sábado, 10 de febrero de 2018

"Un andar solitario entre la gente" de Antonio Muñoz Molina

Un verso de Francisco de Quevedo (1580-1645)  da nombre al libro:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.
Este es el Niño Amor, este es su abismo:
¡mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Miguel Poveda lo convirtió en cante y demostró así la eternidad y la universalidad del flamenco. Ahora, Muñoz Molina, lo usa como hilo conductor de su última novela. 

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) es el único escritor del que yo podría hacer, como ahora, una pre-reseña, una reseña preventiva, un aviso en realidad. El libro va a salir dentro de unos días y la mera noticia levanta un mundo de posibilidades. El mismo mundo que él traduce a palabras en su blog, en sus libros o en sus artículos. Con la fe de que no será un libro estéril, rebusco en las incipientes referencias para averiguar qué nos aguarda al leerlo. Aunque me siento mucho más cercana a sus textos cortos (no solo sus artículos, sino sus cuentos, sus pequeños retazos) que a sus novelas largas, mantengo un lazo de entendimiento con él que me hace persistir, vez tras vez, en la lectura de sus libros. 

Faltan 3 días, anuncia la editorial Seix Barral en su página. Así se anuncian en los bares del camino la llegada del Rocío. Una breve reseña de su contenido nos da algunas pistas, pero muy pocas. Un caminante que escribe a lápiz y que recorre lugares dejando constancia de lo que ve y lo que siente, al modo en que antes que él lo hicieron otros. Crónica personal, ensayo literario, obra de ficción. Tres elementos que en Muñoz Molina están entrelazados hace tiempo porque no es un inventor de historias al uso sino, quizá, un captador de vivencias. La alusión editorial al collage me recuerda que estudió Historia del Arte (en Granada, esa universidad en la que estudiaban todos los muchachos de Jaén y su provincia hasta hace muy poco) y que siente un vivo interés por todo lo que esta disciplina significa. Arte y literatura en una simbiosis personal, acunada por su propia experiencia y por su forma de entender el mundo. Esa mirada ética que, desde hace tiempo, lanza algunas advertencias y genera impresiones que comparte con los lectores de sus artículos o de su blog. 

En su página web, que frecuento a menudo y donde hay una detallada y tierna descripción de su infancia y su vida, dice: Contar y escuchar historias no es un capricho, ni una sofisticación intelectual: es un rasgo universal de la condición humana, que está en todas las sociedades y arranca en la primera edad de la vida. Esto es ya una declaración de intenciones, un manifiesto sobre el papel que "contar" que es escribir y "escuchar" que es leer, tiene en la vida de las personas. Algo inherente a su propia naturaleza, dice el escritor. En el itinerario lector que él mismo especifica en ese Autorretrato, está un momento crucial, los doce años y en ellos algunos autores que son también referencia para mí misma en ese mismo tiempo de la primera adolescencia: Agatha Christie, Julio Verne y Mark Twain. Partiendo de ahí, puede uno adentrarse en todos los terrenos, incluso en los más alejados e inhóspitos. 

¿Qué significa el hecho de haber elegido este verso como título? El soneto de Quevedo muestra una actitud de desengaño, de escepticismo, ante el amor. No es raro esto en el escritor, así se sentía, sobre todo al final de su vida, cuando sus ideas políticas lo habían conducido a la cárcel y al desarraigo social. Pero quizá ese desapego de las cosas no sea tal en Muñoz Molina. Más bien en el camino que traza en este libro y que es común a toda su obra puede hallarse la búsqueda de una explicación más reflexiva, más profunda, a la enorme contradicción que supone vivir. 


Sinopsis de Un andar solitario entre la gente (Seix Barral):

Un andar solitario entre la gente es la historia de un caminante que escribe siempre a lápiz, recortando y pegando cosas, recogiendo papeles por la calle, en la estela de artistas que han practicado el arte del collage, la basura y el reciclaje —como Diane Arbus o Dubuffet—, así como la de los grandes caminantes urbanos de la literatura: de Quincey, Baudelaire, Poe, Joyce, Walter Benjamin, Melville, Lorca, Whitman… A la manera de Poeta en Nueva York, de Lorca, la narración de Un andar solitario entre la gente está hecha de celebración y denuncia: la denuncia del ruido extremo del capitalismo, de la conversión de todo en mercancía y basura; y la celebración de la belleza y la variedad del mundo, de la mirada ecológica y estética que recicla la basura en fertilidad y arte.

«Me gusta la literatura que me trastorna y me embriaga como vino o música, que me saca de mí, que me fuerza a leerla en voz alta y a favorecer su contagio, que me explica el mundo y me pone en pie de guerra con el mundo y me refugia de él y me revela con la misma vehemencia todo su horror y toda su belleza.» (Antonio Muñoz Molina)

Un andar solitario entre la gente. Antonio Muñoz Molina. Publicación el 13 de febrero de 2018. 
Editorial: Seix Barral
Temática: Novela literaria | General narrativa literaria
Colección: Biblioteca Abierta
Número de páginas: 496

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