas, el rey George III tuvo que ceder el trono al Príncipe de Gales, luego George IV. Ese período se conoce como “la Regencia”. Los personajes de las novelas de  Jane Austen  visten de acuerdo con la “moda Regencia”. Era una moda que venía, como es natural, de Francia y que, cuando se cortaron los lazos entre ambos países, quedó desprovista de las innovaciones del país vecino, en una especie de prolongación artificial de las tendencias.  En  “Emma” , por ejemplo, novela que podemos tomar como referencia para ver el arreglo femenino, solamente hay cuatro alusiones al look de una mujer. La primera de ellas es la referida a los botines de cordones que Emma rompe adrede para obligar al señor Elton a que las invite, a ella y a Harriet, a entrar en ...