miércoles, 29 de febrero de 2012

Recomendaciones para jóvenes

Libros recomendados a partir de los 14 años por ANCILES

martes, 28 de febrero de 2012

Y...¿no es esto, quizá, la vida?

(Dedicatoria: A Colin Firth, el mejor Darcy)

Releo "Emma" y vuelvo a preguntarme acerca de su autora, Jane Austen. El libro que leo tiene muchos años, es una edición de bolsillo de 1982 y lleva una introducción de Carlos Pujol muy buena, lo mismo que la traducción. Diréis que, para lograr saber si una traducción es buena habría que conocer el idioma original. No hace falta, os digo, porque se consigue leyendo diferentes versiones de un mismo libro y teniendo también muy cerca a la propia autora y su forma de escribir. De todas formas, si por algo quisiera dominar el inglés es por esto, por poder leer a gente como Austen en su idioma. En fin...

Releo "Emma" y aparece ante mí la figura casi escondida de Jane Austen. Esa transparencia, esa invisibilidad que la llevó a publicar uno de sus libros con la firma "by a lady" ("por una dama"). Otros muchos los publicó de forma anónima. Incluso, cuando tenían éxito, sus reediciones tardaban años.  Nunca quiso pertenecer a los cenáculos literarios y pasó su vida en familia, primero con sus seis hermanos y luego criando a sus numerosos sobrinos. No se casó, aunque era atractiva, inteligente, culta, alegre y le gustaban los bailes y la música, algo que introduce siempre en sus novelas, pues un baile es, en la pequeña sociedad de la clase media rural inglesa que ella retrata, un momento culminante, un acontecimiento, porque te permite tejer silencios y palabras en torno a los demás.

Jane Austen es un personaje tan interesante o más que las heroínas de sus novelas. Quizá Emma sea la que más pueda parecérsele, aunque al final acabe casándose con el señor Knigthley, un dechado de perfecciones, en la misma línea que lo era Darcy, su mejor retrato masculino.

No necesitó el reconocimiento externo, que le llegó muy tarde y que disfrutó poco tiempo. Los pequeños placeres de la vida, la bendita rutina de la que tanto abominamos pero que, cuando desaparece, nos hace añorarla tanto, todo eso es el mundo en el que eligió vivir. Sin embargo, eso no significa que renunciara a su vocación o a su talento. Todo lo contrario. Perseveró en un mundo de hombres hasta conseguir que sus obras se publicaran. Y siguió escribiendo siempre, desde su adolescencia hasta el final de su vida, porque ahí, en esas novelas, encontraba el mejor universo en el que desenvolverse. Era tan importante ese mundo literario de creación que tenía en sus manos, que no necesitó otro. La imagino observando lo que a su alrededor acontecía en esos días y horas. La imagino muchas veces, cuando yo también observo la naturaleza humana, esa que, según decía Jane Marple, "es igual en todas partes".

(Ilustración: Jane Austen por Cassandra Austen)

lunes, 27 de febrero de 2012

Escritos ajenos

(Cultural de El Mundo. Artículo de Ignacio Echevarría)

Bajo el desconcertante título El novelista ingenuo y el sentimental reunió Orhan Pamuk las seis conferencias que leyó con motivo de impartir uno de los célebres seminarios Norton de la Universidad de Harvard, en 2009. El volumen ha sido publicado recientemente por Mondadori, y quien atraviese la cáscara de aparente ingenuidad y de amable perogrullismo con la que Pamuk envuelve pudorosamente su cultura autodidacta se encontrará con un puñado de sorprendentes, audaces y certeras reflexiones en torno al arte de la novela y algunas de sus implicaciones.

Una de las conferencias lleva por título “Museos y novelas”, y comienza trazando un inesperado paralelismo entre ambas instituciones, por así llamarlas. Lo hace por virtud de su común “cualidad archivística”, es decir, por “su capacidad para conservar costumbres, actitudes y formas de vida”.

Pamuk apunta una muy plausible analogía “entre el desarrollo de los museos y la transición histórica en los géneros literarios”.

Y enseguida constata cómo, “del mismo modo en que los museos conservan objetos, las novelas no sólo conservan palabras, fórmulas verbales y modismos, sino que también dejan constancia del modo en que se utilizan en las conversaciones de la vida diaria”.

“El hecho de reproducir el lenguaje cotidiano es un rasgo distintivo de la prosa de ficción”, concluye Pamuk con algún atrevimiento, e hila esta observación con la del registro a menudo minucioso -aunque no siempre consciente- que las novelas hacen de lugares, situaciones, hábitos, atuendos, modas de todo tipo. Esto último lo invita a sostener que “al igual que las familias van a un museo los domingos, pensando que conserva algo de su pasado y deleitándose con este pensamiento, los lectores también sienten cierto placer al encontrar que una novela incorpora aspectos de su vida real”, ya se trate de un suceso, de una calle, de una marca de automóvil, de lo que sea.

La vanidad del reconocimiento, sí, que explica la obstinada perseverancia del costumbrismo, bajo los más inopinados disfraces. Una vanidad a la que se suma la que lleva aparejada el sentimiento de distinción que por sí mismo procura el hecho de leer una novela, de visitar una exposición (y que explica la fortuna del bel letrismo y la metaficción en la novela contemporánea, así como muchas de las estrategias que emplean los museos para atraer espectadores).

Para Pamuk, “este tipo de orgullo y sus variaciones son los sentimientos compartidos que vinculan a novelas y museos, o a lectores de novela y visitantes de museos”. Una observación esta que eleva el vuelo un poco más adelante, cuando Pamuk constata el muy diferente peso que tiene la política en los museos y en las novelas.

“Se ha convertido en tópico hablar de política cuando se habla de museos”, dice Pamuk. “Por otra parte, hablar de política en una novela, o hablar de política cuando se habla de novelas, es algo que hoy día se hace con menor frecuencia, sobre todo en Occidente.”

¿Por qué?

“Visitamos un museo; miramos unos cuantos cuadros y objetos; y luego, durante el fin de semana, leemos la crítica de la exposición en el periódico, que especula sobre la política oculta tras la elección del comisario. ¿Por qué se eligió una pintura en lugar de otra? ¿Por qué se descartaron otras obras? El problema que afecta a los museos y a las novelas, y que, por lo tanto, crea un vínculo entre ellos, es el de la representación y sus consecuencias políticas. Este problema es más evidente en países no occidentales relativamente pobres, en los que el número de lectores es menor.”

Las perspectivas que en su conferencia traza Pamuk sobre este problema resultan de lo más sugerentes, e invitan a debatir extensamente sobre él. Me limito a destacar una sola. Para Pamuk, la clave reside en el hecho de que “los escritores occidentales no escriben para representar a nadie, sino simplemente para su satisfacción”. Con toda naturalidad, “dan por sentadas la riqueza y la educación de un público literario consolidado”, de modo que “no se sienten partícipes de ningún conflicto sobre a quién y qué retratar, y no les angustia la cuestión de para quién escriben, con qué fin y por qué”.

Esta supuesta ventaja, que todos asumimos como tal, ¿lo es realmente? ¿No supone un arrinconamiento de la literatura a su dimensión más chatamente “museística”? ¿No implica una penosa minimización de su ámbito de incidencia, de influencia? ¿No es su total ausencia de representatividad la responsable de su insignificancia?

Seguiremos preguntando.

domingo, 26 de febrero de 2012

Un escritor andaluz

Mi amigo Ángel Vela, escritor y trianero ejerciente, me avisa por correo electrónico de la muerte de Manolo Barrios, Manuel Barrios: "siento decirte que este mismo mediodía ha muerto nuestro admirado Manolo Barrios". Después de eso, otros escritores y articulistas se han hecho eco de su fallecimiento, destacando todos el papel central que jugó Barrios como luchador antifranquista y el legado de sus libros, muchos de ellos dedicados a lo que conocemos como "cultura andaluza". Me fascinó, cuando lo leí, su libro "Gitanos, moriscos y cante flamenco". Abrió una puerta de posibilidades con este libro que todavía no se ha cerrado y que espera mayores investigaciones y más búsquedas. También se destaca tras su muerte que no recibió honores, ni medallas ni recompensas oficiales. Precisamente ha muerto en las vísperas de la entrega de las medallas del Día de Andalucía, que nunca tuvo en su poder. Pero no ha podido ser.
Manuel Barrios nació en San Fernando, mi tierra, en 1924. Ha vivido, pues, hasta casi los 88 años. Una vida larga, prolífica y creativa. Narrador, periodista de prensa escrita y de radio, flamencólogo de gran formación, conocedor máximo de la historia de Andalucía, formó parte de ese grupo denominado "narraluces", escritores con vocación de dar a conocer la riqueza de Andalucía más allá de los tópicos. A pesar de su edad, en el momento de su muerte se encontraba trabajando nada menos que en tres libros, uno de ellos dedicado a la Constitución de Cádiz. Aunque vivió en Sevilla desde muy joven, siempre conservó la querencia y el arraigo con su tierra. En el mundo del flamenco era muy admirado y seguido, sobre todo por aquellos que, lejos de interpretaciones raciales, han buscado ahondar en el conocimiento más amplio de este arte.

sábado, 25 de febrero de 2012

Carnaval de la nostalgia


(Dedicatoria: A Pepe Cuenca y a Juan Cabrerizo, in memoriam)

Si llegas a San Fernando y quieres conocer su Carnaval, de gran arraigo y tradición en toda la bahía, tienes que ir a la Plazoleta de las Vacas, de nombre real Plaza Sánchez de la Campa, en el barrio de la Pastora, mi barrio. De la Plazoleta sale la calle Mariana Pineda, que desemboca en mi colegio, que ya no existe, la Academia Maura. También allí cerca estaba la Academia de Don Manuel, "Santa Teresa", responsable de que escriba tan rápido a máquina y a ordenador y de que sepa redactar escritos, informes, cartas, solicitudes y toda clase de documentos. La Iglesia de la Divina Pastora es el templo que ha visto las comuniones y bautizos de muchos de mis hermanos y amigos, incluso alguna boda. Junto a la Iglesia estaba, en su local social, el Club Mente Joven, donde pasé al menos seis años de camaradería, juegos, música, bailes y teatro. Pero, lo más importante de todo, es que de la Plazoleta de las Vacas parte mi calle, la calle Carraca, la calle en la que viví desde los dos años a los veinticuatro. Mi calle. Que antes llegaba hasta la carretera que va, por un lado, a la Estación y, por otro, a la Bazán, San Carlos o el Puente Zuazo. Ahora la calle no llega a ninguno de estos sitios porque han cortado San Fernando en dos y, al final, han puesto unas enormes pantallas verdes antirruido, horrorosas, para qué vamos a decir otra cosa. Justo antes de ellas está la antigua calle del cine, que ya no es tal, pues tampoco existe el cine Carraca, el cine de verano en el que veíamos tantas y tantas películas un día y otro.
Toda esta zona que te describo es el barrio del Carnaval en San Fernando. Allí está el centro de todo. Si vas, puedes tomarte una cervecita con las tapas propias de la tierra en la Plazoleta, y escuchar los coros que están allí echándose un cante. A mí me gustan los coros más que nada, más que el resto de agrupaciones, aunque una buena chirigota tiene mucho arte. Pero el coro tiene una esplendorosa música, el tango, del que ha bebido el flamenco y que ha construido verdaderas obras de arte a lo largo de su historia. Cuando yo estudiaba en Cádiz y luego, cuando empecé a trabajar en Chiclana, todos los años había alguna letra que hacía furor y que pasaba a formar parte del legado de los pueblos. Incluso yo misma escribí alguna letra para las agrupaciones que hacíamos los profesores del colegio de Santa Ana.
Llevo tanto tiempo en Sevilla, donde no me conoce nadie (porque nadie que no te haya visto cuando eras una niña o una muchacha te puede conocer de verdad) que me sorprendo cada vez que voy a Cádiz o a San Fernando, y puedo oír esas palabras que forman su vocabulario específico: bajera, casapuerta, güichi, alcoba, bienmesabe, refino... y otras más que no escribo por decoro. Llevo tanto tiempo fuera que hasta he perdido ese sentido del humor, ese reírse de uno mismo que es propio de mi tierra, y que solamente recupero cuando estoy con mi gente, en mi pueblo o en mi antigua calle. Esto es un exilio en toda regla.
Por eso, viva el carnaval. Porque estos disfraces son auténticos, no como otros.

jueves, 23 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (III)

Luis de Góngora (1561-1627)
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas ruinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,
Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!


(El Guadalquivir en Córdoba es azul)


miércoles, 22 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (II)

Pablo Neruda (1904-1973)

Amarrada a la costa como una clara nave,
Cádiz, la pobre y triste rosa de las cenizas,
azul, el mar o el cielo, algunos ojos,
rojo, el hibiscus, el geranio tímido,
y lo demás, paredes roídas, alma muerta.
Puerto de los cerrojos, de las rejas cerradas,
de los patios secretos serios como las tumbas,
la miseria manchando como sombra
la dentadura antigua de una ciudad radiante
que tuvo claridad de diamante y espada.
Oh congoja del papel sucio que el viento
enarbola y abate, recorre las calles pisoteado
y luego cae al mar, se consume en las aguas,
último documento, pabellón del olvido,
orgullo del penúltimo español.
La soberbia se fue de los pobres roperos
y ahora una mirada sin más luz que el invierno
sobre los pantalones pulcramente parchados.
Sólo la lotería grita con mentira de oro:
el 8-9-3 el 7-0-1
el esplendor de un número que sube en el silencio
como una enredadera los muros de las ruinas.
De cuando en cuando golpea la calle un palo blanco.
Un ciego y otro ciego. Luego el paño mortuorio
de seis sotanas. Vámonos. Es hora de morir.


(El mar de Cádiz es azul. Fotografía de J. C. M. )


martes, 21 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (I)

Manuel Machado (1874-1947)
Cádiz, salada claridad; Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las Tres Carabelas...
y Sevilla.


(El Puente de Triana es azul. Fotografía de A.M.L.)

lunes, 20 de febrero de 2012

El himno de Andalucía


Entramos en la Semana de Andalucía. El Día de Andalucía se celebra el 28 de febrero de cada año y por ello en todos los centros educativos andaluces se realizan actividades conmemorativas. Para completar el envío que se ha realizado a todo el profesorado, conteniendo el texto completo del Estatuto de Autonomía, otra versión para escolares y unas actividades TIC, aquí está el himno de Andalucía para que pueda trabajarse en clase con los alumnos y conocerse con detalle.


domingo, 19 de febrero de 2012

"Verano y amor" de William Trevor

Si es un sábado de sol y rebuscas en cualquier librería en la zona de novedades, siempre puedes hallar algo. Como este libro que tengo entre las manos, casi terminado de leer en una tarde: "Verano y amor". Ya ves, no conocía al autor. William Trevor nació en 1928 y vive todavía en su casa de Devon, en Inglaterra, el condado que tantas veces aparece en los libros del XIX que me gusta leer. Trevor es un gran escritor, un excelente escritor, de palabra luminosa y sobria a la vez. El libro que tengo entre las manos transcurre en una pequeña población de Irlanda y el retrato de los paisajes, de los olores y sabores, de las tareas en las granjas y en las casas, es tan exacto a lo que una imagina que sería la vida en los pequeños pueblos de Irlanda en los años centrales del siglo pasado, que, desde las primeras páginas tienes ya en la retina todo ese tiempo de los años cincuenta que el autor recrea impecablemente. Son los años de su juventud, esos que siempre permanecen anclados en nosotros y que, por lo mismo, vuelven una y otra vez en forma de escritura, si es que eres un escritor como Trevor o como cualquier otro.
Allí, en el libro, están la rubia y joven Ellie; el granjero Dillahan, cuyo sufrimiento es paralelo a su voluntad de superación; el fotógrafo Florian, que ha encontrado precisamente en la captación de imágenes con su Leika, la única forma de afirmarse en un mundo donde apenas tiene sitio. Allí está la atormentada señorita Connulty, que no tiene ni nombre. Allí están la estafeta de correos, la iglesia, la pensión, el bazar, la granja, todos los lugares que comparten espacio en el pueblo de Rathmoye con el cine extrañamente incendiado.

La edición que he leído, y que está ya en la biblioteca del Instituto, es de 2011 y de la editorial Salamandra, traducida por Victoria Malet. Pero podrás ver en la Red, si tienes curiosidad, que ha sido traducida a varios idiomas y tiene diversas ediciones.

sábado, 18 de febrero de 2012

"Siempre tuyo" de Daniel Glattauer

Si leíste en su momento "Contra el viento del norte" y "Cada siete olas", seguramente te gustará leer "Siempre tuyo", la última novela de Daniel Glattauer, en su editorial de siempre, Alfaguara:

Judith conoce accidentalmente a Hannes en el supermercado. Unos días después, él se presenta en su pequeña y exclusiva tienda de lámparas. Hannes es arquitecto, está en su mejor momento y es el yerno con el que cualquier suegra soñaría. También los amigos de Judith quedan seducidos de inmediato. Pero ¿por qué ella no es capaz de dejarse llevar y disfrutar de su nueva situación?

Daniel Glattauer, el autor de las exitosas novelas Contra el viento del norte y Cada siete olas, que conquistaron a la crítica internacional y a más de dos millones y medio de lectores, vuelve a desafiar las leyes del género romántico, esta vez, con un apasionante giro de suspense. Siempre tuyo nos hace pasar de la sonrisa al miedo, y replantearnos nuestros sueños de amor eterno.

«Una comedia a lo Woody Allen que acaba siendo un thriller de Hitchcock. »
Antonio Sánchez Solís, ABC
«El estilo Glattauer –directo, rápido, dialogado: impaciente– sigue presente en Siempre tuyo… El bandazo literario de Glattauer catapulta hacia los territorios abisales de la vida. »
Tereixa Constenla, El País
«¿Qué es el amor? ¿Qué puede ser el amor? Y, ¿es esto todavía amor? Estas son las preguntas que Daniel Glattauer, el autor austriaco de más éxito del momento, plantea en su nueva novela, Siempre tuyo… En esta novela volverá a entusiasmar a sus lectoras con su penetrante mirada en las profundidades del alma humana, especialmente, del alma masculina. Quien admire a Glattauer por su forma de escribir, distendida e ingeniosa, esta vez encontrará las dos cosas: entretenimiento con profundidad. O viceversa.»
Kulturmontag
«Todo lo que toca Daniel Glattauer se convierte en un éxito y parece claro que Siempre tuyo lo será también. Los ingredientes de la novela son prometedores: una historia de amor que se convierte en thriller, divertida y contada de forma ligera, ingeniosa y emocionante.»
Irene Zöch, Die Presse

jueves, 16 de febrero de 2012

La memoria de Eudora Welty

De  Eudora Welty ha sacado Impedimenta, una de nuestras editoriales favoritas, una obra que merece la pena leer: su libro de memorias. Aquí os he anotado la reseña que la propia editorial ha colgado en su web. El libro se llama "La palabra heredada. Mis inicios como escritora" y tiene una traducción muy cuidada de  Miguel Martínez-Lage:

En La palabra heredada, el delicioso libro de memorias que Eudora Welty escribió a los 75 años, los recuerdos de la niñez se vinculan a los comienzos de su carrera literaria, y se recrea un mundo que ya no existe con la sutileza y el ingenio que siempre caracterizaron la obra de ficción de la excepcional autora sureña. El sonido de los relojes, las altas montañas de Virginia Occidental, la madre independiente y enérgica. La emoción de lo que se rememora y nunca volverá. Inicialmente concebida en forma de tres conferencias impartidas en Harvard, la obra se convirtió en un auténtico best seller en 1984, y se mantuvo durante meses entre los libros más vendidos de la lista del New York Times. Estamos, pues, ante una joya del género biográfico, recuperada ahora con las imágenes familiares de la edición original, y la mítica traducción de Miguel Martínez-Lage, revisada y corregida para la ocasión.

Biografía de la autora:
Eudora Welty nació en Jackson, Mississippi, en 1909. Se trata probablemente de la autora sureña más brillante del siglo XX. Comparada con William Faulkner, fue la primera escritora que vio publicada en vida su obra en la prestigiosa Library of America. Estudió en la Universidad para Mujeres de Mississippi.

Reseña del traductor:
Miguel Martínez-Lage (Pamplona, 1961-Madrid, 2011), es Premio Nacional a la Mejor Traducción 2008 por su traducción de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell. Cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Navarra y en la Autónoma de Madrid. Ha ejercido como profesor y como asesor y critico literario. Ha traducido más de 200 obras de autores como Martin Amis, W.H. Auden, Saul Bellow, Don DeLillo, Ernest Hemingway, Henry James, George Orwell, Ezra Pound, George Steiner, Evelyn Waugh, Eudora Welty, Virginia Woolf, Joseph Conrad, Edgar Allan Poe, J. M. Coetzee, William Faulkner, Samuel Beckett, Robert Louis Stevenson o John Steinbeck.

martes, 14 de febrero de 2012

Maestras

Gracias a Nacho Lara y a Antonio Parrado, que puso los medios técnicos, una de estas tardes, de un frío día de febrero, tuve ocasión de compartir con algunas maestras y un maestro, además de algunas profesoras, una bonita tarde en torno a libros, lecturas y clases. Así que, para daros las gracias a todos, aquí tenéis un relato, que quizá os traiga el eco de vuestra propia infancia y que sirve para recordarnos que, como digo siempre, la mejor suerte del mundo es tener, alguna vez en la vida, a un buen maestro cerca:

Retrato de niña con mapa al fondo

A los seis años me llevaron al colegio. Aquel colegio estaba en una casa antigua. Tenía un patio al que se abrían todas las puertas y una entrada con azulejos sevillanos y un suelo muy fresco de mármol gris. Estaba en una calle muy alegre, en la confluencia de otras varias que forman desde entonces el triángulo sentimental de toda mi infancia. Las calles tenían naranjos y unas enormes casas con portalones y casapuertas, casas de grandes ventanas y de azoteas. Desde las azoteas, las gentes de aquellas calles podían ver el paso de las procesiones de la iglesia cercana, la Oración en el Huerto o la Misericordia. Era un barrio muy alegre, luminoso, cuya fisonomía puedo reproducir en mi cabeza de forma exacta, como si los años no hubieran pasado. En esa reproducción, en ese cuadro que puedo dibujar en la memoria, están también los olores, olores al azahar que desprendían los naranjos y olores a goma de borrar o a tinta, el olor peculiar de las escuelas.

             El tiempo del colegio fue maravilloso. No quise faltar ningún día, todas las mañanas acudía temprano, muy temprano, antes de que abriera, y esperaba sentada en el escalón de la puerta. En el colegio era muy feliz, en ese colegio las cosas eran divertidas, entretenidas y pasaban cosas curiosas. Las dos hermanas enormes que se agarraban con fuerza a la mesa porque no querían ir al despacho del director cuando las castigaban; la habitación que estaba junto a la clase, en la que ensayábamos los teatros y hacíamos juegos; la enorme pizarra lateral que aparecía todos los días sembrada de signos: Muestra, Copia y Abecedario. Debajo, las fatídicas Cuentas y los Problemas. También estaba por allí el “cuartito” y la clase de los más chicos, adonde fui una vez a cantarles “Estaba el señor Don Gato”.

             En el colegio yo nunca estuve sola. Tenía sitio en la clase, en el patio y también en el camino a casa, un camino largo y lleno de calles especiales, de casas bajas, de suelos llenos de piedras y de recodos. Podía uno seguir la ruta de la calle Mariana Pineda, larga y directa, que daba a la Plazoleta de las Vacas, donde estaba el Palenque, con un fuerte olor a pescado a veces y, desde allí, enfilar la calle Carraca, muy larga y sinuosa, con tres zonas claramente definidas. En la última de ellas, la más cercana a la carretera de la Bazán, allí estaba mi casa.

             Ir a ese colegio fue una gran suerte. La maestra era la mejor maestra del mundo. Su voz era música para nosotros y su sonrisa una recompensa en el trabajo. Nuestras madres decían que en ese colegio se aprendían muchas cosas y, cuando desapareció, todo el mundo lo echaba de menos. Tuve una gran suerte: ir a ese colegio y tener a esa maestra como profesora durante los años de la primaria. No todo el mundo puede decir lo mismo. Por eso, ese tiempo y esas horas de colegio son lo mejor de todo. El mayor paraíso.

(Caty León)

lunes, 13 de febrero de 2012

Se fue Germán Sánchez Ruipérez

En el día de ayer falleció el editor y promotor Germán Sánchez Ruipérez. Su labor al frente de la Fundación que lleva su nombre y todo el trabajo que realizó para elevar el nivel lector de su pueblo, de la zona circundante y del entorno rural en el que nació, merece un recuerdo en esta tarde en la que Nacho Lara y sus alumnos y alumnas del curso de Bibliotecas del Cep, están pasando aquí un rato viendo un poco de lo que hacemos en este Instituto.

domingo, 12 de febrero de 2012

Merece la pena: el blog de María Sanz

María Sanz es una de las voces más personales de la poesía española actual. Entra en su blog y sigue de cerca su poesía. Merece la pena.

Las mejores novelas de amor (mis mejores...)

1. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

2. El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence

3. Anna Karenina, de León Tolstoi

4. La edad de la inocencia, de Edith Wharton

5. Cumbres Borrascosas, de Emily Brönte

Seguro que tú tienes tu propio ránking. Puedes enviarlo en forma de comentario.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Cádiz


(Dedicatoria: A Lale)
Fue en Cádiz el pasado día 6, el lugar y la fecha en la que presenté a mis compañeros, los directores de Andalucía, algo del trabajo que hacemos en cuanto al libro, la lectura y la biblioteca. A través de nuestro blog, muchos directores de Andalucía ya nos conocen y aprecian el trabajo que hacemos. Yo agradezco de todo corazón el cariño y el respeto con el que ellos escuchan siempre las experiencias de trabajo de los demás. En mi misma mesa de trabajo Gabriel habló de competencias y Paco de convivencia, dos temas que tienen tantas aristas que siempre es posible aprender algo y discutir mucho.
Los directores de Andalucía nos hemos reunido otra vez más y hemos hecho posible el milagro del intercambio de ideas y la puesta en común de nuestras propuestas para mejorar la escuela pública. Porque ese es el compromiso de tantas horas de trabajo, sin recompensa alguna, para intentar comunicarnos y establecer lazos que nos ayuden en la soledad del cargo, esa soledad que, a veces, pesa tanto. Nos entendemos bien porque conocemos las vicisitudes, las dificultades y las casuísticas que nos llenan el día a día de peldaños que hay que subir con la mayor sabiduría y el mejor talento. Expliqué a los compañeros de mi mesa, en la sesión de tarde, que el 30 de junio terminaba mi tarea como directora en este Instituto y que tenía únicamente la esperanza de que algo de lo que se ha logrado en once años pudiera permanecer. Una esperanza que no siempre es posible, pues los centros cambian de rumbo en cuanto cambian los equipos. Por eso en la educación pública pocas cosas permanecen.
Fue en Cádiz. En esa ciudad que vio los años de mi infancia, cuando acudía a la calle José del Toro, a casa de mis tíos, Lola y Maxi. A la plaza Candelaria, a ver los títeres. A La Caleta, para los baños de agosto. Cádiz. La ciudad en la que estudié Magisterio en la escuela Normal que ya no existe, en la que conocí a algunos amigos del alma, el mejor de todos Antonio Lobato, que está, afortunadamente todavía y por siempre, al otro lado del correo electrónico. Cádiz, donde estudié los dos primeros años de la carrera, en ese Colegio Universitario que estaba en Valcárcel, con profesores como Suárez Japón, Ladero Quesada o Genaro Chic, afortunadamente recobrado como amigo en la actualidad.
Pues sí, fue en Cádiz donde mis compañeros directores han podido ver el precioso vídeo sobre la biblioteca que ha hecho Antonio Granero (gracias, gracias, Antonio) y así entender un poco el peso de un trabajo que, durante once años, me ha hecho pensar en los libros como en el mejor pasaporte al conocimiento y la felicidad.
A mis compañeros directores de toda Andalucía les dedico esta entrada. A todos ellos, con el sabor agradecido de la despedida a Pepe Cercós y la bienvenida entrañable a Juan Luis Belizón, que es para mí alguien tan cercano como la familia de mi madre, la calle Fierro en la que nací, las tortas de almendra de las monjas, el colegio de Santa Ana, donde enseñé y la iglesia de San Juan Bautista en la que me bauticé.
Cádiz, siempre. Y siempre los libros. Y el trabajo bien hecho de los directores que creen en la enseñanza pública y dedican su tiempo a que las cosas cambien para mejor. Aunque sea en soledad.

martes, 7 de febrero de 2012

TÀPIES: Adiós

Antoni Tàpies

Antoni Tàpies nace en Barcelona en 1923, en una familia burguesa, culta y catalanista, involucrada desde mediados del siglo XIX en una tradición editorial y librera que despierta muy pronto en el artista un amor por los libros y la lectura.
Esta predisposición se ve acentuada por la larga convalecencia de una enfermedad pulmonar, durante la cual inicia sus tanteos artísticos. Progresivamente Tàpies se dedica con mayor intensidad al dibujo y la pintura, y acaba dejando sus estudios de Derecho para dedicarse plenamente a su pasión. En la década de los cuarenta ya expone sus obras, que destacan en la panorámica artística del momento.
Partícipe de una sensibilidad generalizada que afecta a los artistas de ambos lados del Atlántico, a raíz de la II Guerra Mundial y del lanzamiento de la bomba atómica, Antoni Tàpies expresa muy pronto un interés por la materia, la tierra, el polvo, los átomos y las partículas, que se plasma formalmente en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista y en la experimentación de nuevas técnicas. Las pinturas matéricas forman una parte sustancial de la obra de Tàpies y constituyen un proyecto que sigue desarrollándose en la actualidad. Tàpies cree que la noción de materia debe entenderse también desde la perspectiva del misticismo medieval como magia, mimesis y alquimia. En este sentido, hay que entender el deseo del artista de que sus obras adquieran el poder de transformar nuestro interior.
Durante los años cincuenta y sesenta, Antoni Tàpies irá elaborando una serie de imágenes, generalmente extraídas de su entorno inmediato, que aparecerán en las distintas etapas de su evolución. Muchas veces, una misma imagen, además de aparecer representada de diversas formas, tendrá múltiples significaciones diferenciadas que se irán superponiendo. Su mensaje se centra en la revaloración de lo que se considera bajo, repulsivo, material (no en vano Tàpies escoge a menudo temas tradicionalmente considerados desagradables y fetichistas, como un ano defecando, un zapato abandonado, una axila, un pie y otros similares).
Asimismo, la obra de Antoni Tàpies ha sido siempre permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura se intensifica, y las obras de este período tienen un marcado carácter de denuncia y protesta. Coincidiendo con la eclosión del arte povera en Europa y el posminimalismo en EEUU, Tàpies acentúa su trabajo con objetos, no mostrándolos tal como son, sino imprimiéndoles su sello e incorporándolos a su lenguaje. A principios de los ochenta, una vez restaurado el Estado de derecho en España, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquiere una fuerza renovada. Durante esos años, realiza obras con goma-espuma o con la técnica del aerosol, utiliza barnices y crea objetos y esculturas de tierra chamoteada o de bronce, y se mantiene muy activo en el campo de la obra gráfica. Por otra parte, a finales de los ochenta, parece reforzarse el interés de Tàpies por la cultura oriental, una preocupación que ya se había ido gestando en los años de la posguerra y que se convierte cada vez más en una influencia filosófica fundamental en su obra, por su énfasis en lo material, por la identidad entre hombre y naturaleza y por la negación del dualismo de nuestra sociedad. Igualmente, Tàpies se siente atraído por una nueva generación de científicos, capaces de apoyar una visión del universo que entiende la materia como un todo, sometido al cambio y la formación constantes.
Las obras de los últimos años constituyen esencialmente una reflexión sobre el dolor -físico y espiritual-, entendido como parte integrante de la vida. Influido por el pensamiento budista, Tàpies considera que un mayor conocimiento del dolor permite dulcificar sus efectos, y de este modo, mejorar la calidad de vida. El paso del tiempo, que ha sido una constante en la obra de Tàpies, adquiere ahora nuevos matices, al vivirse como una experiencia personal que comporta un mejor autoconocimiento y una comprensión más clara del mundo que le rodea. Durante estos últimos años, Antoni Tàpies ha consolidado un lenguaje artístico que, por una parte, traduce plásticamente su concepción del arte, y por otra, unas preocupaciones filosóficas renovadas con el paso del tiempo. Su práctica artística sigue siendo permeable a la brutalidad del presente, a la vez que ofrece una forma que, pese a su ductilidad, permanece fiel a sus orígenes. En este sentido, las obras de los últimos años no sólo se inscriben en la contemporaneidad, sino que también son un registro del pasado del artista.
Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies ha ido desarrollando desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra gráfica. En este sentido, vale la pena destacar que el artista ha realizado un gran número de carpetas y libros de bibliófilo en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros.
Asimismo, Antoni Tàpies ha desarrollado una tarea de ensayista que ha dado lugar a una serie de publicaciones, algunas traducidas a distintos idiomas: La práctica del arte (1971), El arte contra la estética (1977), Memoria personal (1983), La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista (1989), El arte y sus lugares (1999) y Valor del arte (2001).

(Extraída de la fundación Tàpies)

lunes, 6 de febrero de 2012

1812

LA EDUCACIÓN EN LA CONSTITUCIÓN DE 1812

"Sin educación, es en vano esperar la mejora de las costumbres: y sin éstas son inútiles las mejores leyes, pudiéndose quizás asegurar que las instituciones más libres, aquéllas que más ensanche conceden a los derechos de los ciudadanos, y dan más influjo a la Nación en los negocios públicos, son hasta peligrosas y nocivas, cuando falta en ella razón práctica, por decirlo así, aquella voluntad ilustrada, don exclusivo de los pueblos libres, y fruto también exclusivo de una recta educación nacional. Con justicia, pues, nuestra Constitución política, obra acabada de la sabiduría, miró la enseñanza de la juventud como el sostén y apoyo de las nueva Instituciones; y al dedicar uno de sus postreros títulos al importante objeto de la Instrucción pública, nos denotó bastantemente que ésta debía ser el coronamiento de tan majestuoso edificio."
(Dictamen sobre el proyecto de Decreto de arreglo general de la enseñanza pública, de 7 de marzo de 1814).

En la Constitución de 1812 se dedicó un capítulo exclusivo a la educación, dando lugar a la legislación referida a la instrucción pública para todos. Esto constituye un enorme avance que no puede pasarse por alto en esta conmemoración.

Los actos del Bicentenario han sacado a la luz este período de la historia de España en el que Cádiz y La Isla de León jugaron un papel tan decisivo, constituyéndose en el reducto de la libertad, una libertad que no afectaba únicamente a España en sus territorios actuales, sino a aquellos que estaban allende los mares y cuya representación formó parte del núcleo de diputados que llevaron a cabo los trabajos preparatorios y la redacción de la Constitución de 1812.

Además de lo referente a la Constitución, hemos de decir que Cádiz es un tema literario por excelencia, contándose por cientos los libros dedicados a la ciudad, su entorno, sus gentes, su música, su cultura y arte, su habla, su gastronomía y muchísimos otros aspectos. En esta bibliografía tiene sitio preferente todo lo referido a la historia de Cádiz, así como a su papel central en la conurbación que forma como centro de la pentápolis gaditana y la bahía de su nombre.

En nuestro blog de biblioteca queremos hoy facilitar el trabajo del profesorado que dedique tiempo a esta efemérides con sus alumnos, señalando algunos sitios web y algunos libros que son de referencia y cuyo conocimiento y comentario ayudará a esta tarea didáctica sobre el tema:

SITIOS WEB:
La mujer en el Cádiz de 1812
La Constitución Española de 1812. Biblioteca Cervantes Virtual.
Fundación Centro de Estudios Constitucionales de 1812 
Cádiz ciudad constitucional
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Los lugares del Doce
Portal del Consorcio del Bicentenario
Material didáctico para trabajar con alumnos

LIBROS:

"Cádiz" de Benito Pérez Galdós (Forma parte de los Episodios Nacionales)
"La verdadera historia del asedio napoleónico de Cádiz. 1810-1812" Manuel Moreno Alonso. Editado por Sílex.
"El asedio" de Arturo Pérez-Reverte, editado por Alfaguara. Recreación novelística.
"Invasión y guerra en la provincia de Cádiz", de Alberto Ramos Santana. Editado por la Diputación Provincial de Cádiz.
"La Constitución de Cádiz y su huella en América" Varios autores. Universidad de Cádiz
"El flamenco en Cádiz" de Catalina León Benítez. Editorial Almuzara.

domingo, 5 de febrero de 2012

Puerta del liberalismo

He aquí el interesante artículo de Roberto Breña, en Babelia del sábado 4 de febrero de 2012, sobre el papel de la Constitución de Cádiz en la modernidad política.

La Constitución de Cádiz representa la entrada de España en la "modernidad política" (con todas las comillas que se quieran añadir a las ya utilizadas) y supone un paso muy significativo en los inicios de la vida política "moderna" de Hispanoamérica (ídem). En el primer caso, la fugacidad de la primera experiencia liberal española y el aclamado regreso de Fernando VII, y con él el del absolutismo, complican sin duda cualquier valoración histórica de dicha experiencia. En el segundo, existen variaciones de acuerdo con el territorio americano de que se trate; un hecho que se deriva en gran medida de la aplicación o no aplicación del documento gaditano. Sin entrar en pormenores, el lugar que éste ocupa actualmente en la historia política de México o Perú es mucho más importante que el que le conceden, por ejemplo, venezolanos o argentinos. No obstante, como lo ha mostrado la historiografía de los últimos lustros, estas diferencias al interior de América Latina no son tan marcadas como se pensó durante mucho tiempo; entre otros motivos porque el legado gaditano va mucho más allá de los 384 artículos que integran el documento en cuestión.
Antes de proseguir, apunto algunas de las apropiaciones y de las exageraciones de las que hemos sido testigos en los últimos años respecto a dicho legado, las cuales no han podido pasar desapercibidas para cualquier observador medianamente atento a los eventos y festejos bicentenarios que comenzaron en España y América Latina en 2008, que llegaron a su punto más alto en el subcontinente en 2010 y que refluyen ahora hacia la península Ibérica con motivo de la Constitución de 1812. Para los españoles, la apropiación política de Cádiz como un momento fundacional de la España actual (es decir, de la España democrática y europeísta), no puede sorprender a nadie y tampoco suscitar demasiada suspicacia. Lo que sí llama la atención, al menos a quien esto escribe, es ese intento por hacer de la Constitución de Cádiz no sólo el texto fundacional de la vida política de la España contemporánea, sino también, en la misma medida, de la Hispanoamérica de 2012. Es cierto que entre las decenas de textos de índole constitucional que se promulgaron en el mundo hispánico durante los tres lustros que van de 1811 a 1826 únicamente el documento gaditano pretendió regir a todo ese mundo, como también lo es que la reunión de las Cortes desde septiembre de 1810 contribuyó notablemente a promover la convocatoria de los innumerables congresos americanos responsables de la explosión constitucional referida. Sin embargo, el texto gaditano no fue la "guía" o el "faro" de todos los demás, como se ha sugerido en más de una ocasión. En sentido estricto, no podía serlo; no sólo porque algunos de los textos americanos lo preceden en el tiempo, sino también porque para cuando se promulga en marzo de 1812 algunos territorios ya habían declarado su independencia y/o desconocían a las Cortes (y, por lo tanto, rechazaron la Constitución). Lo que no justifica, por lo demás, la ignorancia de algunos académicos de América Latina, "especialistas" en el periodo emancipador, respecto a los eventos metropolitanos que tuvieron lugar entre 1808 y 1814 (por no hablar del reinado de Carlos IV), así como tampoco justifica las críticas recientes de historiadores latinoamericanos en el sentido de que algunos estudiosos del tema pretendemos explicar los procesos emancipadores americanos en clave gaditana, por decirlo de algún modo. Lo que pretendemos, si de "pretensiones" se puede hablar, es algo distinto: mostrar que si no se conocen bien los eventos metropolitanos del primer cuarto del siglo XIX, sobre todo la revolución liberal del sexenio 1808-1814, resulta imposible entender cabalmente dichos procesos.
La trascendencia de la Constitución de Cádiz fue más allá de Hispanoamérica (como lo prueba su influjo en Portugal, Italia y Rusia). Sin embargo, independientemente de estas influencias y de las disposiciones jurídicas que pudieron haber sido retomadas en los documentos constitucionales americanos del periodo emancipador, me parece importante insistir en que Cádiz representa mucho más que un texto constitucional. A ojo de pájaro y centrándome en el ámbito hispanoamericano, pienso en la participación americana en una asamblea que súbitamente reemplazó a una monarquía que había funcionado "imperialmente" durante casi tres siglos; en la aparición, igualmente súbita, de una libertad de imprenta que modificó profundamente la vida pública en todo el mundo hispánico; en la recuperación, transformación y reutilización de ideas sobre la soberanía popular que, pese a todo su "tradicionalismo", en la coyuntura provocada por la crisis de 1808 significaron una revolución copernicana sobre la política y lo político; por último, en el surgimiento y acelerado fortalecimiento de una conciencia entre los españoles americanos de que su destino político dependía sobre todo de lo que ellos hicieran o dejaran de hacer. Este último elemento puede sonar perogrullesco si se olvida que durante casi trescientos años el trato que habían recibido puede definirse sin demasiados problemas como "colonial" (más allá de una legislación y de una retórica jurídicas que sugieren que el uso de este adjetivo es una especie de sacrilegio).

Concluyo estas líneas subrayando el carácter extraordinario de lo que podemos denominar "el momento gaditano". En primer lugar, una guerra contra la nación más poderosa de aquel tiempo, con la que España había compartido dinastía durante casi todo el siglo XVIII y con la que existía un "pacto de familia" (que tan oneroso había resultado desde que Napoleón tomó las riendas de Francia). En segundo, el puerto de Cádiz convertido en bastión y baluarte de la monarquía católica; una ciudad escasamente representativa de la nación y de la mentalidad españolas, como lo demostró lo acontecido ahí entre 1810 y 1814. Lo que me lleva al tercer punto: la iniciativa, el dinamismo y la capacidad de un puñado de eclesiásticos y funcionarios que decidieron convertir la lucha contra los franceses en una revolución política. Al respecto, cabe apuntar otra evidencia que no termina de ser digerida (ni por la historiografía española ni por la latinoamericana): en el contexto del Antiguo Régimen e independientemente de todas las limitaciones y ambigüedades que se quieran aducir, el liberalismo era revolucionario (y lo seguiría siendo durante buena parte del siglo XIX en todo el mundo occidental). Por eso, más que nada, lo acontecido en Cádiz entre 1808 y 1814 ocupa el lugar que ocupa actualmente en la historiografía occidental; por eso Fernando VII reaccionó como lo hizo cuando regresó al trono de España en la primavera de 1814 y también por eso, en buena medida, los nuevos países americanos batallaron tanto y durante tanto tiempo en su tránsito de territorios coloniales con apenas experiencia en el Gobierno representativo a repúblicas inspiradas en principios liberales. -
Roberto Breña es profesor-investigador de El Colegio de México. Es autor del libro El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824. Una revisión historiográfica del liberalismo hispánico (El Colegio de México, 2006). Este año, Marcial Pons publicará un libro suyo sobre las revoluciones hispánicas.rebrena@colmex.rx

/Ilustración: El Parque Genovés, Cádiz/

sábado, 4 de febrero de 2012

José Carlos Mainer: Textos de Cádiz


Artículo aparecido en Babelia, suplemento cultural de El País, sábado 4 de febrero de 2012. José Carlos Mainer es un experto en historia de la Literatura, por lo que sus recomendaciones siempre son interesantes y muy completas. La literatura constitucionalista y también algunos textos que están relacionados con los años del liberalismo gaditano, pueden servir para acercarnos este acontecimiento capital en la historia contemporánea de España y Europa.

La Constitución de Cádiz (1812)
Antonio Fernández García, editor
Este texto fue -lo dijo el inolvidable Francisco Tomás y Valiente- "origen, modelo y mito" del constitucionalismo progresista español. Lo que contiene se decía por vez primera, aunque hoy pueda parecernos candoroso, que "el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación" o que los españoles vienen obligados al "amor a la Patria" y a "ser justos y benéficos". Pero tal era el léxico de la Ilustración y esto fue tan serio como consagrar la "libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas", "prohibir el tormento" o que "en todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras". En cambio, también leeremos que "la religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única verdadera".
La Constitución de Cádiz (1812) y Discurso preliminar a la Constitución (1812) (editor: Antonio Fernández García. Castalia, Madrid, 2003).

Los poetas y la Constitución
Blanco White, Sánchez Barbero
El poema más largo fue La Constitución, librito publicado en 1820 por el aragonés José Mor de Fuentes, escritor torpón y afanoso que tradujo a Goethe y Rousseau, y estuvo en el sitio zaragozano de 1809. El clima preconstitucional palpitó en un poema de José María Blanco White, 'Oda a la instalación de la Junta Central de España' (Sevilla, 1809), donde leemos que "los vientos entretanto / por la faz de la Europa conmovida / susurran Libertad". El poema más hermoso fue el de un liberal salmantino, Francisco Sánchez Barbero, que murió en 1819 en el presidio de Melilla donde lo recluyó Fernando VII. En 1814 leyó en Madrid 'El patriotismo. A la nueva Constitución', justo el año en que se derogaba: "Entre el ronco tronar de los cañones, / su augusta voz imperturbable alzando / hablará así la majestad hispana: / La española nación es soberana".

Recuerdos de un anciano
Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863
No son las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, pero no tenemos mejor autobiografía política de nuestro XIX que la de este radical gaditano, buen bebedor y bastante chisgarabís, que al final sentó cabeza, y en tanto intervino en polémicas literarias, contó como nadie el paso de la estética clasicista al romanticismo e hizo el mejor retrato de unos gaditanos "finos en sus modales, no al par con la gente cortesana, sino de una finura cual es la de personas del alto comercio donde el trato con los extranjeros es frecuente". Los capítulos 'Un tumulto en una ciudad de provincia en 1809' y 'Cómo se pasaba el tiempo en una sociedad sitiada' han sido la fuente de todos los cronistas posteriores, Galdós incluido.
Recuerdos de un anciano. Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863 (edición moderna: Crítica, Barcelona, 2009).

Cádiz (Episodios Nacionales)
Benito Pérez Galdós, 1874
Su protagonista, Gabriel Araceli, era un muchacho en el episodio Trafalgar, donde como grumete de la Trinidad, aprendió su lección de patriotismo popular. En Cádiz lleva los entorchados de alférez, ganados en el sitio de Zaragoza, y está enamorado de Inés, hija natural de una noble y un estudiante plebeyo. No hay novela que narre con más gracejo la vida gaditana de 1810, las conversaciones de salón, los primeros pasos de las Cortes y el bullir de políticos y escritores conocidos. Que estamos en vísperas del romanticismo lo certifica la rivalidad-simpatía de Araceli por lord Gray, un británico amigo de lord Byron (y contrafigura del poeta), con el que se bate en duelo y a quien quizá mata al final de la novela, antes de salir de la ciudad rumbo a Castilla.
Cádiz (Episodios Nacionales, serie I, 8), Benito Pérez Galdós, 1874 (edicción moderna a cargo de Pilar Esterán. Cátedra. Madrid, 2002).

En las Cortes de Cádiz
Rafael Salillas, 1910
'Revelaciones acerca del estado político-social' fue el subtítulo de este libro del criminalista y antropólogo Rafael Salillas. Tales "revelaciones" fueron, en rigor, los comentarios de un regeneracionista español -esto es, de un pesimista retórico- que creía en la bondad ingénita del pueblo, la supervivencia nacional de la picaresca y la maldad de los "Dominadores" (el "teocrático" y el "político-jurídico"). Al hilo de las actas de las Cortes (y del divertido Diccionario crítico-burlesco, de Bartolomé Gallardo), Salillas nos hace un diagnóstico retrospectivo que podía valer también para la España de su tiempo, entonces recién salida de la férula de Maura y bajo el Gobierno reformador de Canalejas.
En las Cortes de Cádiz. Rafael Salillas, 1910 (editor: Alberto González Troyano. Ayuntamiento de Cádiz, 2010).

Cuando las Cortes de Cádiz
José María Pemán, 1934
Estrenado en 1934, el "poema dramático" Cuando las Cortes de Cádiz ofrece una visión de los hechos de 1810-1812 bajo las expectativas políticas derechistas del bienio negro republicano. Mientras el pueblo de Cádiz combate contra el francés (y muere heroicamente como sucederá a Lola la Piconera), los frívolos diputados masones conspiran para que triunfen las ideas revolucionarias francesas. Nada menos que el Padre Alvarado, "El Filósofo Rancio", es quien proclama la moraleja de la obra. Todo esto, sin embargo, viene dicho en unos versos que tienen brío y gracejo: Lola es la anti-Mariana Pineda lorquiana, pero la pieza es más soportable que El divino impaciente, estrenada el año anterior, y es tan reaccionaria como Cisneros, que lo fue al año siguiente y constituye una apología del dictador Primo de Rivera.

El Cádiz de las Cortes
Ramón Solís, 1958
A Solís -novelista y gestor cultural oficial en los años sesenta- se le recuerda, sobre todo, por esta tesis doctoral que le publicó el Instituto de Estudios Políticos. No tiene mucho que ver con ese género académico y una versión algo abreviada, en 1969, fue uno de los éxitos de El Libro de Bolsillo, de Alianza. Se trata del inventario ameno de una ciudad y de un tiempo (1810-1813) que repasa los lugares de paseo y los ventorrillos, los comercios y los teatros, la gente del pueblo y los flamantes diputados, al hilo de la historia y de la anécdota y manufacturado todo en una prosa jugosa. Gregorio Marañón, que lo prologó con afecto (y dejó allí una clara apología de los liberales doceañistas), lo consideraba uno de los grandes libros sobre España.
El Cádiz de las Cortes. Ramón Solís, 1958 (Sílex. Madrid, 2000).

El Rey Felón
José Luis Corral Lafuente, 2009
Las novelas del profesor de historia José Luis Corral tienen todos los alicientes que buscan los lectores de la nueva narrativa histórica y la ventaja, sobre la mayoría de las otras, de que no son patrioteras y se esmeran bastante en la documentación. El Rey Felón (Fernando VII) cierra una trilogía que comprende también Trafalgar e ¡Independencia! Sus protagonistas, el coronel Francisco Faria, aristócrata y guardia de Corps, y el forzudo sargento Isidro Morales, participan en la defensa de Cádiz y siguen en pos de Napoleón hasta su derrota. A partes casi iguales, viajan, combaten, se encuentran con personajes conocidos y todos peroran sobre los acontecimientos -con bastante pesimismo- para la instrucción política del lector.
El Rey Felón. De las Cortes de Cádiz a Waterloo. José Luis Corral Lafuente. Edhasa, 2009.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Participamos en la Conmemoración del Doce

Os comento que participaré en los actos de Conmemoración del bicentenario de la Constitución de Cádiz a través de la presentación de un trabajo sobre mi labor de años en torno al libro, la lectura y la biblioteca en las XII Jornadas de Directores y Directoras de Andalucía, que este año tienen lugar en el Palacio de Congresos de Cádiz, en el marco de esta efemérides.