jueves, 6 de junio de 2013

Por derecho

A finales de los años ochenta del siglo pasado se produjo en toda Andalucía un movimiento a favor de que el flamenco se enseñara en las escuelas. Maestros y profesores que trabajaban en lugares distintos, sin ponerse de acuerdo, de manera espontánea, entendieron que este arte es un patrimonio que no puede ser negado a nuestros alumnos. De esta forma, se iniciaron las actividades y programas para que el flamenco llegara a los niños de los colegios e institutos andaluces. Fue, por lo tanto, un movimiento surgido desde la base y que no emanaba de ninguna instancia oficial. En la Escuela de Magisterio de Sevilla se organizó una peña flamenca compuesta por enseñantes, todos ellos impregnados de la misma inquietud y en muchísimos lugares de la comunidad autónoma se establecieron lazos con peñas y con otras instituciones para trasladar a los alumnos el cante, el baile y el toque. Por su parte, la Consejería de Educación publicó, dentro de un conjunto de talleres dedicados a la cultura andaluza en general, uno específico para flamenco. En 1989 presenté un proyecto a esta Consejería para publicar un libro sobre Didáctica del Flamenco que hiciera posible que pudiera ser enseñado a los alumnos de una forma organizada y sistemática. Sabía que eso era posible porque yo misma lo estaba llevando a cabo con mis alumnos del Parque Alcosa, de los que fui maestra cinco años. El libro, en forma de taller práctico, se publicó en 1990 y después de eso muchas actividades de formación en centros de profesores congregaron a un gran número de maestros y profesores interesados en conocer este arte y en transmitirlo. Quizá haya que hacer aquí una aclaración pertinente: el flamenco escolar no va dirigido a que surjan artistas, sino a que los alumnos de Andalucía hagan uso de su derecho a conocer este arte, al menos, en sus aspectos fundamentales. El flamenco influye, aunque no nos demos cuenta, en una gran cantidad de aspectos culturales y artísticos de Andalucía y su conocimiento nos ayuda a entender claves, además de formar el espíritu artístico de los alumnos a partir de algo que les resulta tan cercano. Aprender flamenco en las escuelas es, pues, un derecho de los alumnos, que, además está reconocido como tal en el Estatuto de Autonomía.
Esta efervescencia, estos intentos, han quedado en nada con el paso del tiempo. Nunca se integró el flamenco como asignatura en el currículum escolar. Siempre hubo tres contras que lo han impedido hasta ahora: la desconfianza de los propios flamencos, que reniegan de todo lo que no sea “nacido” y están en contra del aprendizaje como tal; el escepticismo de algunos profesores que no entienden bien qué pinta el flamenco en la escuela y lo consideran un tema frívolo, ajeno al mundo del conocimiento escolar y, sobre todo, la desidia de la Consejería de Educación que no se ha tomado nunca en serio esta cuestión, considerándola únicamente una bandera que agitar cuando le ha resultado conveniente. Esta es la realidad después de más de veinte años de intentos de incluir el flamenco en los currículum escolares de los niños andaluces. Las personas que han estado participando en estos intentos saben que lo que digo es cierto y ahora es el momento en que ellos también pueden, y deben, alzar su voz.
Pero puede hacerse. Ahora, el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio Inmaterial ha puesto de moda el tema. El Presidente de la Junta ha afirmado que el flamenco va a estudiarse. Espero que no se refiera solamente a los conservatorios de música en los que el flamenco, en sus diversas manifestaciones, debería estar incluido desde hace muchísimos años. Espero que se refiera al flamenco escolar, pues la primaria es la etapa fundamental para este conocimiento en lo que se refiere al ritmo, el compás y los aspectos más ligados a las músicas del entorno del alumno y la secundaria el momento de ofrecer conocimientos sistemáticos sobre la historia, los intérpretes, los estilos, del flamenco. El flamenco debe estar ya en las escuelas e institutos. La preparación del profesorado puede resolverse con cursos de actualización, utilizando las plataformas virtuales si es necesario. La definición del currículum, la secuenciación por niveles, las metodologías y materiales, no requieren años para establecerse, sino que puede hacerse, porque hay mucho trabajo hecho, con cierta rapidez. Las diferencias de opinión, dentro de la comunidad flamenca, acerca de algunos aspectos de este arte, deben encontrar aquí una posibilidad de consenso que hay que aprovechar en lo que vale.
No puede ocurrir que esto sea otra oportunidad perdida, otro brindis al sol, otro intento de distraernos con intenciones electoralistas. Esta vez no.
Se me ocurre que la creación de una materia llamada Flamenco (ése debe ser su nombre y no Flamencología) de oferta obligatoria para el centro y con carácter optativo para el alumnado, puede ser un primer paso muy aceptable. Pero que no se pierda ni un minuto más sin que los niños andaluces puedan ejercer el derecho que tienen a conocer el flamenco.  Todos los niños y no solamente aquellos que han nacido en un hogar o en un barrio en el que el flamenco tiene carácter vivencial. Todos los niños tienen ese derecho. El flamenco escolar es un derecho de los alumnos y nosotros tenemos la obligación de atender ese derecho.

1 comentario:

  1. Pues fíjate lo, Caty, lo que hace el flamenco con el electoralismo que mencionas.

    "El flamenco rebelde irrumpe en el Parlamento andaluz. https://www.youtube.com/watch?v=KxHBWmVRB8A"

    Le enseño el video a una amiga y me dice emocionada: Somos un pueblo grande.
    Fernando.

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