sábado, 19 de enero de 2019

Carson McCullers


De vez en cuando observo que se me ha escapado alguien o algo. Un escritor, una escritora, un libro, un artículo de prensa. En ocasiones esa sensación se incrementa porque es mucho lo que has dejado pasar o en lo que no has reparado lo suficiente. Como me ocurre con Carson McCullers a quien confieso no haber leído y de la que confieso no he tenido mayor preocupación hasta que la suma de noticias, el visionado de películas o el boca a boca me ha conducido directamente a ese proceso de indagación que empieza por ver de quién hablamos y después a leer. 

Ella está en la foto fumando un cigarrillo mientras bebe, supongo, un café o un té. A su lado hay un cenicero con varias colillas. Os invito a buscar imágenes suyas y a comprobar que el tabaco era su perpetua compañía. Mucha gente fuma, eso no debería constituir mayor cuestión, pero en el caso de ella sí me llama la atención porque estaba enferma de los pulmones desde muy joven, casi una niña. La enfermedad la acompañó toda su vida y era una enfermedad para la que el tabaco era el elemento más dañino. ¿Por qué, entonces, ella se empeña en fumar una y otra vez, uniendo un cigarrillo con el otro, como una especie de hilo que enlaza todas sus fotografías?

Aún no he leído ninguno de sus libros pero en los datos biográficos que he podido ver hay una especie de continua obstinación y una actitud rebelde ante lo que la vida le imponía. Cambia de lugar de residencia, cambia de ocupación y cambia de pareja. Cambia de ambiente, cambia de actividad y todo ello arrastrando a veces una muleta, una silla de ruedas y, siempre, un paquete de cigarrillos no sé de qué marca. Obstinación a la hora de llevar adelante su vida sin atender a las cortapisas que su situación anímica y física le imponían. En esas idas y venidas hay una doble boda con el mismo hombre, seguida del divorcio primero y del abandono después. Algo parecido a lo que hizo Elizabeth Taylor con Richard Burton. Ella es la protagonista de la versión cinematográfica de una novela corta de Carson que se adaptó al cine: Reflejos en un ojo dorado. Los ojos de la Taylor eran violetas. Los únicos ojos violeta del mundo, además de los de la princesa Margarita de Inglaterra. 


Reflejos en un ojo dorado se estrenó en 1967 y es considerada por muchos como la mejor película de John Huston. El protagonista, un militar como lo era el marido de Carson, Reeves McCullers, lo interpreta Marlon Brando y hay un tercero en discordia, Brian Keith, y hasta un cuarto, Robert Forster, formando un cuarteto seductor y complejo. Aquí, entre nosotros, me resulta harto incomprensible que haya nadie que prefiera a Brian Keith antes que a Brando, pero los caminos del corazón son inescrutables y las personalidades narcisistas terminan siendo tan cargantes que no viene mal un poco de normalidad mediocre. 

Las novelas cortas y los cuentos fueron el territorio en el que mejor se desenvolvió literariamente Carson McCullers. Curiosamente su primera novela, El corazón es un cazador solitario, es la más larga de todas y en ella recrea algunos personajes y argumentos de su propia vida. Además de su matrimonio con McCullers, que acabó suicidándose, hay otras parejas sentimentales que aparecen en su biografía, muy ligada al ambiente literario: Annemarie Schwarzenbach y Katherine Anne Porter. Otras obras suyas que son altamente consideradas por la crítica y los lectores son El jockey, La balada del café triste, Frankie y la boda y sus colecciones de cuentos. 


Carson McCullers, que había nacido en Georgia de familia confederada, en 1917, murió en ese mismo año de 1967, después de llevar una vida plagada de enfermedades que, en sus últimos años, apenas la dejaba moverse. Esa imagen suya escribiendo, rodeada de la taza de café y del cenicero con las colillas, además del paquete de tabaco; concentrada, absorta, íntimamente atada al cuaderno y al lápiz, inclinada sobre la historia o el argumento, es una prueba de que su dedicación literaria fue tan potente como para sobrellevar o, incluso, sobrevolar, toda una vida llena de complicaciones, de situaciones cambiantes y de problemas. ¿Qué pensaré de sus libros una vez me sumerja en ellos? Eso es algo que no puedo adelantar pero, de entrada, siento una especie de admiración innata hacia las personas que se sobreponen a la realidad más terrible y son capaces de crear una obra de arte. Pintura, fotografía, escultura, libros, da igual. El caso es comunicar, de la mejor forma posible, lo que guarda el interior de cada cual y transformarlo en puro talento. 

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