domingo, 27 de junio de 2010

No estás solo


Palomas

En la plaza queda solamente un charco. Un único charco, redondo, profundo, en el centro de la plaza, rodeado de jardines y de cacharritos para que jueguen los niños. En ese charco están hoy las palomas, cinco o seis, oscuras y leves, formando un corro que se asoma al agua. Las palomas están bebiendo el agua de la lluvia que la plaza conserva porque un error de construcción hace que este charco sobreviva a los cielos secos.
Las palomas no saben que las miro. Andan a su aire, nunca mejor dicho, vuelan, se esconden, se arrastran, se posan… Estas palomas son las mismas que corretean los niños tímidos en los recreos de los colegios. Hay colegios en los que las palomas tienen presencia todo el año y, cuando los niños salen al recreo, siempre hay alguno, un niño tímido y solo, que las corretea, que las persigue, que las espanta jugando. Ese niño juega con las palomas y así no puede decirse que esté del todo solo. Una vez un niño jugaba en el recreo con las palomas, un día tras otro, durante años. Los maestros no habían reparado en que los recreos del niño solamente tenían sentido con esas palomas que trotaban como ponys delante de él.
El niño estaba solo, año tras año, en todos los recreos, de todos los colegios, de todo el mundo. Pero ahí están las palomas, que remedian la soledad y convierten en juego el perseguirlas por el patio. Aunque los maestros, que estaban tomando un cafelito, no reparen en eso.
Otro niño le dijo un día, con una sintaxis dudosa, al niño tímido:-tú correteas a las palomas en el recreo ¿verdad?
Y el niño le contestó simplemente (por eso era un niño tímido, porque usaba los monosílabos casi siempre): -Sí.
Así que no apartéis las palomas de los colegios ni de las plazas. Ellas tienen una importante función. Hacen que los niños que juegan solos, que no tienen amigos, los niños tímidos, tengan una, veinte, mil, compañeras de juegos. Las palomas entienden que esos niños no quieren perseguirlas, ni hacerles daño, entienden muy bien que se trata solamente de eso: de un juego nada más.

Ese niño que juega con las palomas puedes ser tú, puede ser tu hijo, podemos ser cualquiera de nosotros. Recuerda cuántas veces has mirado hacia arriba o hacia delante, porque no había nada ni nadie a quién mirar. Recuerda cuántas veces se ha encogido tu corazón al verte solo, al ver que la soledad existe y que te acecha. Piensa en cuántos niños están en los recreos, sentados en una esquina invisible, paseando sin tener con quien hablar; cuántos en las aulas, en una esquina, sin amigos...

Por eso las palomas cumplen su función en los colegios y los niños que las corretean son afortunados. Imaginan que las palomas son todas las cosas y así esos niños serán felices...incluso cuando ninguna persona mayor repare en ellos.

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