viernes, 22 de diciembre de 2017

Solsticio de invierno

Nada mejor que un verdadero acontecimiento astral para señalar el límite de una pasión no compartida. El solsticio de invierno marca la noche más larga y el comienzo de una estación llena de frío, nieve, lluvia y viento desapacible. A su fin, la primavera volverá a entrar en los jardines y eso será una nueva señal, un hito. 

Las pasiones terminan por inanición. Ni uno solo de los sentimientos se mantiene sin agua, sin sol, sin luz, sin calor. Todos podemos llegar a albergarlos pero mantenerlos es cosa de héroes y la heroicidad acaba cuando se impone la foto fija de la realidad. Hay fotos oscuras y maltrechas, en las que la imagen está desenfocada, pero hay otras nítidas que te revelan lo que no has sabido ver o no has querido aceptar. 

En las novelas románticas, de las que hablo en este blog con frecuencia, los amantes suelen salir casi indemnes de estas travesías solitarias, sobre todo porque al final todo parece encajar como en un bendito puzzle lleno de figuras de color. Pero en la vida, hay que saber distinguir la realidad del deseo y, por mucho Neruda que hayas leído, por mucho Hernández que corra por tus venas, por mucho tiempo que dediques a cultivar dentro de ti lo que otros no entienden, los números cantan y la poesía no tiene nada que hacer ante los datos. 

Suma las noches en las que tus ojos se quebraron, suma los llantos, las decepciones, los cuentos de hadas inventados, suma las sorpresas que no trajeron nada nuevo, suma las presencias indeseadas, suma las mentiras, suma las equivocaciones, suma los instantes de soledad, suma las penas que no pudiste compartir, suma los hechos que no encajan, suma los noes, suma los desprecios, suma los rechazos, súmalo todo y halla el resultado que, antes o después, arroja como balance la voz oscura del solsticio. 

Confía en que, como el invierno, también ese estado de impalpable oscuridad termine en unos meses, justo cuando la primavera vuelva a hacer de las suyas. Confía pero no bajes la guardia. Hay personas como tú, tan vulnerables, tan escasamente curtidas en la simulación y en la rareza, que caen sin remedio en un pozo que nada bueno aventura. Y mírate al espejo para verte cómo eres y no cómo te han visto esos ojos que nada bueno pretendían. Mírate con la claridad del alba, no con las sombras de la noche. 


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