jueves, 25 de julio de 2019

Tres candidatos y un verso suelto


Dana Andrews es el protagonista de esta película, a medio camino entre el género periodístico y el noir. El argumento es, sencillamente, genial. Un grupo de comunicación pierde a su magnate y a este le sucede su hijo, un tipo bastante impresentable, vago, sin carisma, que decide sacar "a concurso" un nuevo puesto en la empresa: el de director ejecutivo. Se trata de alguien que le haga el trabajo y le saque las castañas del fuego. De esa forma él puede seguir disfrutando de la vida y de su guapa esposa, con quien se casó intercambiando belleza por dinero. 

Walter Kyne (Vincent Price) es el dueño de todo esto. Y los candidatos tienen carisma y capacidad de liarla. Está George Sanders, inconmensurable jefe de la agencia de noticias. Está Thomas Mitchell, en el papel de Griffith, el editor del New York Sentinel, el periódico de la cadena. Está un mandamás de la fotografía que, curiosamente, mantiene un lío bastante interesado con la esposa de Kyne. La esposa, a la que todos toman como una mercancía, está visto, tienen toda la pinta de ser Rhonda Fleming, una mujer enigmática dentro y fuera del celuloide. 

Hay otras dos mujeres en la historia. La novia del periodista sin ambición (luego hablaré de él) y la periodista ambiciosa. Esta segunda es Ida Lupino, en un papel a medida, con abrigo de visón (que nadie sabe quién le ha regalado) y con ganas de tener un despacho con su nombre en letras doradas en la puerta. La delicada novia es una secretaria jovencita y pura, que se llama Nancy y que interpreta hábilmente Sally Forrest, la menos conocida de las tres. 


Por fin, el periodista es Ed Mobley y su intérprete es, por supuesto, Dana Andrews, un actor notabilísimo, que hizo un sinfín de películas interesantes y que es tanto un protagonista impecable como un secundario de postín. En este papel, que le va que ni pintado, Andrews hace las cosas que más le gustaban en la vida real, entre ellas, fumar y beber alcohol. Todos fuman todo el tiempo, todos beben de más. 

El comienzo de la película es extraordinario. Con una banda sonora de las que ponen los pelos de punta se asesina a una chica rubia y joven. El asesino cuyo rostro vemos desde el principio, es lo menos interesante de la película. Sus problemas familiares y su locura interesan mucho menos que el papel que juegan los crímenes del lápiz de labios en la resolución del problema planteado por la muerte del dueño de la Kyne Corporation. Todos quieren dar el golpe definitivo y, para eso, nada mejor que descubrir quién es el asesino. A la par de las investigaciones policiales que encabeza el detective Kauffman, estos tres candidatos al puesto harán todo lo posible y lo imposible para lograr el éxito que los catapulte.

A partir de este arranque argumental, engaños y más engaños. Gente que miente y que manipula. Amigos que no lo son. Luchas de poder. Consecuencias de meter la pata. Periodistas que investigan para su beneficio. Ricos que juegan al golf ridículamente vestidos mientras sus esplendorosas mujeres se colocan un atuendo digno de una tarde en Cannes...El conflicto personal se une al profesional. Y siempre hay una copa de coñac o un whisky para aliviar las tensiones, o para provocarlas.


Mientras Nueva York duerme. Cine negro. Dirigida por Fritz Lang. Protagonizada por Dana Andrews, Ida Lupino, Vincent Price y Rhonda Fleming. 

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