lunes, 28 de enero de 2019

Mi tía, Jane Austen



James Edward Austen-Leigh (1798-1874) era hijo de James Austen, el hermano mayor de Jane, ambos pastores de la iglesia anglicana como lo fue George Austen, el padre de James y Jane. George se había quedado huérfano a los nueve años y procedía de una familia de Kent relacionada con los textiles. Lo acogió su tío, el abogado Francis Austen, de Tunbridge. Llegó a ser rector de dos parroquias colindantes, las de Deane y Steventon, distantes entre sí 2 kms y situadas en Hampshire. George Austen se casó con Cassandra Leigh, hija menor del reverendo Thomas Leigh, de los Leigh de Warwickshire. Una característica familiar de los Leigh era el sentido del humor, algo que heredó Jane Austen

El matrimonio Austen vivió cerca de treinta años en Steventon, adonde se desplazaron después de una corta estancia en Deane. La rectoría de Steventon es la casa familiar de Jane, el lugar de sus recuerdos. Veinticinco años de su vida los pasó allí. La zona estaba llena de pequeños terratenientes y propietarios rurales. Era una sociedad en la que un clérigo rural con buena formación tenía un papel importante. El señor Austen, a juicio de su sobrino “era extraordinariamente guapo, tanto de joven como a una edad avanzada”. Era, también, muy erudito y poseía una buena biblioteca que ponía a disposición de sus hijos e hijas. La señora Austen tenía “gran sentido común con una imaginación muy viva”. Se expresaba muy bien, tanto por escrito como oralmente y esto parece ser una característica común a la familia, algunos de cuyos miembros escribían y usaban la correspondencia epistolar como un medio importante de comunicación entre ellos. 


(Recreación de la rectoría de Steventon)

La casa de Steventon ya no existe. Estaba situada “al final de un pequeño pueblo de casas ajardinadas”. “Steventon es un pequeño pueblo rural sobre las calizas del norte de Hampshire situado en un valle ondulante a unos once kms de Basingstoke” La casa estaba rodeada de setos, que delimitaban cada uno de ellos un camino, el camino del bosque y el camino de la iglesia. Los Austen pertenecían a la pseudo-gentry, clase media rural y tenían un carruaje y dos caballos. 

La afición principal de la Jane jovencita era el baile. También lo es de sus heroínas. Un baile era un acontecimiento social de primer orden, ya fuera en un lugar público (una posada) o privado (el salón de una casa). Era una buena bailarina que ejecutaba con gracia el minué, las danzas escocesas o la popular contradanza. Jane Austen tuvo que dominar tanto la motricidad gruesa como la fina, pues era hábil con la aguja y con los juegos que requerían pericia de manos. Tenía, además y por ello, una preciosa letra, que era algo muy ensalzado en ese tiempo. 

Pero su más importante ocupación, la que más satisfacciones le proporcionaba desde siempre, era inventar historias y escribirlas. Escribía desde siempre, eso es seguro, y se han conservado muchas pruebas de ellos. Asombra leer sus textos a los catorce o quince años. El dominio del lenguaje no es su principal cualidad, también su ironía finísima, su inteligente observación, todo ello sinónimo de ingenuo y de una capacidad intelectual por encima de la media. Además era muy precoz. Por mucho que el rango de edades tuviera entonces un significado distinto al actual, no es usual que se complete una novela de tanta categoría como “Orgullo y prejuicio” con solo veintidós años. 


(Jennifer Ehle fue Elizabeth Bennet en la serie de la BBC "Orgullo y prejuicio")

Reunía dos cualidades que son esenciales para la escritura. Primero, la capacidad para volcar en historias lo que su propia imaginación le iba sugiriendo. Segundo, la revisión constante de sus escritos, con la conciencia exacta de que debía perfeccionarlos. Eso es respetarse a sí mismo y tener adquirido un sentido de la responsabilidad en cuanto a aquello que otros iban a leer. Además de lo anterior, queda claro que disfrutaba del acto de escribir, incluso cuando lo hacía a hurtadillas, en pequeñas hojas de papel y robando tiempo a los quehaceres normales de una chica de su clase. 

La referencia más antigua sobre ella procede de Sir Egerton Brydges, que, en su autobiografía, dice que era “atractiva, delgada y elegante”. Esto mismo debían pensar de ella los jóvenes con los que trataba. Aunque James Edward no relata todos los incidentes “amorosos” que vivió Jane y solo se refiere a dos de ellos, está claro que su presencia era muy agradable y su encanto sobrepasaba al de la mayoría. Ese encanto lo recordaba cuando ya era muy anciano uno de los jóvenes que se relacionaron con ella, Thomas Lefroy, que llegó a ser Presidente del Tribunal Supremo de Irlanda. Como ocurre con sus heroínas, también a Jane le pasó factura el no tener fortuna propia y depender de hacer un buen matrimonio. Las descripciones de su sobrino la califican, además, como de apariencia saludable, muy animada, morena de tez blanca y sonrosada, con mejillas redondas, nariz y boca pequeñas y ojos expresivos de color avellana. Tenía el pelo oscuro y caía formando rizos naturales alrededor de su cara. Vestía sencillamente y, en sus últimos años, siempre llevaba cofia. Además de la escritura practicaba otros dones, como la música, pues tocaba el pianoforte y cantaba; leía francés con facilidad y sabía algo de italiano. Leía libros de Historia y era una ardiente defensora de Carlos I y de María Estuardo. 

En 1801 la familia se trasladó a vivir a Bath, a instancias del padre, que tuvo esta idea de pronto y que no la consultó con nadie. A Jane no le gustó en absoluto el traslado. No solo porque se despidió para siempre de su casa de toda la vida sino porque Bath no le gustaba. Ya entonces era un centro turístico, de vida frívola y relacionas sociales superficiales. La vida rural era su medio y la ciudad no la convencía. “La novela inacabada, publicada con el título de “Los Watson” debió ser escrita mientras la autora residía en Bath”. Aunque esto fuera así está claro la poca fecundidad literaria que tuvieron esos cinco años y medio que vivió en Bath, antes de trasladarse a Southampton tras la muerte de su padre. Aquí estuvo dos años y medio y entonces sucedió una de esas circunstancias excepcionales que influyen poderosamente en la vida: su hermano Edward, que tomaría en 1812 el apellido Knigth al convertirse en heredero de una fortuna importante, les ofreció cederles una casita. Podían quedarse junto a su residencia habitual en Godmersham Park en Kent o en Chawton Cottage, en Hampshire. 


(Dibujo que representa Chawton Cottage, la última casa de Jane Austen)

De este modo, en la primavera de 1809, su madre, su hermana Cassandra y su amiga Martha Lloyd se unieron a Jane para vivir en esa casita de Chawton, que se convertiría en su último hogar y en el sitio que hoy representa mejor que ningún otro su memoria. El pueblo de Chawton está a un kilómetro y medio de Alton, y la casita se encontraba en un cruce de carreteras, las que conducían a Winchester y a a Gosport. La casa pervivió en el estado de entonces hasta que murió Cassandra Austen en 1945. 

Aquí revisó sus novelas, las reescribió definitivamente y creó otras nuevas. Chawton fue el lugar en el que las palabras volvieron a ella y su actividad literaria fue mucho más intensa. Por desgracia, la enfermedad la cercó siendo todavía joven e impidió mayores frutos que hoy podríamos disfrutar. 


Recuerdos de Jane Austen
Autor: James Edward Austen-Leigh

Editorial: Alba Clásica 

Fecha de publicación: febrero de 2012

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