domingo, 25 de marzo de 2018

Nunca contigo

Esas tardes de compras por el centro, en el acicalado tiempo que prepara la dicha, recorriendo las tiendas de la mano, sonriendo quizá y deteniéndose allí, en un escaparate. Él dirá entonces, quieres esto y ella, la mujer de ese momento, contestará que sí, que le gusta, que le encanta esa joya o ese foulard o ese vestido azul. Y reirán en el probador. Y se besarán en la puerta de la tienda. 

Esas noches de viernes con la cena dispuesta en un buen restaurante. Un lugar de banquetas altas, de pequeños trozos de comida en platos grandes. Esas horas que anteceden la madrugada en las que él la mira y ella, la mujer de esa noche, se ríe con suficiencia. Es suyo. Y luego, en la hora de las copas, brindando con gin tónic en copa de balón. Y se besarán a la salida de un local en el que debería haber humo si las cosas fueran como deben. 

Esos domingos al mediodía en los que el almuerzo se convierte en una fiesta. Un almuerzo preparado, presentido, agasajado, lleno de matices. Un almuerzo pleno de palabras y de risas. Incluso puede que él reciba tu mensaje y lo lea en voz alta, a ella, a la mujer de entonces, que reirá también y los dos harán filosofía acerca de ti, sin que lo sepas. Y luego, a la caída de la tarde, se besarán antes de despedirse. 

Esas noches de sábado, prendidas de deseo, con ropas informales, con sonidos de músicas cercanas. Esas noches en las que él la abraza, a ella, a la mujer del abrazo interminable, a la mujer del amor inmediato, a la mujer que esa noche ocupará su cama, sin que haya nadie más en todo el universo. Y luego, en la mañana, el beso de despedida reitera que, quizá, habrá otra noche. 

Ese consuelo a la mujer que quiso, esa atención a la mujer que tuvo, esa complicidad, esas visitas a la hora del café, esas horas de hotel con la mujer hermosa, esos viajes con las chicas llenas de sensaciones, esas horas de mails con palabras subidas, ese teléfono lleno de emoticonos dulces, esos apelativos, tesoro, cielo, cherie, corazón, vida, todo. Y las fiestas, y las celebraciones, y el turismo de velas y las viñas…

Siempre es con otra, amor, nunca contigo. 


(Fotografía de Werner Bischof. 1950. United Kingdom.)

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