miércoles, 22 de junio de 2016

"La librería ambulante" de Christopher Morley

Este libro se editó en España, con Periférica, en el año 2012, pero el que tengo en mis manos es la décima reimpresión que se hizo en abril de 2016. En otro lugar de este blog reseñé la segunda parte "La librería encantada". Entonces hubo lectores que me comentaron que les había gustado más este de ahora. Cuestión de gustos. En todo caso, todo Morley y su ingenio están aquí y allí. 

Roger Mifflin, el librero, y la señorita Helen McGill, son los protagonistas de esta historia, un clásico de la literatura norteamericana que vio la luz por vez primera en 1917. Personajes tiernos, entrañables, dotados de ingenio y de una ligereza que no es simpleza sino aguda observación y un sentido práctico de la vida que los lleva a encontrar en los libros todo aquello que la cotidianeidad a veces oculta. Hondas reflexiones, ironía, gracia muy especial, movimientos pendulares de razonamientos que te hacen reír sin más, espectaculares diálogos y el poso hondo de la literatura en su relación con lo mejor de los hombres. Todo esto aparece en "La librería ambulante" y en la obra de su autor. 

Christopher Morley, aunque nació en Pensilvania en 1890, estudió en Oxford y esa formación europea se observa con toda claridad en su pensamiento y su escritura. Fue editor, columnista y reportero, recorriendo Estados Unidos para escribir, de primera mano, el pulso del país para un periódico muy prestigioso. Ese contacto con la vida real, con los pormenores de la existencia de muchas personas, dotó de una sencillez singular su obra y sus textos en general. En él se da una dualidad difícil de hallar: fue escritor de culto y escritor de éxito. Su humor, muy inglés, es refinado, sutil y lleno de mensajes ocultos. Hay que entender sus claves para adentrarse en el fondo de lo que escribía. Pero, una vez que se hace, la recompensa es muy valiosa. El disfrute de una literatura hecha con estilo y calidad, al tiempo que realismo y magia. 

"Cuando John Gutenberg, cuyo verdadero nombre era, según el profesor, John Gooseflesh, pidió prestado un dinero para montar su imprenta, arrojó al mundo un montón de problemas" Esta frase genial aparece en el capítulo I del libro y es un aviso de lo que nos vamos a encontrar en él. Y continúa: "Andrew y yo éramos extraordinariamente felices en nuestra granja, hasta que él se convirtió en autor. Si hubiera podido prever todas las molestias que sus escritos nos causarían, habría quemado, desde luego, el primer manuscrito en la estufa de la cocina". 

La librería ambulante. Christopher Morley. Editorial Periférica. 2016. 
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas. 

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