lunes, 30 de abril de 2018

"La señora Fletcher" de Tom Perrotta

Hemos copiado de los americanos el formato de las bodas, esas cursilerías de los lazos, las tarjetas, los vestidos súper pomposos, el ritual de los banquetes...pero tengo mis dudas de que las familias españolas respondan al mismo estereotipo que las familias medias americanas. 

Para empezar, ese fenómeno tan literario (y real) de la marcha de los hijos a la universidad no tiene entre nosotros el mismo significado, sencillamente porque la mayoría se quedan en casa. Los chavales americanos se marchan muy pronto del nido, se ponen a trabajar en plan precario cuanto antes y estudian lejos de casa. Menos universidades comparativamente pero de más calidad. Nosotros tenemos una en cada esquina y ya es un drama que tengan que coger el autobús. 

En un libro que leí recientemente, en otro registro que este, escrito por la periodista Joanna Connors (Te encontraré. Errata Naturae) y en el que se relata la investigación que ella realiza sobre el hombre que la violó, es el momento en que su hija va a la universidad el que ella escoge para explicarle su tragedia pasada.

El ingreso en la universidad es un acontecimiento que en las familias tiene especial relevancia, no solo porque se escoge el futuro de los hijos sino porque estos empiezan a caminar solos y, paralelamente, los padres, o la madre en este caso, tienen asimismo que aprender a valerse por sí mismos, sin la coartada que supone a veces el cuidado de la prole. 

   Lo que sí puede resultarnos atractivo es ver cómo las nuevas tecnologías, el mundo moderno y la vida actual cambia las reacciones de las mujeres en determinadas circunstancias: cuando se quedan solas, por ejemplo, tras un divorcio y la marcha del único hijo de la casa. Brendan es un chico malcriado, con poco cerebro y menos ganas de estudiar, atraído por lo que, según él, es lo más definitorio de la universidad, las fiestas a mansalva. La madre, que es Eve Fletcher, cuyo nombre titula el libro, tiene cuarenta y tantos años, es atractiva, guapa, deseable, como lo son las mujeres a esa edad y mucho mayores en la sociedad de ahora. Y tiene más horas libres de la cuenta, así que decide aprovechar en algo. Esto es el signo de los tiempos. Los mayores están más deseosos de relacionarse, de hacer nuevas amistades y de aprender que los propios jóvenes, que andan menos activos y tirados a la bartola en muchos casos. 

   La señora Fletcher, residente en un barrio de clase media, típicamente americano, de una tranquila ciudad de New Jersey, hace lo que muchas otras mujeres, buscarse un entretenimiento que, a la vez, le abra nuevas posibilidades en su vida. "Género y sociedad" el curso en el que se apunta, abre puertas que ella tiene necesidad de recorrer, parece incidir en su interés recobrado por el sexo, ahora que su marido está con una mujer más joven, aunque su intención inicial sea empaparse de la mentalidad victoriana que le podría ofrecer "Middlemarch" el libro que permanece en su mesita de noche, aunque nunca hay tiempo para leerlo. Es más fácil ver la tele o entrar en cualquier red social, menos gasto de cerebro y más entretenimiento. 

   Y eso es lo que pensamos al leer el libro. Que también hay que leer para disfrutar, alegrarse, reírse y entretenerse. Que no todo va a ser trascendencia, inquietud y zozobra. Que la risa y la sonrisa son elementos sustanciales de la existencia humana. Que el humor ayuda a sobrevivir y a vivir. Algo que tiene claro el autor, Tom Perrotta, especialista en conocer los gustos de la clase media lectora, siempre al día en lo que se refiere a movimientos sociales y un experto en lanzar libros que luego puedan ser aprovechados debidamente para hacer una serie en cualquier plataforma audiovisual. En el caso de este, ya se está preparando su adaptación a HBO, donde ya se estrenó con gran éxito una versión de su novela "The Leftovers". El contacto de Perrotta con el mundo de la pantalla es antiguo y en 2004 fue nominado al Oscar por el guión de "Juego de niños". 

   En la estructura narrativa encontramos dos voces. En tercera persona se narra lo relativo a Eve Fletcher y en primera persona lo que sucede al hijo, quizá porque en este el pensamiento tiene menos fuste que los propios hechos. Distintos personajes van salpicando el relato, vistos todos con una mirada tierna y poco crítica, porque no es este el foro. La sexualidad es la piedra de toque de la historia, lo que interesa a unos y a otros y también lo que les diferencia. El uso de diálogos divertidos y de situaciones chocantes es una forma evidente de querer contar sin molestar o sin levantar suspicacias en cuestiones que, como bien sabe el autor, tienen mucha más trascendencia que este vodevil simpático y ocurrente. 


La señora Fletcher. Tom Perrota. Libros del Asteroide. 2018. Traducción de Mauricio Bach. 

Reseña del autor (editorial Libros del Asteroide):

Tom Perrotta (Newark, Nueva Jersey, 1961) es escritor y guionista. Ha publicado con gran éxito de público y crítica dos libros de cuentos y ocho novelas que han sido traducidos a múltiples idiomas. Muchas de sus obras han sido llevadas al cine, entre ellas Election (1998), Juegos de niños (2004) -por cuyo guion estuvo nominado al Oscar- y The Leftovers (2011), que se convirtió en una exitosa serie de la cadena HBO. La señora Fletcher (2017) es su última novela.

2 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Me estreno en tu blog y me alegro de haberme pasado por aquí.
    Ahora que tengo más tiempo, me pasaré de vez en cuando para ponerme al día con tus lecturas.

    Respecto a lo que nos comentas de esta obra, parece una propuesta diferente a lo que suelo leer que podría llamar mi atención cuando quiera desconectar de mis estilos habituales.

    Has conseguido transmitirme todo lo que has descrito a la perfección y eso me ha hecho conectar con tu reseña.

    Muchas gracias por hablarnos de esta obra.

    ¡Un abrazo y hasta pronto!

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  2. Hola Santiago, me alegra que te hayas pasado por aquí. Este es un libro muy entretenido y todo no va a ser seriedad ¿no crees?. El humor es algo muy valioso...y difícil. Y la sátira también. Espero que vuelvas por aquí cada vez que te apetezca. Un abrazo.

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