viernes, 18 de septiembre de 2015

La pregunta


He perdido el eco de mi nombre, mezclado entre voces ajenas, entre engañosos murmullos. El silencio cómplice que poseí tiempo atrás ha dado paso a la confusión, al griterío, a la alharaca. Quién soy. Qué estoy haciendo aquí. Qué amo. Qué preciso. Cuáles son mis sueños.

He lanzado las preguntas al viento, pero el aire las ha devorado y ha devuelto tan solo interrogantes. He lanzado las preguntas al agua y el temporal las ha convertido en cenizas, en lava de volcán. Preguntas sin respuesta para un tiempo sin esperanzas. He sido lo que ahora no recuerdo.

Esta noche la luna se ha adueñado de un firmamento oscuro, yermo de estrellas, escrito en tinta china. El centro de la bóveda rodea el cuarto creciente y debajo la arena, que hace horas abrasaba, se ha tornado en azúcar cálida y sin terrones. Los pies, desnudos, los pies descalzos, todo, desnuda entera yo, mi corazón desnudo.

Me he mirado a mi misma a través de un espejo, Alicia sin vestidos, sin números ni reinas. He cruzado el umbral y allí, sin esperarlo, he entrevisto mi imagen, asomada a un espacio que no aguanta mentiras. Soy yo. Esta que ves. Así. Completamente. Soy yo. En franca soledad. Lejanos los deseos, lejanas las pasiones, lejanos los conflictos. Soy yo. No siento miedo. El miedo se ha marchado. La noche no es oscura. No estoy sola en el mundo. No lo he perdido todo. No tuve un él ausente. No tengo un tú imposible.


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