sábado, 25 de agosto de 2018

Tristesse


(Juliette Binoche)

Los ingleses son más ruidosos y expresivos para la alegría pero nadie como las francesas para mostrar la tristeza. Eso requiere sutileza y requiere abandonarse a las sensaciones que la tristeza produce. Así como el estruendo de la risa es contagioso y requiere salir al exterior, la tristeza es un sentimiento tan hondo que no requiere de manifestaciones externas, es más, que se rompe si se muestra. Es algo íntimo, delicado, que absorbe los sentidos y que hace resplandecer lo que somos por dentro. Hay muchos que opinan que la tristeza es cansina pero confunden la tristeza con la apatía, con el aburrimiento o la depresión. La tristeza tiene una dignidad que pocos sentimientos ofrecen, porque no necesita subterfugios ni puede impostarse. 


(Isabelle Huppert)

Nada hay sórdido en sentirse triste. Es más, el disimulo convierte la emoción en un juego malabar que no conduce a nadie. Los que no pueden expresar su tristeza terminan haciendo de ella un estereotipo, un algo sin vida y la tristeza también es vida. Si tuviéramos que esperar a vivir que pasara de largo estaríamos detenidos. La tristeza conforta nuestro corazón, porque le enseña el camino para salir de la oscuridad. Si no estamos tristes, si no entramos en la tristeza hasta el fondo, descubriéndonos a nosotras mismas, nunca podríamos encontrar el modo de volver a recuperar nuestra alegría. 


(Charlotte Rampling)

No deberíamos confundir la tristeza con la pérdida de la ilusión. La tristeza te cubre con su manto hasta que vuelves a encontrar el calor necesario. Te acuna y te explica qué te está pasando, por qué esos ojos se llenan de lágrimas, porque la sonrisa cuesta tanto y no se asoma a tu cara. Pero es un acto sincero de reconocimiento, no una impostura, ni una simulación. Dejar de estar triste porque tienes que ofrecer al mundo un rostro inmaculado es una traición a uno mismo. Recrearse en la tristeza cuando ya esta no tiene razón de ser inmediato, también lo es. Hallar el equilibrio, ese es el secreto. Saber que somos duales, que dentro de nosotros conviven sentimientos distintos y que la tristeza es uno de ellos que hay que afrontar y vivir en plenitud. Es imposible no sentirla. Es absurdo empujarla al abismo de la ocultación. Cuando termina su cometido, ella misma conoce el camino del repliegue. 

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