jueves, 23 de junio de 2016

No me dejes

Sonaba una canción en francés. El cantante tenía la voz trémula, gastada, como si de verdad sintiera lo que la copla decía. Es la música, piensa ella, que te hace encontrarte de frente con lo que no quieres saber ni ver. Así es la música, una manera única de levantar el ánimo o de hundirlo del todo. 

No me dejes, decía aquella voz. No me dejes, pensaba ella. Es imposible que me olvides. No puede haber cambiado tanto de ayer a hoy. No pueden haberse sembrado mentiras donde antes hubo sueños. No es posible que hoy sea olvido lo que ayer se vistió de esperanza. No me olvides y, sobre todo, no me dejes. 

La voz se va agostando, se termina y la música cesa. Todo se para. El mundo se ha parado de repente. Ella recoge la tristeza con las manos, se arropa y se devuelve una sonrisa en el espejo. La sonrisa confirma lo que ya ha adivinado de antemano. No me dejes, repite, no me olvides, no puedes olvidarme. Soy la misma persona, piensa ella. Mi risa es la misma y son las mismas estas manos. Mi pelo es el mismo y el color de mis ojos. Mi mirada es la misma y el anhelo de mi corazón es el de siempre. No me dejes. La emoción que siento al verte cerca es la misma. Yo espero tu voz como antes. No me dejes. No puedes olvidarme. Vuelve la letra de la canción y ronda la tarde entera, se escribe en mayúsculas, letras doradas, transparentes, letras insumisas del aire. No me dejes, dice ella y se habla a sí misma. No me dejes. No, que este vacío se aposenta en el estómago y no puedo ya sentir que un día sigue a otro. No es posible que me hayas olvidado tan pronto. 

Entonces vuelve los ojos al interior y deja de escuchar esa frase. Se pregunta sin intermediarios por qué él ha dejado de existir, por qué él ya no está, por qué ella ha creído en un espejismo. Soy la misma, se dice, digo las mismas cosas, río igual y me siento de igual modo. Pero tú me has olvidado, te has cansado de mí y, lo peor de todo, no has tenido el valor de decirlo. Hemos sido nada y ahora nada es lo que queda. Aun así, no me dejes. 

(Ilustración: Ramón Casas) 

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