sábado, 13 de agosto de 2016

Azul, el azul, todos los azules


(Raoul Dufy)

Brillas con el azul, pensó cuando observó que llegaba, con ese paso rápido, nervioso y lleno de preguntas sin respuestas. Brillas con el azul y por eso me asusta mirarte y descubrir que hay un motivo que antes de ahora no era. El día que descubrió que un algo súbito había cubierto su corazón de escarcha ardiente, él vestía de azul, el color que mejor se asemejaba con su voz y sus manos. Las manos son azules, pensó ella. Se mueven como si siguieran el ritmo de una canción no escrita, una melodía inventada, inexistente, invisible, única. La voz es azul, siguió pensando. Un tono diminuto con ecos del pasado que no quiere dejarse atrás por nada y con una leve, insignificante esperanza, trasunto de un alma dividida. No sé por qué, no sé por qué ni cómo, repetía. 

Había amanecido azul-prusia y las horas siguieron azul-verde, color del mar y de la brisa que azotaba el río, canal arriba, esclusa, azul-cobalto, en ese tránsito de puentes en el que era posible verlo a cada instante. Los instantes pasaron tan deprisa que no fueron minutos sino estrellas. Azul-noche, brillante terciopelo. Se abrió un paisaje nunca antes conocido, escrito en un cuaderno agotado, sin rayas ni cuadros ni dibujos, un cuaderno vacío, escasamente lleno de pequeñas iniciales cansadas. Eres azul, pensó y lo miró desde un espacio sideral y hueco. Una estrella fugaz en la mañana, que al mediodía ya era bola de fuego, incomprensible estatua de sal reconvertida, así, en lo azul, todo el momento exacto. 

Brillas con el azul y mi corazón tiembla, se dijo para sí, sin que nadie la oyera, sin que él siquiera pudiera percatarse de que esa cercanía derrotaba sus pulsos, la vencía para siempre, derretía su feroz resistencia. No quiero que estés cerca, tan azul y tan tierno, pensaba, sin poder evitarlo, sin excusa. Ella a lo lejos, sin sonrisas ni palabras buscadas, solo con una certeza inevitable y blanca. Él, azul, todo entero pensando en otros mundos más allá de esa hora, sobrevolando mares que nunca más azules que con él parecieron. 

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