sábado, 20 de febrero de 2016

La invasión de los imbéciles


Yo soy una de esas personas imbéciles que hablo en las redes. Umberto Eco (1932-2016) era un hombre muy crítico con las redes sociales. Mucha gente lo es. Pero no son Umberto Eco, ni tienen el eco de Umberto Eco. De manera que esta voz ha resonado con mucha más fuerza y generado un movimiento anti-redes que está iniciándose pero que tendrá cada vez más adeptos. Es como el movimiento luddita que iba contra las máquinas. Como los libros de D. H. Lawrence, clamando por la supremacía de los instintos en un mundo mercantilizado y mecanizado. 

Eco también se planteó el problema de la escuela en relación con la enseñanza del uso de Internet. Sabiendo que es un proceso imparable, se interrogó acerca de las formas y maneras en las que la institución escolar puede acometer no solamente la alfabetización digital, sino el libro de estilo de Internet, la fórmula para distinguir lo verdadero de lo falso y sobre todo, lo cualitativamente bueno y lo malo. Esa distinción requiere un aprendizaje tan a fondo que no sabemos si llegaríamos a caer en el adoctrinamiento. 

Los que abogan por la Web 2.0 o por la 3.0., los defensores de las Tecnologías del Empoderamiento y la Participación (TEP), hablan del conocimiento colectivo, del intercambio de información en una sociedad libre y, sobre todo, de la democratización de los medios, sobre todo de Internet. Pero Umberto Eco avisó de los peligros de la inexistencia del control de calidad y de la entronización de la imbecilidad. La invasión de los necios parece imparable. Falta por ver qué tipo de necios somos cada uno de nosotros. Y de qué forma estamos contribuyendo a esa invasión. 

Umberto Eco, semiólogo, filósofo, escritor, acaba de fallecer en su casa de Milán. Tenía 84 años. Había nacido en Alessandria, un pueblo del norte de Italia y estudiado en Turín, de cuya universidad llegó a ser profesor, al igual que de la de Florencia y Bolonia, en la que fue catedrático de Semiótica. Si no hubiera sido novelista y no hubiera escrito "El nombre de la rosa" (1980) el público no lo conocería. Después de eso publicó otros libros de ficción: "El péndulo de Foucault", "La isla del día de antes", "Bandolino", "La misteriosa llama de la reina Loana". "El cementerio de Praga" y su última novela, de 2015, "Número cero". Son obras culturalistas, a medio camino entre la novela histórica, la faction y el ensayo. 

Su trayectoria profesional fue ampliamente reconocida. En el año 2000 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 2010, entre sus doctorados honoris causa, muchísimos, sumó el de la Universidad de Sevilla. 

En 1986 Jean-Jacques Annaud convirtió en película "El nombre de la rosa", con Sean Connery como protagonista. Fue su definitiva conversión en un personaje conocido de los grandes públicos y no solo de los expertos. 

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