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"Nada crece a la luz de la luna" de Torborg Nedreaas

El sueño de una buena narradora es encontrar a alguien que la escuche. Sentarse a desgranar las horas y los días, los hechos del pasado, el anhelo que el futuro está esperando aún a cumplir. Contar es tan antiguo como el hombre y sirve el mismo verbo para las matemáticas y el lenguaje. Contar cuentos, contar cantidades. Esa polisemia lo convierte en un hallazgo, en un camino cierto para lograr el milagro de la comunicación. La mujer de este libro tiene cosas que decir, cuentas que ajustar, paraísos que descubrir, errores que pagar. Solo necesita un oyente, alguien que, en la oscuridad de la noche primero y en la fría madrugada después, se apropie del sonido de su voz mientras enumera esos momentos de su vida que la han convertido en lo que es. Como una Sherezade que quisiera  borrar de un plumazo los cuentos y sustituirlos por los retazos de una vida rota. Es así como Torborg Nedreaas ha concebido su historia. Es así como transcurre. El secreto está en lo que se cuenta y tambié

Qué silencio de luna presagiado...

(Fotografía: Henri Cartier-Bresson) Búsqueda inexistente, un presagio, la inocencia perdida, cuántas cosas te dije, te conté, describí ante tus ojos. Las anchas escaleras del pasado se convirtieron en pasaje secreto en el que escondes todo lo que daña, lo que no hace sonrisas, lo que destruye el tiempo. Así, contigo en esa abierta dicha, como si nada antes tuviera color, sabor o sueño, así de firme y clara me he mostrado ante ti.  Abrí de par en par mi vida y la puse delante de tus ojos. Todas las noches subía la enredadera de tu mirada única, de tu ardor diferente. Deseé que me besaras, pero no fue posible. No hubo nada, ni tan solo caricias. No hubo nada, ni tan solo silencio. Nada, ni ese momento en el aire suspendido en el que hallas al otro lado un fuego abrasador que te conmueve. Nada. Ese es tu nombre, nada. 

El aire se llevó tu nombre

(Henri Cartier-Bresson. Mercado do Bolhao. Portugal)  Tuve un sueño en el que tú no estabas. En lugar de apreciar tu huella efímera, tu rostro amado, estaba él, un muchacho al que apenas conozco, alguien que me ha mirado como tú nunca has hecho. En el sueño las cosas encajaban. Los vestidos, de telas transparentes; el color de la noche, tan opaco como suele ser el verano cuando el calor arrecia; la caída de la lluvia, en ese arco pálido de luz cuajado de brillantes arquetipos. Todo tenía sentido y él también. Tan solo tú, tan solo tu presencia jamás imaginada, el hueco presentido de tu aliento, tu olor que no conozco y nunca identifico, solo tú, ese especial latido que encuadra tu mejilla, solo eso se ocultaba, como las viejas sombras de Manderley al lado del fuego que lo arrasa, entretanto te miro y no te hallo.  Debe de ser amor esta nostalgia de no haberte tenido y no escucharte. 

Novedades de Acantilado para el otoño de 2016

La editorial Acantilado ha lanzado ya la primicia acerca de los libros que saldrán a la luz en este sello durante los meses septiembre, octubre y noviembre de 2016. Entre las novedades anunciadas hay algunas que me resultan de especial interés: "Noche es el día" de Peter Stamm, por ejemplo. También "Tardía fama" de Arthur Schnitzler, ambos en septiembre. En el mes de octubre destaco una entrega de Georges Simenon "El muerto de Maigret" o la correspondencia entre Friderike y Stefan Zweig. Por último, en noviembre aparecen "Domingo sombrío" de Alice Zeniter y "Amores imperfectos" de Hiromi Kawakami, entre otros.  Uno de los libros me llama especialmente la atención. Se trata de "Amor y filología" y recoge la relación epistolar entre María Rosa Lida y Yakov Malkiel. Ambos filólogos se casaron en 1948 en Berkeley. La historia de María Rosa Lida es especialmente interesante y de ella daban cumplida cuenta en la universidad

El ruido solitario del corazón

(Aristide Maillol. Profil de femme. 1890) Estás cerca del mar y aun lejos, inaccesible, sin que puedas verlo ni tocarlo, su música aparece en cada una de las olas que golpean con diminuta fuerza en esa orilla. Nunca el mar ha estado en su telón de fondo. Nunca en sus encuentros existió. Y, sin embargo, el mar se lo recuerda a cada instante, como si lo llevara en su pupila, como si sus palabras se dijeran mezcladas con las suyas, como si el eco de su voz palpitara tan dentro.  Estás en la colina, contemplando el silencio que a veces trae el estío y un aire inmaculado te recuerda sus ojos, su mirada, que tiene ya un cansancio que destila y que te hace quererlo más profundo. Una ensenada de besos volaría si pudiera y se aposentaría en su mejilla izquierda y las manos tendrían el vuelo de las noches, antes de que el reloj señale la hora exacta del adiós y la pérdida.  Estás en la ciudad y siempre esperas que aparezca en un recodo, que se convierta en presencia y te aturda

Cuentos para Francine van Hove: Click

(Francine van Hove) Nunca lo hubiera hecho. Jamás. Si pudiera volver atrás y borrar ese acto. Ese simple gesto, ese sonido tenue, ese momento en el que el pasado volvió para convertirse en un presente tenso y sin futuro. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Nunca hubiera escrito las primeras palabras, nunca hubiera abierto un corazón perdido, nunca hubiera regalado esos versos, ni contado esas historias.  No debió haberlo hecho. Ella tenía la soledad anclada en las manos pero era preferible a una mentira. Era preferible al miedo de equivocarse. Era preferible a la ostentación de algo que nunca alcanzaría, que nunca sería suyo. Ese dolor de la risa ajena. Esa imaginación de la dicha. Ese vuelco en el corazón por el secreto que aparece de pronto.  Nunca lo hubiera hecho. Es mejor el vacío, el mejor el silencio, es mejor no esperar, no tener, no sentir, no ser, no cavilar, no soñar, no mirar, no saltar de la cama, no saltar de alegría, no salir prendida de un deseo, no tener un d

A veces, el silencio...

(Ramón Casas) No te dejes llevar por mi sonrisa ni por esa inquietante mirada de mis ojos ni por el movimiento de mis manos ni el rojo intenso de mi lápiz de labios. Más bien fíjate en el silencio en las horas que paso sin hablarte en los huecos que dejo entre palabras en las oraciones inconclusas y ajenas de sentido. Repara en todo eso hoy que ya sabes que tiemblo solo de tenerte cerca que busco ser, al menos una hora, el motivo fugaz de una ilusión sin límites. 

Tarde azul sobre un tiempo dorado

(Pintura de Ramón Casas) Recuérdalo recuérdalo en el próximo otoño cuando los días sean cortos y largas las noches cuando el desasosiego llegue y se alejen las distracciones cuando algún acontecimiento te haga necesaria.  Recuérdalo recuérdalo en las noches de soledad cuando una punzada de ausencia lo inunde todo cuando se espere tan poco que la vida no cubra cuando no haya donde mirar ni mirarse. Recuérdalo  recuerda este dolor de ahora recuerda que este vacío existe y tiene nombres recuerda que eres tan solo un instrumento un juguete perdido, una moneda sin valor. Recuérdalo recuerda que los instantes se clavan en el alma recuerda que no tienes donde volver los ojos que su hombro no está para llorar ni besan sus labios, ni sus manos acarician.  No dejes de recordarlo porque de esa manera el olvido tendrá un camino abierto así un día tus ojos dejarán de soñar con su mirada esquiva así no dolerán sus adioses ni su indiferenc

No me dejes

Sonaba una canción en francés. El cantante tenía la voz trémula, gastada, como si de verdad sintiera lo que la copla decía. Es la música, piensa ella, que te hace encontrarte de frente con lo que no quieres saber ni ver. Así es la música, una manera única de levantar el ánimo o de hundirlo del todo.  No me dejes, decía aquella voz. No me dejes, pensaba ella. Es imposible que me olvides. No puede haber cambiado tanto de ayer a hoy. No pueden haberse sembrado mentiras donde antes hubo sueños. No es posible que hoy sea olvido lo que ayer se vistió de esperanza. No me olvides y, sobre todo, no me dejes.  La voz se va agostando, se termina y la música cesa. Todo se para. El mundo se ha parado de repente. Ella recoge la tristeza con las manos, se arropa y se devuelve una sonrisa en el espejo. La sonrisa confirma lo que ya ha adivinado de antemano. No me dejes, repite, no me olvides, no puedes olvidarme. Soy la misma persona, piensa ella. Mi risa es la misma y son las mismas estas

Aire breve

(Mujer de vestido rojo. Ramón Casas) Cuando la vida se escribe en letra mayúscula y los acentos recaen siempre en la misma palabra, cuando las horas transcurren como olas marchando y regresando de continuo a modo de canción de una sola estrofa... es entonces cuando entiendo que la nostalgia prende que las manos se curvan, que los ojos se llenan de una velada penumbra sin secretos de un resplandor fugaz de una victoria que no sé describir sin hablar de besos encendidos.  Cuelgo entonces en mis labios la risa como una máscara de un teatro inventado callada soledad, abierta, plena, difusa soledad en lo que soy, mastico el nombre que te di al tenerte maldito corazón, vigilia rota, dentro de esa razón hallo un secreto que no sabes, ni sé, ni se comparte,  que no está, que no existe, que no es nada salvo aire, la tenue sombra anclada en el vacío. 

"La librería ambulante" de Christopher Morley

Este libro se editó en España, con Periférica, en el año 2012, pero el que tengo en mis manos es la décima reimpresión que se hizo en abril de 2016. En otro lugar de este blog reseñé la segunda parte "La librería encantada". Entonces hubo lectores que me comentaron que les había gustado más este de ahora. Cuestión de gustos. En todo caso, todo Morley y su ingenio están aquí y allí.  Roger Mifflin, el librero, y la señorita Helen McGill, son los protagonistas de esta historia, un clásico de la literatura norteamericana que vio la luz por vez primera en 1917. Personajes tiernos, entrañables, dotados de ingenio y de una ligereza que no es simpleza sino aguda observación y un sentido práctico de la vida que los lleva a encontrar en los libros todo aquello que la cotidianeidad a veces oculta. Hondas reflexiones, ironía, gracia muy especial, movimientos pendulares de razonamientos que te hacen reír sin más, espectaculares diálogos y el poso hondo de la literatura en su relac

Puentes

(Puente de La Pepa, Cádiz)  Con el mar en calma, en esos raros días en que el viento, los vientos, hacen vacaciones. Con el sur dispuesto a arrojar lluvia. Con el levante en acción, faldas al aire, cabellos en la cara, arenas imposibles. Con el poniente, húmedo, pegado a los ojos, desértico de grados.... De todas las maneras y en todas las músicas posibles, los puentes, este puente y su hermano mayor, sobre la anchurosa bahía, lentos para construirse, firmes para sostenerse, hambrientos de anécdotas y sueños, los puentes sobre la bahía se yerguen y levantan el sueño de que la tierra vuela sobre el mar.  Cruzas los puentes como un trasunto de la vida. Recorres sus aristas, sus elevaciones; observas su rápido vaivén, sus cimientos volátiles. Cruzas los puentes y te encuentras contigo. A uno y a otro lado de su territorio estás tú. No puedes escaparte. Ni siquiera intentarlo. Así te ves, de niña presurosa, de joven a la espera, de mujer todavía en el aire la búsqueda. 

Si te hago una pregunta, se hunde el mundo

Tendré todos los besos que no diste los versos que escribieron en el aire antes que tú, sin duda,  los que te precedieron en mi alma,  un enjambre de abrazos florecidos. Tendré, seguro, el tiempo que gastaste en buscarme una ecuación de sueños al cuadrado. Tendré, lo tendré todo, pero no será ahora ni será mañana no anunciado, ni firme ni en penumbra sino más bien oscuro, temido, acuciando sonrisas. Así será, mas ni siquiera tú, ni siquiera tu rostro ni tú, ni tus manos siquiera, ni tu boca, ni tú, ni tú nada dirás, ni tú te darás cuenta y en presentido afán volcaré este silencio escrito ahora, sin más luz que la tuya. 

Inocencia enamorada

Hay editoriales de las que puedes leerlo todo. Una de ellas es Libros del Asteroide. Me fío completamente de su criterio, como si fuera una amiga que es tan buena lectora que siempre te aconseja que leas algo bueno. Algo especial. Como en las bodas: algo azul, algo viejo, algo nuevo, algo prestado. Por cierto: ¿por qué en mis bodas no hubo nada de eso? Ese "algo" es, en esta ocasión, "Un amor que destruye ciudades" la primera obra traducida al castellano de la escritora china Eileen Chang. Con esa deliciosa forma de nombrar que usan los orientales a partir de los ordinales: la primera hermana, la segunda amiga, la tercera abuela, el cuarto señor.... Eileen Chang es una más de las escritoras que llegan a mí, como si fueran palomas que vuelan solitarias y sin rumbo, para ser descubiertas y acogidas sin remedio. Voces de mujeres que escribieron, algunas silenciadas, otras olvidadas, las más, tenuemente obviadas del mundo masculino de los best. Podía contar

Leyéndote...

(Francine van Hove. París, 1942) Esplendorosa, directa al corazón, tu palabra, ella sola, tu palabra. Eco de ti, nombrado, único, sed de silencio que no es ni se convierte en nada.  Tu palabra. La amé antes de conocerte y la amo todavía,  aunque las rosas se hayan marchitado, aunque el alma me duela de repente. Tu palabra ya en ti, en cualquier cosa. Lo tibio de tu voz, vocabulario, inventos, giros, equivocaciones, tu palabra perdida me duele como el llanto.  La espero pero nunca me aparece, no llega no está, no se acerca, no emerge,  tu palabra, ni tú, ya no te espero, no la espero, no es, no existe,  ya no soy.