viernes, 1 de enero de 2016

"El animal moribundo" de Philip Roth


Una novela penetrante y abrasiva. Así la describe uno de los críticos que con ocasión de su publicación en castellano habló de esta obra de 2001, una obra que conserva el mismo personaje que aparecía en dos anteriores: "The Breast", de 1972 y "Profesor of Desire" de 1977.  

Ese personaje principal es David Kepesh que en "El animal moribundo" tiene casi setenta años y relata, a modo retrospectivo, uno de los episodios de su vida ocurrido en torno a los sesenta. Pero, en realidad, lo que cuenta no es un momento exacto sino su propio ideario, los postulados por los que se ha regido desde la revolución del sesenta y ocho a la que abrazó y de la que no se ha desprendido. 

Kepesh es un reputado crítico y catedrático de universidad. Es, también, un hombre atormentado por el sexo. Mantiene aventuras epidérmicas con sus ex-alumnas con el fin de olvidarse de lo que le quita el sueño: la muerte. Y, antes de eso, la vejez. Es, pues, un viejo que se acuesta con jóvenes para que la belleza o la vitalidad le llegue a él de alguna manera, para impregnarse de ello, para que no se le escape un hálito de vida mientras pueda. 

De esta forma, al tiempo que recuerda su affaire con Consuelo Castillo, joven exiliada cubana de veinticuatro años, hermosa, explosiva y manipuladora, como lo son casi todas las mujeres de esa edad y de ese estilo, el profesor recuerda a sus padres, su matrimonio fallido, su hijo perdido en una bruma y sus curiosas sentencias sobre la vida y el amor, que él mismo ha creado, a las que se aferra, porque, si tuviera que cambiarlas ahora, vería que toda su existencia ha sido una auténtica tragedia con final desgraciado. Como suele ocurrir cuando las premisas son falsas, llegará un momento, y Consuelo será ese momento, en que Kepesh sucumbirá a todo aquello que ha pretendido evitar. Los celos, el ansia de posesión, la represión, el egoísmo...En esa piedra de toque que es el cuerpo de Consuelo (porque su espíritu a él no le interesa lo más mínimo) hallará su muerte sexual, que anticipará, esa es el gran drama, su muerte física. Kepesh se convertirá en lo que nunca quiso ser y los mismos motivos por los que abandonó a su mujer y a su hijo aparecerán de forma recurrente porque, al fin, todo nos indica que no ha evolucionado, que se quedó anclado en una época ya perdida y que vive del pasado, de un pasado que ni siquiera estuvo en su mano cambiar. 

La perfecta organización de sus aventuras sexuales, todas con ex-alumnas para no sufrir las acusaciones de acoso sexual, todas enquistadas en momentos diferentes, todas con un ritual parecido, se tambaleará cuando alguien más manipulador que él aparezca en su vida. La legión de chicas que antes de Consuelo pasaron por su cama, queda ignota. Las damnificadas no aparecen. Porque, además, él, cuyo punto de vista es el que domina la narración, hace lo indecible para ocultarlo y para justificarse. Si tan seguro está de que las cosas han de ser así ¿por qué tanta explicación?

"El sexo es lo que desordena nuestras vidas normalmente ordenadas", dice Kepesh. Será por eso que intenta convertir el sexo en un orden arbitrario que él mismo establece. Será por eso que en el libro no aparecen ni la pasión, ni el amor (un estorbo, sin más), ni el deseo, ni la emoción, ni el ansia. No hay besos, ni abrazos, sólo cópulas, penetraciones, perversiones y escenas que no te incitan al sentimiento erótico sino al asco. Y qué buen escritor es Roth que consigue cabrearte con el protagonista, que consigue que lo odies y que digas, ufff, este tipo me asquea, me repugna...

Sin embargo, percibes que hay un trágico sentimiento de culpa en él, que su miedo a la muerte lo acompaña más allá que el resto de escaso placer que le dejan las noches que pasa en compañía. Su visión del cuerpo femenino es el de un forense en una sala de autopsias. Nada le conmueve en realidad. Más bien le produce hastío y cansancio. Entonces es cuando empiezas a entenderlo y sientes compasión. Sabes que no es feliz en ninguno de esos brazos, sabes que, al día siguiente, después de aquello, es capaz de mirar con indiferencia a las jóvenes y no reconocerlas. ¿Quién es? Me parecía una diosa y es una terrible bruja....Incluso Consuelo será una bruja cuando ya su cuerpo no responda a lo que él necesita. Un cuerpo enfermo no es nada para un hombre que teme a la muerte. La episódica Carolyn tampoco es la solución, porque una mujer que se deja engañar por absurdas mentiras demuestra tan poco seso que a nadie le interesaría mantenerla a su lado mucho tiempo. 

Así, Kepesh, que siempre estuvo solo, acabará solo y morirá solo. Su muerte es solo presentida. Pero llegará. Y será en soledad. Y sin haber vivido. Si no se ama, no se ha vivido. Esa es la gran realidad que desconoce y no llegará a entender. Por eso es un hombre enfermo, antes que moribundo. Y equivocado, antes que enfermo. La diferencia entre amar el cuerpo y utilizarlo está en eso precisamente. En la ausencia de emoción, en ese falso equilibrio que el sexo te aporta y que desaparece en el último gemido. Un vacío que el amor llena, solamente con contemplar a la persona amada, sea como sea, "tal y como eres". 

Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933) es un escritor excepcional. Si no fuera así, dejarías el libro a la primera página, cuando ese presuntuoso profesor te pone en aviso de su modus operandi tan ridículo. Pero la escritura está por encima de que el tipo te caiga bien o mal, lo odies o lo admires. La escritura es una argamasa construida de talento. En esta novela de personaje, logra que trasciendas las bambalinas y te asomes al fondo. Igual que hizo antes, en sus novelas de sociedad. "Pastoral americana", "Me casé con un comunista" y sobre todo "La mancha humana", son muestras de una decadencia que aquí es personal y en ellas es general. La decrepitud como leit motiv. La muerte, al final del camino. Hay muchas formas de morir, dice Roth. Y el sexo es una muerte anticipada cuando no lleva consigo el fuego de la pasión amorosa y cuando se sucede como una ruleta rusa de la que no sabes qué artificio traerá. El esteticismo del sexo sin amor. Sobre todo, los hombres que no saben amar y que morirán sin saberlo. 

La cita inicial del libro es, nada más y nada menos, que de Edna O´Brien. Mi escritora favorita de los últimos tiempos, genial trazadora de tipos femeninos no menos geniales, aporta una frase que condensa esta mirada: "El cuerpo contiene la biografía tanto como el cerebro". ¿Quién podría negarlo?

El título, por su parte, procede de un poema de W. B. Yeats (1865-1939) -editor de W. Blake, premio Nobel en 1923 y gran referencia de la poesía en inglés de su tiempo, junto con T. S. Eliot- . El poema se llama "Navegando hacia Bizancio" o "Rumbo a Bizancio" y dice así en este fragmento: "Consumid mi corazón; enfermo / de deseo, y atado a un animal que muere, / desconoce lo que es; y haced que me una / al artificio de la eternidad".

Si alguien me preguntara, como resumen, si el libro me ha gustado, le diría "No sé". Pero de algo estoy segura: no quiero conocer a ningún David Kepesh.

Referencias bio-bibliográficas:

Sobre Philip Roth 

Nació en el seno de una familia judía el 19 de marzo de 1933 en Newark, New Jersey. Estudió lengua inglesa y literatura en las universidades de Bucknell y Chicago. Fue crítico de cine durante un tiempo y ejerció de profesor de escritura creativa en diferentes centros, como el SUNY Stony Brook, o las universidades de Princeton, Iowa y Pennsylvania.A mediados de los años 50 formó parte del ejército de los Estados Unidos.
Debutó como literato en 1959 con el libro de relatos “Adiós, Columbus”, volumen que le valió el Premio National Book Award.Más tarde apareció su primera novela, “Deudas y dolores” (1962), libro con el protagonismo de Gabe Wallach que está ambientado en los años 50, y “Cuando ella era buena” (1967), novela centrada en un personaje femenino que evoca a su ex mujer, Margaret Martinson, fallecida en un accidente de automóvil en 1968. Unos años antes la pareja se había separado.
Con una de sus obras más famosas, “El mal de Portnoy” (1969), alcanzó la fama internacional. La historia cuenta los lamentos sociales y sexuales de Alexander Portnoy en contacto con su psiquiatra.La identidad judía y los comentarios sociopolíticos y sexuales serán asuntos recurrentes en la prosa de Philip Roth, quien no oculta la raíz autobiográfica de muchos de sus textos, los cuales también contienen sátira, parodia, desencanto y frustración.
En 1979 creó un alter ego literario, Nathan Zuckerman. Su trilogía (“La visita al maestro”, “Zuckerman desencadenado” y “La lección de anatomía”, además del epílogo “La orgía de Praga”) se puede encontrar reunida en “Zuckerman encadenado”.Más tarde Zuckerman volvería a intervenir como narrador en “La contravida” (1986), “Pastoral americana” (1997), novela por la que ganó el Premio Pulitzer, “Me casé con un comunista” (1998), “La mancha humana” (2000) y “Sale el espectro” (2007).
También otro personaje, el profesor universitario y crítico de arte David Kepesh, fue un protagonista de diferentes historias con la obsesión sexual como principal asunto: “El pecho” (1972), “El profesor del deseo” (1977) y “El animal moribundo” (2001).
Otras libros de su bibliografía son “La pandilla” (1971), “The great american novel” (1973), “Mi vida como hombre” (1974), “Deception” (1990), “Operación Shylock” (1993), “El teatro de Sabbath” (1995), “La conjura contra América” (2004), libro que fabula con la presidencia estadounidense en manos del aviador Charles Lindbergh, y “Everyman” (2006).
Al margen de ficción, Roth ha escrito libros de memorias, como “The facts: A novelist’s autobiography” (1988) y “Patrimonio: Una historia verdadera” (1991), ensayos, como “Reading Myself and Others” (1974), y una colección de entrevistas en “El oficio: Un escritor, sus colegas y sus obras” (2001).
Sus últimos trabajos editados en español son “Elegía” (2006), “Indignación” (2008), una novela ambientada en los años 50 con el protagonismo central de un joven judío, “La Humillación” (2009) y “Némesis” (2011), libro centrado en una epidemia de polio que asola New Jersey.
Su segunda mujer fue la actriz Claire Bloom (“Delitos y faltas”, “Candilejas”), con quien Philip Roth estuvo casado entre el año 1990 y el año 1994.
Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2012.

Sobre Yeats

Poesía reunida
W. B. Yeats
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Edición bilingüe
Pre-Textos. Valencia, 2010

La escalera de caracol y otros poemas
W. B. Yeats
Traducción de Antonio Linares Familiar
Linteo. Ourense, 2010


Sobre Edna O´Brien 

"Las chicas de campo", "La chica de ojos verdes", "Chicas felizmente casadas", las tres editadas por Errata Naturae en castellano, son la trilogía cumbre de esta autora irlandesa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario dentro del respeto y la corrección.