martes, 29 de noviembre de 2016

Quiero ocultar mi rostro


Ella lo sabía. Sabía que él ejercía sobre su alma un poderoso influjo. Como la luna, que al aparecer, lo tiñe todo de plata. Y cuando se oculta deja una sensación de vacío difícil de explicar. O como el sol, que cubre de la pátina de la verdad las cosas de cada día. Y, si no está, se espera a que amanezca, en ese rito diario de la realidad que no queremos eludir. Esa mezcla de necesidad y dolor era él para ella. Y ella lo sabía. Las mujeres hablaban mal de él. Le adjudicaban maldades que a cualquiera hubieran derrotado. Pero él ejercía de misógino, de prepotente y de narcisista. Y esa asunción de sus defectos lo redimía de todos ellos. 

Y ahora ella sentía que, para todo, era demasiado tarde. Ya no tenía la edad precisa para enamorar. Ya podía pasear por la calle sin que los ojos de los hombres la siguieran. Ya no estaba en el tiempo de los sueños. Solamente alguien que la hubiera querido desde siempre, sentiría hacia ella la mezcla de pasión y deseo que se llamaba paraíso. Así que sus besos le estaban vedados. Así que nunca el territorio de la seducción llevaría su nombre. Así que él nunca la miraría con la mirada de quien ansía un instante tan solo del cuerpo a cuerpo. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

"Born to Run" Memorias. Bruce Springsteen

Siete años ha tardado Springsteen en escribir esta Autobiografía que acaba de publicar en castellano Literatura Random House con una traducción de Ignacio Juliá. Voluminoso libro de casi seiscientas páginas que el Boss dedica a Patti, Evan, Jess y Sam y que se acompaña de fotografías de su álbum familiar. 

Él mismo cuenta, en el capítulo de agradecimientos, el proceso de la escritura. Sin prisas y sin presiones. Organizada la estructura en Libro I, Libro II y Libro III, la historia comienza en su calle y su casa para terminar en los escenarios. La narración está pormenorizada, detallista, llena de notas de color, pero también es intimista, porque no solamente cuenta lo que pasa, sino cómo lo vive, cómo lo siente y plantea. Es muy curiosa la manera en la que el artista aparece como un tipo trabajador, dedicado a lo suyo con pasión y notablemente exigente y lleno de expectativas. Lejos de destacar los momentos de glamour y de gloria, se hace hincapié en lo otro, en el esfuerzo, el tesón, la lucha, la dureza de la búsqueda, la superación. 

Su calle se llama Randolph Street y allí comienza todo, a los diez años. En el cuadro familiar están sus padres Adele y Douglas; sus abuelos, Fred y Alice; su hermana, Virginia, un año menor y su perro Saddle. En esa calle vivían, en paz o casi, irlandeses e italianos, con esa extraña mezcla contigua que existe en los Estados Unidos y que a nosotros, mucho más homogéneos, nos resulta atractiva. 

Los recuerdos de su casa conectan con el taller en el que su abuelo resucitaba la basura que recogía por los barrios de la ciudad. Aparatos que estaban fuera de uso y que su abuelo, milagrosamente, convertía en útiles. Manos sabias. Su abuelo, apodado “el hombre de la radio”, por los negros con los que comercia para venderles los artilugios ya reparados en los campos de temporeros que rodean la zona. Negros, italianos, irlandeses…Como dice, sinceramente, Bruce “éramos bastante pobres”. Aunque, como también afirma, no les faltaba ni comida, ni ropa, ni cama. Pero sí frío. Y él fue un niño mimado por las cosas de la vida familiar, un pequeño tirano, consciente de su poder con sus tías y abuelos. 

La iglesia católica de Santa Rosa de Lima, junto a la que vivían, lo impregnaba todo. Él reconoce que allí, en ese mundo del catolicismo, en el que existían “la poesía, el peligro y la oscuridad”, encontró los orígenes de su arte, su yo interior. Lo dice claramente Leonard Cohen. Es preciso hallar la voz, ese destello original y propio que diferencia al artista del resto de los mortales. Cuando la encuentras ya puedes considerar que tu idioma llegará a la gente. Antes, es imposible. 

Historias de instituto, la leyenda de su bisabuelo, los relatos de los irlandeses y los italianos…y su madre. La madre de Springsteen era una lectora de novelas románticas, soñadora empedernida y bailarina de alto voltaje, como sus hermanas. Por contra, su marido, el padre, era un misántropo, alguien que renegaba de la humanidad y que no tenía fe en la naturaleza de los hombres. Se pregunta, por eso, cómo era posible que estas dos personas se profesaran tanto amor durante tantos años…

Su madre fue el referente del amor que no recibía de su padre. Y ella también colmaba en él la afectuosidad que no recibía de su marido. Un caso de correspondencia que no nos resulta extraño, habida cuenta de la dificultad de algunos hombres “duros” por amar y ser amados. Así era en este caso. 

Los comienzos difíciles, los entramados del mundo de la música, sus compañeros, sus amantes y sus amigos. Las giras. La lucha. Un equipaje pesado que ha de moverse de uno a otro lado. El rock and roll. Patti. Sus hijos. La banda. 

Pero si hay algo que existe en la vida de Springsteen y, por tanto, en este libro, es la música. La música como objetivo, como modo de vida, como existencia. La música en todos sus elementos. Puedes aprender de música simplemente leyendo su recorrido y las opiniones que vierte acerca de sus discos, sus ídolos, sus colegas….Música en estado puro todo el tiempo. Música como paisaje cierto del siglo XX, del siglo XXI. 


Born to Run. Memorias. Bruce Springsteen. Literatura Random House. Traducción de Ignacio Juliá. Diseño interior de Ruth Lee-Mui. Diseño de guardas y pliego de fotos de Michelle Holme. Licensing de las fotos de Crystal Singh-Hawthorne. 


Grupo Editorial Penguin Random House. Editor original Simon & Schuster, Inc. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Así que el tiempo se encargue de borrarte


(Pintura, Ramón Casas) 

He abierto las ventanas y un aire húmedo y frío se ha colado en la casa. Los manojos de flores se escondieron y los jarrones tienen un perfil de vacío acompasado. La música cesó. Se pararon los llantos. El silencio ha encontrado su sitio. Así está todo: tibiamente perdido. 

Si la lluvia lo arrasara todo, si limpiara mi corazón de ti. Si me dejara libre, sola, sin esa opresión que me traes y que nunca se marcha. La lluvia que corre de ventana a ventana, la lluvia que quiero sentir dentro, para no conservarte en ninguna memoria. 

Hay un torrente de besos que nunca se han besado, una huella de manos que se alejan de mí. Este viento de la mañana tendría que convertirme en estatua de sal, borrar los sentimientos, borrarte, sin esperar a que el tiempo se encargue de convertirte en un mal sueño. 


sábado, 19 de noviembre de 2016

La quietud invadida


(Claude Monet: Impression. Soleil levant)

El sol, que esta mañana llameaba con la fuerza de un otoño aburrido, acaba de marcharse. Se ha cansado de ver cómo la plaza se abandona a su suerte en el almuerzo y los niños se esconden y los viejos marchitan su esperanza de más tiempo para verlos jugar. El sol, que ahora no existe, anunció de temprano que tú la contemplabas con el ardor de un hombre que desea, con la mirada fiera de quien busca su rato de belleza, su palabra precisa en la ternura. Ese sol, que despunta, que intercala sus rayas con las nubes que quieren su parte del pastel, es el mismo que ella contempla desde el fondo de un silencio más claro. No estás. Decidiste que el tiempo se llenara de otras, de cuyas voces no tenemos noticia, de cuyos cuerpos desconocemos el aire y la distancia. Te marchaste con otras para ver si la dicha retornaba a tus ojos, para encontrar la huella de la carne, para ahondar en el secreto de un amor imposible. Ella quedó a la espera. Pero nada, es la nada quien sirve este banquete de hoy al mediodía, sin sol apenas para brillar de cerca y sin espejo que encontrar al otro lado. Nada tiene sin ti y nada se escribe. Nada es el eco más inmenso que guarda en un rincón desvencijado al que nadie tendrá tiempo ni ganas de acceder cuando pueda. Eso es así. Se pierde casi todo. Ella no está y tú te fuiste sin saber que la rosa tenía un olor a rosas aunque bailara espinas. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

"La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad" Josep María Esquirol


El último Premio Nacional de Ensayo corresponde a un libro “pequeño”, que no intenta abarcar el universo sino el adentro, el interior, lo que ocurre tras nuestros propios visillos. Cuidarse a uno mismo, entender lo que somos y el motivo último de nuestra actuación, acercarse a los otros alumbrándolos, empatizar con el de enfrente y no solo con el de al lado, trazar un camino posible, factible y necesario…todo ello surge natural de las páginas del libro, que lees a modo de interesante discurso natural que surge del sentido común, aunque esté lleno de referencias y de referentes. 

La definición de “resistencia” ocupa las primeras páginas. Es una resistencia que no debe confundirse con ocultación, con lejanía, con oscuridad, sino, al contrario, con un hallarse a sí mismo con la idea de que ese hallazgo nos aporte claridad y que esa claridad pueda ser compartida. A continuación, la vida cotidiana aparece como el marco ideal en el que esa resistencia puede tener sentido, como el lugar en el que florecen las contradicciones pero en el que también los errores se corrigen para convertirlos en oportunidades. Resistir es aprender que hay cosas posibles a partir de cuestiones que nos parecieron inabarcables. La resistencia es, por eso, tanto una actitud interior, como una conducta externa. La resistencia no debe dejarse llevar por la confusión y ha de fundarse en una esperanza cierta. No una ilusión inalcanzable, sino una meta razonable en la que haya elementos que cosan el día a día de posibilidades, en orden a construir ese camino del que hablábamos antes. Existir en tanto que resistir. El silencio como metodología que posibilita el conocimiento interior, el volverse hacia uno mismo, sin cerrar puertas o ventanas al exterior, sino más bien acogiendo lo que viene de fuera como un enriquecimiento y compartiendo lo que uno es con lo que son los demás. 

El narcisismo es lo contrario del resistente. El silencioso ocultador es lo contrario del que vive la proximidad como un ejercicio de vida. El concepto de “actualidad” como estado de alerta permanente, no ante el presente, sino ante el futuro, aparece también dentro del cuestionamiento general que el libro realiza sobre muchas cosas que damos por sabidas o por buenas. La caricia ¿es poder?. Lo cercano ¿es realidad? El otro ¿tiene que acercarse a nosotros para entendernos? 

Un libro sencillo pero que hay que leer con atención, detenimiento, vueltas atrás y referentes en la mano. Insiste en conocernos y en destapar las zonas de sombra que toda vida vivida conlleva. La contención, el combate, la renuncia, la fortaleza, como elementos todos que conducen al bienestar personal y a su consecuencia, la irradiación de un estado hacia el exterior que haga posible una relación cordial y natural con los otros. 

Reseña bibliográfica: 

“La resistencia humana. Ensayo de una filosofía de la proximidad” de Josep María Esquirol. Editorial Acantilado. Barcelona, 2015. Derechos exclusivos de edición: Quaderns Crema, S. A. 

En la cubierta: “Estudio de planta” de Jacopo Ligozzi (1580-1600)
Aiguadevidre, Gráfica
Quaderns Crema, Composición
Romanyá Valls, Impresión y Encuadernación
Quinta reimpresión noviembre de 2016
Primera edición marzo de 2015

Josep María Esquirol es profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona, donde dirige el grupo de investigación Aporia. Es autor de numerosos estudios sobre filosofía contemporánea e imparte seminarios sobre esta materia en universidades de varios países. Este libro ha recibido el Premio Nacional de Ensayo 2016 y el Premio Ciutat de Barcelona de Ensayo 2015. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

De la lluvia


(Fotografía: Christophe Jacrot) 

Estaba cansada. Llevaba un buen rato recorriendo la ciudad. Quería despejar su cabeza de dudas. Pero las dudas parecían perseguirla. Doblaba una esquina y allí estaban. Las preguntase agolpaban, en lugar de desaparecer. La incertidumbre se convertía en una losa firme, no se disipaba. Llevaba un paso rápido que tuvo que espaciarse con la lluvia. La lluvia era el gran acontecimiento del día. Después de meses sin caer tuvo que aparecer de esa forma inclemente, sin avisar, de modo que entró a comprar un paraguas en la tienda de los chinos que le cogió más a mano. Los chinos no cerraban nunca y tenían de todo. Era un todo polvoriento, sin gracia ni estilo, pero, al fin y al cabo, no tenía ninguna cita a la que acudir, era un simple paseo rápido esperando que su cabeza dejara de pensar. Los pensamientos no pueden detenerse, se dijo. Quiero que se transformen en ideas positivas, como explican los psicólogos. Aunque no se fiaba de ellos. Conocía a unos cuantos, que escribían libros llamativos y proclamaban consignas. Un absurdo. Ningún psicólogo lograría que dejara de pensar, las veinticuatro horas del día, en esa idea que la llevaba directamente al abismo. 

Lo inútil del cariño

Realmente, dice ella, esta es una despedida inútil. Sé que no leerá estas palabras. Está demasiado ocupado, su cabeza anda enfrascada en temas importantes. El amor es un sucedáneo del aburrimiento, así que no le prestará atención. Me despido, entonces, no de él, sino del amor que le tuve. Lo dice mientras agacha la cabeza, abate los ojos y sonríe tristemente. Esa es una tristeza sobrevenida, pienso. Ella ha perdido la alegría. Se ha quedado secuestrada en cualquier encuentro baldío. En una conversación venida a más por la rabia y la indiferencia.

Realmente, dice ella, no debería decir nada, puesto que el silencio ha sido mi santo y seña todo el tiempo. Cómo terminar lo que no ha empezado, continúa. Si entonces, cuando mi corazón saltaba al presentirlo, mis palabras nunca confirmaron su latido, qué sentido tendría ahora, cuando ya sé que la inutilidad golpea mis pasos y al final de ellos no hay ningún atisbo de su presencia. Ella mira a lo lejos, entreabre los ojos y guarda en ellos sus miles de secretos. Nada ha sido dicho tampoco ahora, pienso. Ella permanece callada.

Realmente, dice ella, no entiendo cómo he llegado hasta aquí. De qué manera la emoción me contagió al mirarlo. Cómo guardé dentro de mí lo que era, sin que me perteneciera nunca. A lo lejos, en cualquier parte, un hilo de su vida parecía revolotear en torno mío. Y por eso creí que las cosas eran posibles y los deseos podrían cumplirse. Pero me equivoqué. Esa certeza la ha asustado, corroboro. Por eso no quiere confrontar lo que piensa, lo que sabe o vive. Y prefiere cerrar los ojos y las manos, manos cerradas que no esperan nada, ni ternura, ni vida. Nada ardiente, clamoroso vacío.

(Pintura: Retrato de Jeanne Hébuterne. Amadeo Modigliani) 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Una mujer fatal


Confirmado. De todas las mujeres que se pasean por los libros de Jane Austen ninguna merece más este título que lady Susan Vernon. Por eso esta novelita epistolar de 125 páginas apenas es tan interesante. Porque pone en circulación un tipo femenino verdaderamente curioso, sobre todo si nos atenemos a las fechas en las que fue escrita y a la edad de la escritora (entre 1794 y 1805, con algo más de veinte años). 

Ni siquiera las hermanas Bingley, con su desprecio por la vida campestre y sus luchas soterradas por conseguir que Caroline se case con Darcy, pueden compararse a lady Susan. Ni, por supuesto, la señora Augusta Hawkins, de casada señora Elton o, incluso, Fanny Dashwood, con su maléfica influencia sobre su marido, a la sazón hermanastro de Elinor y Marianne en “Sentido y Sensibilidad”. Esa conversación inicial en la que  Fanny lo termina convenciendo, con frases cortas e intencionadas, para que no asigne cantidad alguna al sostenimiento de su madrastra y sus hijas, a la muerte del padre, es memorable y encierra el sentido del egoísmo más perfeccionado. 

Lady Susan Vernon, la protagonista de “Lady Susan” brilla sobre todas las malvadas y algunos de sus rasgos nos recuerdan el perfil clásico de esa mujer de novela negra que trae la perdición de los hombres. Belleza, inteligencia y astucia. Maldad con encanto, podría ser una buena definición. Una inteligencia mal aplicada, que diría el mismísimo señor Knightley, usada para generar males y desgracias a su alrededor. 

Lady Susan Vernon frisa los treinta y cinco, edad madura para la época, se ha quedado viuda hace nueve meses y ya está trajinando marido. El libro incluye una descripción física que no es usual en las novelas austenianas. Rubia, de piel fina y ojos claros. Un aspecto angelical para alguien que alberga sentimientos llenos de oscuridad. Como es una novela epistolar tenemos que fiarnos de la carta que escribe la señora Vernon (concuñada de lady Susan) a su hermano, Reginald De Courcy, joven atractivo y soltero: “Por más que dudes sobre el atractivo de una mujer que ya no es joven, debo admitir que raras veces vi a un ser tan encantador como lady Susan. Es delicadamente rubia, con bellos ojos grises y pestañas oscuras”

Todas las cartas del libro, pues esta es una novela epistolar, sirven para definir la personalidad de la protagonista. En todas aparece, aunque sea indirectamente. Pero ella solo se descubre, y no del todo, cuando escribe a su amiga, la señora Johnson, tan floja de moral como ella misma, casada con un hombre que, al contrario del marido de la protagonista, sabe bien cómo es su mujer e intenta controlarla a duras penas. Las palabras de lady Susan a la señora Johnson descubren un carácter ambicioso, nulo respeto y empatía hacia los demás y un deseo sin límites de lograr sus objetivos, sin reparar en el daño que pueda hacer. Pero no lo hace con dureza, ni acritud, sino, y esto es un verdadero hallazgo, con cierta ingenuidad, ironía, condescendencia consigo misma y un punto de infantilismo que resulta hasta gracioso. Es una maldad descrita sin aristas. 

No solo ha engañado a su marido cuando vivía, sino que ha intentado quitarle el marido a la señora Manwaring, ha logrado que se rompa la relación de Sir James con la señorita Manwaring, ha hecho desgraciada a su hija Frederica y ha escandalizado a toda la sociedad de Londres. Aún más. Cuando ante sus ojos aparezca un nuevo objetivo, el joven y rico Reginald De Courcy, no dudará en usar sus armas para lograr su afecto y conseguir unirse en matrimonio. Y las armas no serán las de la belleza, obvias en su caso, sino la mesura, el buen tino, la humildad, la buena conversación y la inteligencia. Un cóctel imposible de eludir. 

Porque quizá sea este el elemento distintivo de lady Susan Vernon con respecto a las otras “malas” de Austen. La inteligencia. Atributo que la escritora concede sobre todo a sus mujeres “buenas”. El escaso ingenio, la ridiculez, la falta de modales, la poca agilidad mental, son elementos que se reflejan en el carácter de esas “malas” que citamos. Pero no en lady Susan, que es, si no fuera una verdadera bruja, la persona con la que todo hombre sueña como amante y toda mujer como amiga. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen: Seis acordes de guitarra


Me confieso analfabeta en Cohen. Si no hubiera muerto ayer yo no hubiera buscado en Internet noticias sobre su vida, ni hubiera escuchado con atención sus diez temas más famosos tal y como los publica La Vanguardia. Ni hubiera estado atenta a un enlace de El Mundo en el que se recoge el discurso que dio en Oviedo con motivo de recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011. Qué curioso. No recuerdo cuestionamiento alguno hacia ese premio, quizá porque "Letras" es concepto más amplio que poesía, que novela, que escritura. Ahí la copla entra sin remedio y la canción y todo lo que música acompaña. 

En ese discurso Cohen cuenta una historia. Las historias de los viejos son entrañables y él, en ese año de 2011 ya lo era y lo sabía y tenía esa presunción de los viejos que han pasado ya esos años difíciles en los que todavía se tiene esperanzas de mantenerse lo más en forma posible para seducir a quienes nos cruzamos en la vida. En ese año él había decidido abrazar su vejez como una etapa que lo prepararía hacia la muerte, el final. De ese final habla en su discurso y todos lo entendemos cuando dice que hay que abordarlo desde "los estrictos límites de la dignidad y la belleza". Ah, la belleza, esa causa perdida con el paso de los años que solo reverbera cuando miras al fondo. Ah, la dignidad, inconmensurable necesidad que, cuando eres joven, administras tan mal y tan seguido. 

"La poesía viene de un lugar que nadie conquista", afirma, quizá para hacerse perdonar que, no siendo poeta al uso, vaya a recibir este premio que no esperaba o que no conocí. Porque somos un país lejano para aquellos que viven en ciertos horizontes del Atlántico. Aunque en este caso me equivoco, no estoy en lo cierto. Su guitarra está hecha en España, así lo cuenta. Y su voz la halló tras leer a Lorca, después de repostar en los poetas ingleses a los que entendía sin traducción. Esa voz propia que es la que nunca muere, como la madera. 

La historia se complica cuando un joven español que andaba por Montreal tropezó con Cohen en el parque que estaba justo detrás de su casa de la infancia. El joven tocaba una guitarra con eco flamenco y lo hacía de un modo que el futuro premiado no conocía. Tres clases le dio. Seis acordes le enseñó. Los justos para, según él, componer toda su obra. El joven murió al cuarto día en una pensión de Montreal por su propia mano. 

Confieso que soy una analfabeta en Cohen pero, cuando acabe de escribir esto, y otros días y otros más, bucearé en sus canciones, buscaré sus anécdotas y quizá en una ocasión escriba algo con más conocimiento de causa que ahora. Podré hablar de su elegancia que no conozco, o de sus manías, sus sombreros o su gesto. Baste decir en este instante que no debí ignorarlo tanto tiempo. 


miércoles, 9 de noviembre de 2016

"Amor y amistad": la película sobre "Lady Susan"


El aspecto de cartón piedra de los personajes del cartel anunciador no representan, en modo alguno, el sentido de la película, su contenido, su estilo. La adaptación cinematográfica de la pequeña novela epistolar "Lady Susan" de Jane Austen, se ha presentado en la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla y ha concitado elogios del público asistente, austeniano o no. Una pequeña maravilla. Su titulo "Amor y amistad" (Love and Friendship) ofrece algunas dudas cuando se dice que es el que ella eligió, en primer lugar, para la novela, ya que fue publicada póstumamente como apéndice a las Memorias que sobre su tía escribió su propio sobrino James Edward Austen-Leigh con el título de "Lady Susan". En mis manos una edición de "Recuerdos de Jane Austen", publicada por Alba Clásica en 2012 y otra de "Lady Susan" de La Compañía de los Libros (2010). Ambos textos van aquí por separado. 

Sea como sea, "Lady Susan" es una obra deliciosa, llena de situaciones cómicas y, al tiempo, de una soterrada lucha de egos, en la que destaca la personalidad de Susan Vernon, viuda y ansiosa de encontrar un buen marido para ella y otro para su hija Frederica, a pesar de que mantiene relaciones con un tipo casado. Al contrario de las otras heroínas de Austen, Lady Susan tiene más de treinta años y no se recata de relacionarse y coquetear con chicos jóvenes, porque da la impresión de que cree merecerlo todo y no pone límites a sus deseos y ambiciones. Una mujer interesante, hay que decirlo, con grandes toques de modernidad. 

La película muestra el espíritu Austen con todas las dosis de humor, ingenio, cuestionamiento de las normas sociales y atrevimiento, que sus libros tienen y que nos asombran cuando se leen sin etiquetas. Los manejos de Lady Susan tienen su contrapartida en los de Lady De Courcy o Catherine Vernon, que quieren proteger a la joven Frederica de los sinsentidos de su propia madre. Como suele ocurrir, los hombres juegan un papel secundario, incluso el guapo y deseado Reginald De Courcy, demasiado joven para estar a la altura dialéctica de Darcy o de Knightley. 

Magníficamente ambientada, con un aire muy dinámico, sin teatralidades y llena de vitalismo, la película se desliza por los pensamientos y los actos de la sociedad inglesa y de los lazos familiares que, en ocasiones, son un impedimento para la felicidad. El personaje central es una mujer fuerte, decidida, egoísta y llena de matices, todo un lujo para una actriz. Kate Beckinsale hace una interpretación tan ajustada que difícilmente podíamos imaginarnos a otra Lady Susan mejor. El amor y los sentimientos y la vida social como jaula de oro que debe ser traspasada para ser feliz, son los temas recurrentes en la obra austeniana que aquí aparecen también de manera indispensable. Cuesta pensar que solo tenía veinte o veintidós años cuando la joven Austen escribe la obra. 

Solo un pequeño matiz: los vestidos de las señores difícilmente podían tener, en ese momento, la cintura en su sitio. La moda imperio, traída de Francia, mandaba en los escotes, las formas y los adornos. Era el reinado de la muselina y las mangas de farol. 


Love and Friendship, 2016. 94 minutos. Coproducción Irlanda, Francia, Países Bajos. Blinder Films, Chic Films, Revolver Amsterdam. Dirección y guión de Whit Stallman. Música de Mark Suozzo. Fotografía de Richard Van Oosterhont. 



jueves, 3 de noviembre de 2016

"En Grand Central Station me senté y lloré" de Elizabeth Smart

¿Es posible enamorarse de alguien a quien no se ha visto nunca¿ ¿De alguien con quien nunca se ha hablado? ¿De alguien que no te ha dedicado ni una mirada?

¿Es posible enamorarse de alguien al leer un poema? ¿Es posible seguir amando a alguien a pesar de que sabes que no eres la única?

A todas estas preguntas Elizabeth Smart  (Otawa, 1913- Londres, 1986), contestaría "sí". Es posible, diría. Es, no solo posible, sino cierto. Y por eso escribe este libro. Por eso este libro tiene sentido. Por eso y porque ella era una escritora, aunque no lo sabía, no solo una mujer enamorada. Las mujeres enamoradas lloran en cualquier lugar del tiempo y de las ciudades. Las escritoras, trasladan las lágrimas al papel y, al hacerlo, esas lágrimas ya no son suyas, pertenecen al lector que encontrará en ellas, seguro, algo de su propio dolor o de su propia dicha. Es así como la literatura se convierte en un espejo en el que mirarse y mostrarnos. 

Su vida y el libro son la misma cosa. Y el espejo en el  que se mira, el poeta George Barker (1913-1991). Barker es el héroe que la enamora, pero, a decir verdad, no solo a ella. Su capacidad para desplegarse ante la parroquia femenina era inmensa. Aunque debió poseer el don de hacer creer a todas que eran únicas porque, en caso contrario, no se explica la devoción de aquellas que lo amaron. Como en tantas ocasiones, el objeto amado está muy lejos del resultado de esa pasión. En la vida real, Barker era simplemente un mujeriego incorregible; para el talento de Smart, lo era todo. También a Jessica, su primera esposa, la mantuvo al otro lado de ese lazo inseparable y fue la mujer con la que tuvo tres hijos. Luego estaba Elspeth, la esposa con la que vivía cuando Elizabeth se enamoró. En total, Barker tuvo quince hijos de diferentes mujeres. El motivo por el cual fue tan amado y deseado solo puede ser entendido por aquellas que lo conocieron. En todo caso, su calidad de poeta, si es que existe, ha quedado oscurecida por esta circunstancia, sobre todo a partir de este libro. Es, quizá, un justo castigo el que su nombre nos llegue nítido a través del relato de la pasión que despertó en una mujer y que no recordemos ninguno de sus poemas. 

En el año de 1937 Elizabeth Smart, de 24 años, lee unos pocos poemas de Barker y, a partir de ahí, decide que ese es el hombre de su vida, que va a conocerlo y que va a intentar enamorarlo. La sombra de la esposa estará siempre presente, porque, además, Barker era católico, lo que ya sabemos qué significaba entonces. Y siempre se debatió entre las dos mujeres, dejando a ambas insatisfechas, como suele ocurrir cuando uno abarca demasiado. No sé por qué me imagino a este hombre del estilo de Ashley, el caballero del sur que en "Lo que el viento se llevó" prendó a Escarlata y a Melania, sin que su indefinición terminara por aclarar a quien quería de las dos....hasta que el dolor a la menos amada fue evidente. Esa clase de hombres que alpistean, que se dejan querer y que siempre parecen ser los sufridores de dramas que ellos mismos aventan. Las víctimas de su falta de generosidad, de su imposible entrega. 

El libro es una sucesión de emociones, imágenes, sentimientos, plagado de citas literarias, la mayoría de poetas y de Shakespeare. Las citas la inspiran y a veces son la referencia exacta. Hoy diríamos que el libro es una autofiction, entonces no se sabía qué era esto. Así, desfilan las palabras de Francis Thompson, William Blake, W. H. Auden, John Milton y el propio Barker, entre otros poetas. Y frases inspiradas o tomadas de Macbeth, Otelo, Hamlet, Antonio y Cleopatra, además de, curiosamente, el gran antagonista de Shakespeare, es decir Christopher Marlowe (Doctor Faustus). Su alusión a Heathcliff, el protagonista masculino de "Cumbres Borrascosas" la obra de Emily Brontë que describe el amor más desesperado no es casual, sino plenamente consciente. 

De cómo enamorarte puede hacerte terriblemente infeliz. De cómo la vorágine de pasiones, de deseos, de luchas internas, acaba con la apacible vida de una muchacha y la transforma en un fuego interminable. Quizá era su interior el que buscaba esto. Quizá ella era así desde siempre y Barker solo fue un objeto indispensable. El caso es que, desde que se publicó, en 1945, este es un libro de culto. La oposición de la influyente familia de Smart, que intentó detener su publicación, no logró que se difundiera y fuera leído cada vez más. La belleza de las palabras, el lenguaje especialísimo, ese punto de vista entre arrogante y pesaroso, la forma de mirar y de narrar los acontecimientos, convertidos en flashes, como si se tratara de una película de su vida, ha cautivado a los lectores. Pero ella misma no entendió que este talento no debía desperdiciarse y, enfrascada en su pasión por Barker (con el que tuvo cuatro hijos a los que tuvo que mantener ella sola en momentos muy difíciles), dejó de escribir y no volvió a hacerlo hasta que no pudo encontrar cierta paz muchos años después. 

Hay libros que te hacen preguntarte cosas. Este es uno de ellos. Y, como todo en la vida, suelen llegar en el momento oportuno. Los libros siempre te salen al paso, nunca son inocentes ni casuales. Sirven para hacerte preguntas. Preguntas que tienen una respuesta que quizá no querías conocer. Pero ahí están. Hay lágrimas inútiles. Y amores que únicamente sirven para escribir libros, para escribir un libro como este.