jueves, 23 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (III)

Luis de Góngora (1561-1627)
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas ruinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,
Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!


(El Guadalquivir en Córdoba es azul)


miércoles, 22 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (II)

Pablo Neruda (1904-1973)

Amarrada a la costa como una clara nave,
Cádiz, la pobre y triste rosa de las cenizas,
azul, el mar o el cielo, algunos ojos,
rojo, el hibiscus, el geranio tímido,
y lo demás, paredes roídas, alma muerta.
Puerto de los cerrojos, de las rejas cerradas,
de los patios secretos serios como las tumbas,
la miseria manchando como sombra
la dentadura antigua de una ciudad radiante
que tuvo claridad de diamante y espada.
Oh congoja del papel sucio que el viento
enarbola y abate, recorre las calles pisoteado
y luego cae al mar, se consume en las aguas,
último documento, pabellón del olvido,
orgullo del penúltimo español.
La soberbia se fue de los pobres roperos
y ahora una mirada sin más luz que el invierno
sobre los pantalones pulcramente parchados.
Sólo la lotería grita con mentira de oro:
el 8-9-3 el 7-0-1
el esplendor de un número que sube en el silencio
como una enredadera los muros de las ruinas.
De cuando en cuando golpea la calle un palo blanco.
Un ciego y otro ciego. Luego el paño mortuorio
de seis sotanas. Vámonos. Es hora de morir.


(El mar de Cádiz es azul. Fotografía de J. C. M. )


martes, 21 de febrero de 2012

Andalucía inspira a los poetas (I)

Manuel Machado (1874-1947)
Cádiz, salada claridad; Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las Tres Carabelas...
y Sevilla.


(El Puente de Triana es azul. Fotografía de A.M.L.)

domingo, 19 de febrero de 2012

"Verano y amor" de William Trevor


Si es un sábado de sol y rebuscas en cualquier librería en la zona de novedades, siempre puedes hallar algo. Como este libro que tengo entre las manos, casi terminado de leer en una tarde: "Verano y amor". Ya ves, no conocía al autor. William Trevor nació en 1928 y vive todavía en su casa de Devon, en Inglaterra, el condado que tantas veces aparece en los libros del XIX que me gusta leer. Trevor es un gran escritor, un excelente escritor, de palabra luminosa y sobria a la vez. El libro que tengo entre las manos transcurre en una pequeña población de Irlanda y el retrato de los paisajes, de los olores y sabores, de las tareas en las granjas y en las casas, es tan exacto a lo que una imagina que sería la vida en los pequeños pueblos de Irlanda en los años centrales del siglo pasado, que, desde las primeras páginas tienes ya en la retina todo ese tiempo de los años cincuenta que el autor recrea impecablemente. Son los años de su juventud, esos que siempre permanecen anclados en nosotros y que, por lo mismo, vuelven una y otra vez en forma de escritura, si es que eres un escritor como Trevor o como cualquier otro.
Allí, en el libro, están la rubia y joven Ellie; el granjero Dillahan, cuyo sufrimiento es paralelo a su voluntad de superación; el fotógrafo Florian, que ha encontrado precisamente en la captación de imágenes con su Leika, la única forma de afirmarse en un mundo donde apenas tiene sitio. Allí está la atormentada señorita Connulty, que no tiene ni nombre. Allí están la estafeta de correos, la iglesia, la pensión, el bazar, la granja, todos los lugares que comparten espacio en el pueblo de Rathmoye con el cine extrañamente incendiado.

lunes, 6 de febrero de 2012

1812

LA EDUCACIÓN EN LA CONSTITUCIÓN DE 1812

"Sin educación, es en vano esperar la mejora de las costumbres: y sin éstas son inútiles las mejores leyes, pudiéndose quizás asegurar que las instituciones más libres, aquéllas que más ensanche conceden a los derechos de los ciudadanos, y dan más influjo a la Nación en los negocios públicos, son hasta peligrosas y nocivas, cuando falta en ella razón práctica, por decirlo así, aquella voluntad ilustrada, don exclusivo de los pueblos libres, y fruto también exclusivo de una recta educación nacional. Con justicia, pues, nuestra Constitución política, obra acabada de la sabiduría, miró la enseñanza de la juventud como el sostén y apoyo de las nueva Instituciones; y al dedicar uno de sus postreros títulos al importante objeto de la Instrucción pública, nos denotó bastantemente que ésta debía ser el coronamiento de tan majestuoso edificio."

(Dictamen sobre el proyecto de Decreto de arreglo general de la enseñanza pública, de 7 de marzo de 1814).

En la Constitución de 1812 se dedicó un capítulo exclusivo a la educación, dando lugar a la legislación referida a la instrucción pública para todos. Esto constituye un enorme avance que no puede pasarse por alto en esta conmemoración.

Los actos del Bicentenario han sacado a la luz este período de la historia de España en el que Cádiz y La Isla de León jugaron un papel tan decisivo, constituyéndose en el reducto de la libertad, una libertad que no afectaba únicamente a España en sus territorios actuales, sino a aquellos que estaban allende los mares y cuya representación formó parte del núcleo de diputados que llevaron a cabo los trabajos preparatorios y la redacción de la Constitución de 1812.

Además de lo referente a la Constitución, hemos de decir que Cádiz es un tema literario por excelencia, contándose por cientos los libros dedicados a la ciudad, su entorno, sus gentes, su música, su cultura y arte, su habla, su gastronomía y muchísimos otros aspectos. En esta bibliografía tiene sitio preferente todo lo referido a la historia de Cádiz, así como a su papel central en la conurbación que forma como centro de la pentápolis gaditana y la bahía de su nombre.

En nuestro blog de biblioteca queremos hoy facilitar el trabajo del profesorado que dedique tiempo a esta efemérides con sus alumnos, señalando algunos sitios web y algunos libros que son de referencia y cuyo conocimiento y comentario ayudará a esta tarea didáctica sobre el tema:

SITIOS WEB:
La mujer en el Cádiz de 1812
La Constitución Española de 1812. Biblioteca Cervantes Virtual.
Fundación Centro de Estudios Constitucionales de 1812 
Cádiz ciudad constitucional
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Los lugares del Doce
Portal del Consorcio del Bicentenario
Material didáctico para trabajar con alumnos

LIBROS:

"Cádiz" de Benito Pérez Galdós (Forma parte de los Episodios Nacionales)
"La verdadera historia del asedio napoleónico de Cádiz. 1810-1812" Manuel Moreno Alonso. Editado por Sílex.
"El asedio" de Arturo Pérez-Reverte, editado por Alfaguara. Recreación novelística.
"Invasión y guerra en la provincia de Cádiz", de Alberto Ramos Santana. Editado por la Diputación Provincial de Cádiz.
"La Constitución de Cádiz y su huella en América" Varios autores. Universidad de Cádiz
"El flamenco en Cádiz" de Catalina León Benítez. Editorial Almuzara.

domingo, 5 de febrero de 2012

Puerta del liberalismo

He aquí el interesante artículo de Roberto Breña, en Babelia del sábado 4 de febrero de 2012, sobre el papel de la Constitución de Cádiz en la modernidad política.

La Constitución de Cádiz representa la entrada de España en la "modernidad política" (con todas las comillas que se quieran añadir a las ya utilizadas) y supone un paso muy significativo en los inicios de la vida política "moderna" de Hispanoamérica (ídem). En el primer caso, la fugacidad de la primera experiencia liberal española y el aclamado regreso de Fernando VII, y con él el del absolutismo, complican sin duda cualquier valoración histórica de dicha experiencia. En el segundo, existen variaciones de acuerdo con el territorio americano de que se trate; un hecho que se deriva en gran medida de la aplicación o no aplicación del documento gaditano. Sin entrar en pormenores, el lugar que éste ocupa actualmente en la historia política de México o Perú es mucho más importante que el que le conceden, por ejemplo, venezolanos o argentinos. No obstante, como lo ha mostrado la historiografía de los últimos lustros, estas diferencias al interior de América Latina no son tan marcadas como se pensó durante mucho tiempo; entre otros motivos porque el legado gaditano va mucho más allá de los 384 artículos que integran el documento en cuestión.
Antes de proseguir, apunto algunas de las apropiaciones y de las exageraciones de las que hemos sido testigos en los últimos años respecto a dicho legado, las cuales no han podido pasar desapercibidas para cualquier observador medianamente atento a los eventos y festejos bicentenarios que comenzaron en España y América Latina en 2008, que llegaron a su punto más alto en el subcontinente en 2010 y que refluyen ahora hacia la península Ibérica con motivo de la Constitución de 1812. Para los españoles, la apropiación política de Cádiz como un momento fundacional de la España actual (es decir, de la España democrática y europeísta), no puede sorprender a nadie y tampoco suscitar demasiada suspicacia. Lo que sí llama la atención, al menos a quien esto escribe, es ese intento por hacer de la Constitución de Cádiz no sólo el texto fundacional de la vida política de la España contemporánea, sino también, en la misma medida, de la Hispanoamérica de 2012. Es cierto que entre las decenas de textos de índole constitucional que se promulgaron en el mundo hispánico durante los tres lustros que van de 1811 a 1826 únicamente el documento gaditano pretendió regir a todo ese mundo, como también lo es que la reunión de las Cortes desde septiembre de 1810 contribuyó notablemente a promover la convocatoria de los innumerables congresos americanos responsables de la explosión constitucional referida. Sin embargo, el texto gaditano no fue la "guía" o el "faro" de todos los demás, como se ha sugerido en más de una ocasión. En sentido estricto, no podía serlo; no sólo porque algunos de los textos americanos lo preceden en el tiempo, sino también porque para cuando se promulga en marzo de 1812 algunos territorios ya habían declarado su independencia y/o desconocían a las Cortes (y, por lo tanto, rechazaron la Constitución). Lo que no justifica, por lo demás, la ignorancia de algunos académicos de América Latina, "especialistas" en el periodo emancipador, respecto a los eventos metropolitanos que tuvieron lugar entre 1808 y 1814 (por no hablar del reinado de Carlos IV), así como tampoco justifica las críticas recientes de historiadores latinoamericanos en el sentido de que algunos estudiosos del tema pretendemos explicar los procesos emancipadores americanos en clave gaditana, por decirlo de algún modo. Lo que pretendemos, si de "pretensiones" se puede hablar, es algo distinto: mostrar que si no se conocen bien los eventos metropolitanos del primer cuarto del siglo XIX, sobre todo la revolución liberal del sexenio 1808-1814, resulta imposible entender cabalmente dichos procesos.
La trascendencia de la Constitución de Cádiz fue más allá de Hispanoamérica (como lo prueba su influjo en Portugal, Italia y Rusia). Sin embargo, independientemente de estas influencias y de las disposiciones jurídicas que pudieron haber sido retomadas en los documentos constitucionales americanos del periodo emancipador, me parece importante insistir en que Cádiz representa mucho más que un texto constitucional. A ojo de pájaro y centrándome en el ámbito hispanoamericano, pienso en la participación americana en una asamblea que súbitamente reemplazó a una monarquía que había funcionado "imperialmente" durante casi tres siglos; en la aparición, igualmente súbita, de una libertad de imprenta que modificó profundamente la vida pública en todo el mundo hispánico; en la recuperación, transformación y reutilización de ideas sobre la soberanía popular que, pese a todo su "tradicionalismo", en la coyuntura provocada por la crisis de 1808 significaron una revolución copernicana sobre la política y lo político; por último, en el surgimiento y acelerado fortalecimiento de una conciencia entre los españoles americanos de que su destino político dependía sobre todo de lo que ellos hicieran o dejaran de hacer. Este último elemento puede sonar perogrullesco si se olvida que durante casi trescientos años el trato que habían recibido puede definirse sin demasiados problemas como "colonial" (más allá de una legislación y de una retórica jurídicas que sugieren que el uso de este adjetivo es una especie de sacrilegio).

Concluyo estas líneas subrayando el carácter extraordinario de lo que podemos denominar "el momento gaditano". En primer lugar, una guerra contra la nación más poderosa de aquel tiempo, con la que España había compartido dinastía durante casi todo el siglo XVIII y con la que existía un "pacto de familia" (que tan oneroso había resultado desde que Napoleón tomó las riendas de Francia). En segundo, el puerto de Cádiz convertido en bastión y baluarte de la monarquía católica; una ciudad escasamente representativa de la nación y de la mentalidad españolas, como lo demostró lo acontecido ahí entre 1810 y 1814. Lo que me lleva al tercer punto: la iniciativa, el dinamismo y la capacidad de un puñado de eclesiásticos y funcionarios que decidieron convertir la lucha contra los franceses en una revolución política. Al respecto, cabe apuntar otra evidencia que no termina de ser digerida (ni por la historiografía española ni por la latinoamericana): en el contexto del Antiguo Régimen e independientemente de todas las limitaciones y ambigüedades que se quieran aducir, el liberalismo era revolucionario (y lo seguiría siendo durante buena parte del siglo XIX en todo el mundo occidental). Por eso, más que nada, lo acontecido en Cádiz entre 1808 y 1814 ocupa el lugar que ocupa actualmente en la historiografía occidental; por eso Fernando VII reaccionó como lo hizo cuando regresó al trono de España en la primavera de 1814 y también por eso, en buena medida, los nuevos países americanos batallaron tanto y durante tanto tiempo en su tránsito de territorios coloniales con apenas experiencia en el Gobierno representativo a repúblicas inspiradas en principios liberales. -
Roberto Breña es profesor-investigador de El Colegio de México. Es autor del libro El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824. Una revisión historiográfica del liberalismo hispánico (El Colegio de México, 2006). Este año, Marcial Pons publicará un libro suyo sobre las revoluciones hispánicas.rebrena@colmex.rx

/Ilustración: El Parque Genovés, Cádiz/

sábado, 4 de febrero de 2012

José Carlos Mainer: Textos de Cádiz


Artículo aparecido en Babelia, suplemento cultural de El País, sábado 4 de febrero de 2012. José Carlos Mainer es un experto en historia de la Literatura, por lo que sus recomendaciones siempre son interesantes y muy completas. La literatura constitucionalista y también algunos textos que están relacionados con los años del liberalismo gaditano, pueden servir para acercarnos este acontecimiento capital en la historia contemporánea de España y Europa.

La Constitución de Cádiz (1812)
Antonio Fernández García, editor
Este texto fue -lo dijo el inolvidable Francisco Tomás y Valiente- "origen, modelo y mito" del constitucionalismo progresista español. Lo que contiene se decía por vez primera, aunque hoy pueda parecernos candoroso, que "el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación" o que los españoles vienen obligados al "amor a la Patria" y a "ser justos y benéficos". Pero tal era el léxico de la Ilustración y esto fue tan serio como consagrar la "libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas", "prohibir el tormento" o que "en todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras". En cambio, también leeremos que "la religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única verdadera".
La Constitución de Cádiz (1812) y Discurso preliminar a la Constitución (1812) (editor: Antonio Fernández García. Castalia, Madrid, 2003).

Los poetas y la Constitución
Blanco White, Sánchez Barbero
El poema más largo fue La Constitución, librito publicado en 1820 por el aragonés José Mor de Fuentes, escritor torpón y afanoso que tradujo a Goethe y Rousseau, y estuvo en el sitio zaragozano de 1809. El clima preconstitucional palpitó en un poema de José María Blanco White, 'Oda a la instalación de la Junta Central de España' (Sevilla, 1809), donde leemos que "los vientos entretanto / por la faz de la Europa conmovida / susurran Libertad". El poema más hermoso fue el de un liberal salmantino, Francisco Sánchez Barbero, que murió en 1819 en el presidio de Melilla donde lo recluyó Fernando VII. En 1814 leyó en Madrid 'El patriotismo. A la nueva Constitución', justo el año en que se derogaba: "Entre el ronco tronar de los cañones, / su augusta voz imperturbable alzando / hablará así la majestad hispana: / La española nación es soberana".


Recuerdos de un anciano
Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863
No son las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, pero no tenemos mejor autobiografía política de nuestro XIX que la de este radical gaditano, buen bebedor y bastante chisgarabís, que al final sentó cabeza, y en tanto intervino en polémicas literarias, contó como nadie el paso de la estética clasicista al romanticismo e hizo el mejor retrato de unos gaditanos "finos en sus modales, no al par con la gente cortesana, sino de una finura cual es la de personas del alto comercio donde el trato con los extranjeros es frecuente". Los capítulos 'Un tumulto en una ciudad de provincia en 1809' y 'Cómo se pasaba el tiempo en una sociedad sitiada' han sido la fuente de todos los cronistas posteriores, Galdós incluido.
Recuerdos de un anciano. Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863 (edición moderna: Crítica, Barcelona, 2009).

Cádiz (Episodios Nacionales)
Benito Pérez Galdós, 1874
Su protagonista, Gabriel Araceli, era un muchacho en el episodio Trafalgar, donde como grumete de la Trinidad, aprendió su lección de patriotismo popular. En Cádiz lleva los entorchados de alférez, ganados en el sitio de Zaragoza, y está enamorado de Inés, hija natural de una noble y un estudiante plebeyo. No hay novela que narre con más gracejo la vida gaditana de 1810, las conversaciones de salón, los primeros pasos de las Cortes y el bullir de políticos y escritores conocidos. Que estamos en vísperas del romanticismo lo certifica la rivalidad-simpatía de Araceli por lord Gray, un británico amigo de lord Byron (y contrafigura del poeta), con el que se bate en duelo y a quien quizá mata al final de la novela, antes de salir de la ciudad rumbo a Castilla.
Cádiz (Episodios Nacionales, serie I, 8), Benito Pérez Galdós, 1874 (edicción moderna a cargo de Pilar Esterán. Cátedra. Madrid, 2002).


En las Cortes de Cádiz
Rafael Salillas, 1910
'Revelaciones acerca del estado político-social' fue el subtítulo de este libro del criminalista y antropólogo Rafael Salillas. Tales "revelaciones" fueron, en rigor, los comentarios de un regeneracionista español -esto es, de un pesimista retórico- que creía en la bondad ingénita del pueblo, la supervivencia nacional de la picaresca y la maldad de los "Dominadores" (el "teocrático" y el "político-jurídico"). Al hilo de las actas de las Cortes (y del divertido Diccionario crítico-burlesco, de Bartolomé Gallardo), Salillas nos hace un diagnóstico retrospectivo que podía valer también para la España de su tiempo, entonces recién salida de la férula de Maura y bajo el Gobierno reformador de Canalejas.
En las Cortes de Cádiz. Rafael Salillas, 1910 (editor: Alberto González Troyano. Ayuntamiento de Cádiz, 2010).

Cuando las Cortes de Cádiz
José María Pemán, 1934
Estrenado en 1934, el "poema dramático" Cuando las Cortes de Cádiz ofrece una visión de los hechos de 1810-1812 bajo las expectativas políticas derechistas del bienio negro republicano. Mientras el pueblo de Cádiz combate contra el francés (y muere heroicamente como sucederá a Lola la Piconera), los frívolos diputados masones conspiran para que triunfen las ideas revolucionarias francesas. Nada menos que el Padre Alvarado, "El Filósofo Rancio", es quien proclama la moraleja de la obra. Todo esto, sin embargo, viene dicho en unos versos que tienen brío y gracejo: Lola es la anti-Mariana Pineda lorquiana, pero la pieza es más soportable que El divino impaciente, estrenada el año anterior, y es tan reaccionaria como Cisneros, que lo fue al año siguiente y constituye una apología del dictador Primo de Rivera.


El Cádiz de las Cortes
Ramón Solís, 1958
A Solís -novelista y gestor cultural oficial en los años sesenta- se le recuerda, sobre todo, por esta tesis doctoral que le publicó el Instituto de Estudios Políticos. No tiene mucho que ver con ese género académico y una versión algo abreviada, en 1969, fue uno de los éxitos de El Libro de Bolsillo, de Alianza. Se trata del inventario ameno de una ciudad y de un tiempo (1810-1813) que repasa los lugares de paseo y los ventorrillos, los comercios y los teatros, la gente del pueblo y los flamantes diputados, al hilo de la historia y de la anécdota y manufacturado todo en una prosa jugosa. Gregorio Marañón, que lo prologó con afecto (y dejó allí una clara apología de los liberales doceañistas), lo consideraba uno de los grandes libros sobre España.
El Cádiz de las Cortes. Ramón Solís, 1958 (Sílex. Madrid, 2000).

El Rey Felón
José Luis Corral Lafuente, 2009
Las novelas del profesor de historia José Luis Corral tienen todos los alicientes que buscan los lectores de la nueva narrativa histórica y la ventaja, sobre la mayoría de las otras, de que no son patrioteras y se esmeran bastante en la documentación. El Rey Felón (Fernando VII) cierra una trilogía que comprende también Trafalgar e ¡Independencia! Sus protagonistas, el coronel Francisco Faria, aristócrata y guardia de Corps, y el forzudo sargento Isidro Morales, participan en la defensa de Cádiz y siguen en pos de Napoleón hasta su derrota. A partes casi iguales, viajan, combaten, se encuentran con personajes conocidos y todos peroran sobre los acontecimientos -con bastante pesimismo- para la instrucción política del lector.
El Rey Felón. De las Cortes de Cádiz a Waterloo. José Luis Corral Lafuente. Edhasa, 2009.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La Constitución de Cádiz: Bicentenario


Os comento que participaré en los actos de Conmemoración del bicentenario de la Constitución de Cádiz a través de la presentación de un trabajo sobre mi labor en torno al libro, la lectura y la biblioteca en las XII Jornadas de Directores y Directoras de Andalucía, que este año tienen lugar en el Palacio de Congresos de Cádiz, en el marco de esta efemérides. En esa ponencia hablaré tanto de la organización y gestión de la biblioteca escolar, como de las propuestas de trabajo de lectura creadora, la animación a la lectura y el uso de herramientas digitales para promocionar el hábito lector. Asimismo, del papel de la lectura en el conjunto de las actividades escolares.


La conmemoración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz está ya constituyendo un referente cultural e histórico de primer orden. Se han venido preparando actos de diverso tipo desde hace varios años, tanto en Cádiz como en otras ciudades que tuvieron un papel primordial en toda la génesis de la Constitución, en sus trabajos preparatorios y en su culminación. Este es el caso de San Fernando, la Isla de León, donde se refugiaron los diputados ante el avance francés. La celebración está teniendo un marcado carácter popular puesto que se han creado talleres de bordado y diseño para recrear el vestuario de la época en los desfiles que tendrán lugar a modo de elementos festivos.


Las Jornadas de Directores son un encuentro anual que sirven para poner en común estrategias de trabajo, ideas, problemáticas y soluciones y que surgieron de una idea inicial por un grupo de directores del que formé parte en su día. En los inicios nos reuníamos en Mollina pero luego las Jornadas se han ido trasladando a distintas ciudades de toda Andalucía, propiciando momentos académicas, profesionales y también culturales y artísticos. 

La lectura, como columna vertebral de la escuela, tendrá pues relevancia especial en las Jornadas de este año que también son especiales, tanto por la ciudad en la que se celebran, Cádiz, como por la efemérides de la que formarán parte, la conmemoración del bicentenario de la Constitución liberal de 1812.