martes, 3 de julio de 2018

La novela romántica de Corín Tellado


Aunque no lo sepamos, muchas generaciones de españolas, crecieron leyendo sus libros. Ella se decía "escritora" a secas, pero todos los críticos la tildaban de "escritora de novela romántica". Corín Tellado fue la precursora de todo el novelismo romanticón de ahora. No tengo ni idea de cuántas novelas escribió pero deben ser miles y todavía pueden verse en los libreros de viejo y en las ferias del libro de ocasión. En alguna de estas me he hecho de ejemplares y están por aquí, como testimonio de una literatura que, lejos de perderse, ahora se mueve mucho entre las redes y los autopublicados. 

Si repasas su biografía verás que era un crack, una mujer adelantada a su tiempo. Algunos de los títulos que puso a sus novelas eran espectaculares. "Mejor amante que marido", por ejemplo. Cosa inusual y complicada en aquellos tiempos. En realidad, hablar de "tiempo" es relativamente difícil, porque su trayectoria ha sido larguísima y los formatos de sus novelas han cambiado de una manera sustancial. No así su estilo. He leído algunas de ellas y puedo decir que no se trata de almibaradas historias en las que el chico es un estirado señor que se prenda de una dama, quiá, nada de eso. Su descripción favorita de los hombres era esta "Vestía un pantalón de dril color canela y una camisa a cuadros arremangada hasta el codo". Cuando leía alguna de estas cosas (que andaban por los cajones de la casa de mi abuela) me preguntaba que sería eso de "dril" y, como Umbral, no me he levantado nunca a averiguarlo. Pero no es difícil imaginarse la planta del tipo, varonil, desde luego, con un cigarrillo en la comisura de los labios, las manos grandes y una mirada que te subyugaba nada más verte. 

En cuanto a las chicas, las más tradicionales eran de buena familia y solían enamorarse de un bala perdida, pero también las había madres solteras, por ejemplo, y gente que trabajaba, que ejercía una profesión y que le daba sopas con honda a cualquier liberada de ahora. Usaban pantalones, fumaban, conducían y yo creo que hasta hacían el amor. Eran mujeres que respondían a un retrato pop, con pitillos ajustados, camisas anudadas a la cintura, cintas en el pelo y peinados estrafalarios.

La historia que narraba solía plantearse a partir de un conflicto, algo que impedía la felicidad de los amantes. A veces eran ellos mismos los que, lejos de reconocerse entre un gentío como almas gemelas, se empeñaban en errar y en no darse cuenta de que el destino los uniría tarde o temprano. Había uniones desiguales, tipos mujeriegos, ricos que terminaban domesticados por sus secretarias y toda una suerte de situaciones que no siempre eran edificantes. 

Como nuestra memoria es tan frágil y nadie reconocerá nunca saber nada de Corín, las escritoras de novela romántica de ahora no la tendrán entre sus precedentes. Querrán hallar paralelismos en modelos más sublimes y negarán haberla leído, e incluso, hojeado. Pero, al lado de ella, las Grey y todas esas sucedáneas no son nada más que sombras chinescas. 

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