sábado, 3 de septiembre de 2016

Jane Austen y los amores contrariados


(Harriet Smith, en la versión de la BBC de "Emma" de Jane Austen. 2009) 

Quizá el personaje femenino que más desaires amorosos recibe de todas las mujeres del universo Austen es Harriet Smith. No creo que haya en esta elección ningún elemento discriminatorio, aunque quizá la vida y los antecedentes de Harriet la convierten en una presa fácil para estos desafueros. Educada en un internado de mediana categoría, Harriet es hija natural de, se supone, un caballero. Esta atribución se basa meramente en que la familia aprovisiona económicamente a la muchacha en lo que se refiere a los gastos del internado, pero ahí se queda su preocupación por ella. Es una chica de rasgos dulces, cara bonita y luces escasas. Inocente y hasta con cierta torpeza intelectual. La suerte, o la desgracia, de Harriet es convertirse en la "amiga especial" de Emma Woodhouse cuando esta se queda sin su compañía favorita, esto es, la señorita Taylor que se convierte en la señora Weston al principio del libro. El libro es, naturalmente, "Emma". 

Para ser una chica con tan escaso bagaje familiar y personal tiene un número considerable de avatares sentimentales. Un buen ajetreo. Primero conoce al señor Martín, un honrado granjero, aparcero del señor Knightley, y se enamora de él. Cuando el señor Martín le pide matrimonio ella lo rechaza, a instancias de Emma, que considera poca cosa a ese hombre. Por supuesto, esto genera riña monumental de Knightley a Emma. Después, a sugerencia de Emma, pone sus ojos en el señor Elton, el pastor de la iglesia de Longburn, personaje bastante pagado de sí mismo y de sus cualidades. Da la casualidad de que las atenciones que Elton dispensa a Emma, se confunden por esta y por Harriet con atenciones a esta última y de ahí la decepción cuando se descubre el error. 

No queda ahí la cosa. Sucede después un buen enredo porque Harriet pone sus ojos en Knightley cuando este sale en su defensa al ser rechazada en el baile por Elton y, por un malentendido, Emma piensa que a quien quiere es a Frank Churchill, sentimiento que ella alienta sin dudarlo. El descubrimiento de que Churchill mantiene relaciones secretas con Jane Fairfax conmociona a todos. Y cuando Emma sabe, por boca de Harriet, cuál es el verdadero objeto de su admiración, enloquece al pensar que ha perdido a Knightley, a quien ama sin saberlo siquiera. 

Al final, y esto no debe ser considerado spoiler pues supongo que todos han leído el libro, las aguas vuelven a su cauce y será el señor Martin, el granjero, el que despose a Harriet Smith. Pero, hasta cuatro hombres han formado parte de las horas de confidencias que ella mantiene con Emma. Y cuatro hombres, dadas las circunstancias, son muchos. En eso supera a Emma, desde luego. 

Lo que resulta más interesante es que la reacción de Harriet ante los desaires está exenta de dramatismo, más bien tiene una aceptable resignación ante los hechos. Se conforma sin dejar de estar agradecida a su amiga por sus atenciones y tiene una saludable alegría que le impide hundirse en la miseria de los amores no correspondidos. Esta reacción, enteramente debida a su autora, dota a este personaje, como ocurre con otros de la autora, de un aire moderno, civilizado e inteligente que es una seña de identidad muy apreciable. 

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